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Unidos por el amor y la tierra: Pareja se muda a la Patagonia y aprende a cultivar en sus propios invernaderos

Los horticultores Wilber Quispe y Lurdes Mamani son bolivianos y se mudaron a la Patagonia argentina hace unos años.

En esa zona se radicaron porque estaban convencidos de que con el amor que sienten el uno por el otro y el respeto a la tierra que les da sustento, podían salir adelante. La tierra no les falló y hoy tienen sus propios invernaderos.

La pareja vive en el noroeste de Río Negro, en la Patagonia argentina, “en el corazón rural de Cinco Saltos”.

El año pasado, con la preparación recibida, apostaron a su emprendimiento y en un amplio terreno del Alto Valle construyeron ocho invernaderos.

Lo que soñaron, lo conquistaron en tres meses, informa Río Negro.

Lograron sus invernaderos

“Nosotros, la verdad, no sabíamos nada de cómo se arma (el invernadero). Con ayuda de demás compañeros y colegas de la zona lo logramos”, manifiesta un agradecido Wilber, quien salió de Bolivia en 2008 y cuatro años después se estableció en Río Negro.

Como en todo, fue un proceso de aprendizaje y error. A Wilber y Lourdes, quien viajó a Río Negro hace siete años, los impulsaba la curiosidad.

“Miramos modelos, nos fijamos cómo hacían otros y lo hicimos”, celebran los horticultores.

La producción en un invernadero es distinta a la del campo: “El producto sale diferente”, comentan a la prensa local.

Ya entienden que pueden “rotar cultivos para que la tierra nunca deje de dar frutos”.

De sus invernaderos obtienen varios tipos de tomate, morrón (pimentón), pepino, chauchas (porotos verdes), espinaca, rúcula y lechuga, entre otros cultivos.

La pareja lleva sus productos cada semana al Mercado de Productores de la Patagonia y en el Polideportivo 1, donde abre la Feria de Productores en Cinco Saltos.

Nuestro sueño es producir más

La aspiración de estos bolivianos es seguir creciendo, aunque saben que tienen una limitante y la expone Wilber: “Como no tenemos tierras propias, uno a veces no se quiere arriesgar mucho, porque estas estructuras después hay que desarmarlas para irse”.

Sin embargo, no se desaniman. “Nuestro sueño es producir más, esto es lo que amamos”, dicen al medio argentino.

Los emociona ver que sus hijas, de 4 y 6 años, sienten amor por la tierra. La madre afirma: “Les gusta un montón, vienen por ahí con el agua y cultivan”.

Esperan seguir trabajando y creciendo: “De esto vivimos y lo hacemos en familia”.

Wilber y Lurdes saben que, si se cultiva con amor, siempre habrá frutos.

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