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Odontóloga dejó su profesión para salvar exitosa viña tras enviudar: Tiene su consulta en venta

¿Qué pasó?

La vida de Valentina Grez, odontóloga de 67 años titulada de la Universidad de Chile, cambió por completo tras el fallecimiento de su esposo, el enólogo francés Yves Pouzet. La muerte de su pareja —diagnosticado con cáncer— la llevó a abandonar definitivamente su profesión para dedicarse de lleno al viñedo que ambos construyeron juntos.

En conversación con LUN, Valentina reconoció que, antes de conocer a Yves, tenía el deseo de abrir una consulta en Santiago. Sin embargo, tras enamorarse, decidió dejar la capital y mudarse al campo, específicamente a Santa Cruz, en la región de O’Higgins, donde juntos dieron vida a la Viña Tipaume.

“Estaba empezando a ejercer en Santiago, con planes de consulta, pero me enamoré y me fui a vivir al campo sin pensarlo mucho”, recuerda.

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Se dedicó al 100% a su viña

Ambos eligieron un terreno en el Valle del Cachapoal, donde comenzaron con solo cuatro hectáreas y que luego se expandió a un total de 17. “Me metí de lleno: aprendí sobre el cultivo orgánico, la biodinamia, hicimos compost, plantamos, cosechamos, construimos una bodega subterránea. Fue un proceso muy nuestro”, relató.

La enfermedad de Yves, sin embargo, fue avanzando hasta que finalmente falleció. En ese momento, Valentina comprendió que debía hacerse cargo de la viña: “Este año, cuando falleció mi marido, entendí que debía estar al 100% y perdí la motivación. Mi cabeza estaba acá. Hoy tengo a la venta la consulta”, confesó.

La odontóloga explicó que aún hay pacientes que lamentan no poder atenderse con ella: “Me llaman y me dicen ‘pucha, ¿no me puedes atender?’. He atendido muy puntualmente a uno o dos pacientes, que son casi familia”, señaló.

Tipaume_Grez Instagram

Se capacitó y comenzó a liderar

Tras la pérdida, Valentina decidió capacitarse, postular a fondos Corfo y finalmente ganó cuatro proyectos vinculados a la Viña Tipaume. Además, participó en un programa intensivo de asesorías donde aprendió a trabajar el relato patrimonial del vino.

“Fue un descubrimiento entender que lo que hacíamos no era solo vino, sino patrimonio”, afirmó. El éxito ha sido tal que hoy cuentan con tours guiados para turistas y varias habitaciones disponibles en Airbnb.

No obstante, también vivió momentos de duda y pensó en vender el proyecto: “Sí, por el tema de vivir sola. Segundo, por tener que manejar no solamente la viña, sino también todo el tema agrícola: tratar con los empleados, ver si falla una máquina, un tractor, entender cosas en las que no te metes en el día a día”, explicó.

A esto se suma el machismo del entorno rural: “Acá en el campo hay todavía un concepto muy machista; sobre todo porque esta es un área muy rústica. No hay mujeres que manejen un campo en esta zona y menos con poca experiencia”, aseguró.

A pesar de las dificultades, Valentina logró consolidar un equipo que la apoya diariamente y que ha sido clave para sostener el viñedo.

He encontrado un pequeño equipo de colaboradores a los que ya les tengo confianza, porque acá no se necesita mucha gente tampoco, pero hay que estar presente y tomar decisiones”, concluyó.