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El fracaso de los $5.000 millones: la historia del Dorito Volador y la mayor cancelación en la historia del Pentágono

Dentro de la historia militar de Estados Unidos, existió un ambicioso proyecto que prometió revolucionar el combate aéreo naval: el A-12 Avenger II, también conocido como el Dorito Volador por su innovador diseño furtivo en forma de triángulo.

Nacido en 1988 de la mano de McDonnell Douglas y General Dynamics, se presentó a la administración de Ronald Reagan como una aeronave que transformaría la aviación naval. Sin embargo, el tiempo pasó y terminó convirtiéndose en un error que le costó al Pentágono 5.000 millones de dólares.

¿Por qué se canceló el proyecto del Dorito Volador?

El programa sufrió serias complicaciones técnicas desde sus inicios. El plan exigía el uso de materiales compuestos para evadir los radares, pero esto generó un grave problema de diseño: la aeronave resultó ser demasiado pesada para operar de forma segura desde los portaaviones de la Armada, de acuerdo a National Security Journal.

A pesar de estas fallas y del evidente retraso en el calendario, las autoridades navales ocultaron la situación real al Congreso. Los altos mandos sabían que el avión superaba el peso límite y los costos previstos, pero decidieron guardar silencio para no perder el financiamiento del programa.

Foto: Wikimedia Commons

La crisis finalmente estalló en enero de 1991. El entonces secretario de Defensa, Dick Cheney, tomó la drástica decisión de cancelar el proyecto de forma definitiva, señalando que nadie en el Pentágono podía explicar el costo real del avión ni cuándo estaría listo, y denunciando que los datos presentados por los contratistas resultaron ser inválidos e inexactos.

Además de los problemas técnicos, la rivalidad interna entre fuerzas complicó todo el desarrollo. La Fuerza Aérea, que ya dominaba la tecnología furtiva con el B-2 y el F-117, se negó a compartir sus avances clasificados con la Armada, lo que estancó por completo la construcción del cazabombardero triangular.

Maqueta del A-12 Avenger II en el Museo de Aviación de Fort Worth
Foto: Wikimedia Commons

¿Qué pasó después de la cancelación del proyecto?

La decisión de Cheney desató la mayor cancelación de un contrato en la historia del Pentágono y dio inicio a un juicio que se extendió por 30 años, en el que el gobierno estadounidense exigió a McDonnell Douglas y a General Dynamics la devolución de los miles de millones de dólares invertidos en el fallido programa.

Diseño triangular del A-12 Avenger II, el Dorito Volador
Foto: Wikimedia Commons

El litigio llegó hasta la Corte Suprema y culminó recién en 2014, cuando Boeing —empresa que absorbió a McDonnell Douglas— y General Dynamics acordaron pagar 200 millones de dólares cada una por incumplimiento de contrato.

Pese al enorme despilfarro económico, el programa dejó un valioso legado técnico. Los conocimientos adquiridos sobre materiales compuestos y motores sirvieron de base para desarrollar cazas modernos y exitosos como el F-22, el F-35 y el Super Hornet.

Hoy, lo único que queda del Dorito es una maqueta a tamaño real sin tren de aterrizaje, expuesta al público en el Museo de Aviación de Fort Worth, en Texas, como el último recordatorio de uno de los mayores fracasos de la Guerra Fría.

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