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EXCLUSIVO | "Sentí que me querían matar y que no iba a salir viva": La declaración de ministra Lincolao ante Fiscalía

Mega Investiga accedió en exclusiva a la declaración policial como víctima que entregó la ministra de Ciencias, Ximena Lincolao, el 16 de abril pasado ante la Brigada de Investigaciones Policiales Especiales Antisecuestros Metropolitana, en la Fiscalía Nacional en Santiago.

El documento, firmado por la propia ministra, describe en detalle lo que vivió el 8 de abril en Valdivia: dos horas retenida en el Aula Magna de la Universidad Austral, barricadas, insultos racistas y un golpe en la cabeza con un objeto metálico al intentar salir.

Para partir, dice la secretaria de Estado, ella decidió acudir hasta la casa de estudios luego de que el rector de la Universidad Austral, Egon Montecinos, la contactara por WhatsApp el 3 de marzo invitándola a participar en la inauguración del año académico, lo que se formalizó el 13 de marzo mediante correo electrónico del Jefe de Gabinete de la Rectoría, Germán Ovando. La noche del 7 de abril, durante una visita al hogar Huachocopihue de estudiantes vulnerables de la universidad, el rector ya le había advertido algo que, según declaró, minimizó: “El rector me manifestó durante la visita que sabía de la posibilidad de una manifestación de estudiantes el próximo día, sin darle mucha importancia y que no me preocupara”.

El 8 de abril la primera actividad fue un desayuno de trabajo con investigadores y académicos que finalizó cerca de las 11:15 horas. Al terminar, el grupo se formó en el hall de acceso al Aula Magna. Fue en ese momento cuando la ministra percibió la primera señal: “De repente escucho un ruido muy fuerte, observando una gran cantidad de estudiantes que ingresaron al hall de acceso y se posicionaron atrás de nosotros con pancartas y lienzos”. Entraron al auditorio de forma solemne mientras los manifestantes gritaban desde el exterior.

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La ministra -según dijo- se ubicó en primera fila junto a Montecinos, la Delegada Presidencial, la Alcaldesa, el Gobernador y otras autoridades. Lincolao declaró que durante toda la ceremonia se escucharon las consignas de los manifestantes, “quienes en ningún momento pidieron reunirse conmigo”. Su clase magistral duró unos 30 minutos.

Al bajar del podio, alrededor de las 12:20 horas, advirtió que se percató “que se abre la puerta lateral, acercándose un hombre a ese sector, intentando ingresar personas por ese lugar, saliendo un grupo a contener la situación, cerrando la puerta sin poder hacer ingreso”.

Con la irrupción, la ceremonia terminó abruptamente y las personas comenzaron a salir. La Delegada Presidencial logró irse antes, pero la ministra dijo que ella y otros presentes “no pudimos salir del auditorio, porque en el hall había estudiantes esperándome de forma violenta”. Quedaron adentro alrededor de 12 personas: el rector Montecinos, el prefecto inspector Cea de la PDI, el capitán de corveta Aedo, el seremi de su cartera, un periodista de la seremia llamado Claudio, otros funcionarios y los guardias de seguridad.

“En esta etapa es cuando logré escuchar a las personas gritando e insultando, diciendo como ‘sal weo… cobarde, no nos vamos ni cagan…, Kast escucha ¡ándate a la chu…!. Además de los gritos, se escuchaba mucho ruido de golpes, empujones en las puertas, empujones a la pared, se escuchaba un material metálico, se escuchaba consignas con mucha rabia y odiosidad, ‘sale weo…, csm, india desclasada, vendida”.

Por razones de seguridad les recomendaron ir detrás del escenario. Ahí, relata, intentaron salir por la puerta trasera, pero fue imposible. “Estudiantes la barricaron por fuera” y las ventanas tampoco ofrecían salida. "Alumnos la observaban para ver todo lo que hacíamos, siendo violentos y bloqueando todos los accesos”.

"Pensé que nos prenderían fuego"

La ministra detalló ante los fiscales que esa situación se prolongó aproximadamente dos horas. “En todo este tiempo, estaba muy nerviosa, muy un momento muy hostil, pensé incluso que nos podían prender fuego adentro del edificio”. Uno de los momentos más críticos ocurrió cuando algunos estudiantes que la vieron corrieron hacia ella. "El señor Cea me ocultó y protegió detrás de unas cortinas, y donde nosotros tuvimos que empujar la puerta para mantenerla cerrada mientras la forcejeaban del otro lado intentando abrirla, todo esto detrás del escenario para que no pudieran dañarme”.

Fue entonces cuando el rector Montecinos le propuso conversar con tres dirigentes estudiantiles para negociar una salida pacífica y ella, dijo, accedió. Ingresaron tres mujeres: una que estudiaba Filosofía, otra Derecho y una tercera cuya carrera no recordó.

“La que estudiaba filosofía desde su teléfono leyó una serie de demandas al gobierno que tenían que ver con economía, transporte, educación y variados temas, diciendo explícitamente que no estaban aquí por mí, si no por el gobierno de Kast”, recordó.

Tras escucharlas, la ministra dijo que les preguntó directamente “si era aceptable tener a una persona secuestrada, y ninguna respondió”. Junto con esto, les preguntó por qué tanta violencia. Una estudiante le respondió que era por el tema de las becas de magíster en el extranjero. En ese minuto, Lincolao dijo que les ofreció ayuda y les dijo que “si ustedes conocen a alguien que esté afectada por esta situación yo las ayudo, mantengámonos en contacto y que en el futuro las cosas se dialoguen”.

La interacción duró alrededor de 25 minutos y terminó de manera cordial. “Nos despedimos cordialmente, ellas me agradecieron por haberlas escuchado, y el rector les solicitó que cumplieran su palabra de dejarme salir pacíficamente”. Ahí, recordó, los tres alumnas salieron del lugar, el prefecto Cea organizó el grupo y el oficial “me tomó de la mano muy fuerte, me sostuvo la cartera, dándome instrucciones que no lo soltara”.

"Vi sus caras de odio"

La idea -según detalló- era salir rápido hacia el automóvil que estaría cerca, en formación, porque había menos personas por ese sector. Sin embargo, al comenzar a salir, escucharon “¡ahí va la csm!” y, acto seguido, la turba se dirigió hacia ellos. En medio de eso, dijo Lincolao, gente les gritaba: “ahí está avanzando, la weo… cobarde”.

Fue ahí donde para la secretaria de Estado vino lo peor. “Sentí que me tiraban cosas, y un golpe en mi cabeza con algo metálico, saliendo hacia afuera, viendo las caras de odio de las personas, gritándome insultos, me puse muy nerviosa y en shock. Me gritaban vieja cu…, corran, péguenle, incitando a los demás a agredirme”.

Lincolao dijo que le tiraron agua desde varios lugares y también “una especie de líquido viscoso, como un pegamento”.
Declaró que sintió estudiantes detrás tratando de agredirla e identificó a una persona concreta.

“Había una niña de pelo negro largo con vestimenta negra se tiró encima de mí y a dos hombres detrás de ella en la misma actitud agresiva a pegarme, me moví hacia la derecha y e intenté esquivarla, pero ella me alcanzó a impactar y me trató de empujar”.

Cea y Aedo la cubrieron y la llevaron al auto corriendo y al llegar al vehículo, “por el costado izquierdo abrieron la puerta y esparcieron un spray tratando de ingresar y agredirme”. En ese minuto, sostuvo que “yo sentí que me querían matar, no había control humano, la cara de odio era descontrolada, y yo sentí que no iba a salir de esa situación viva”.

“Me sentía rehén, secuestrada”

Al llegar al cuartel de la PDI de Valdivia, Lincolao dijo que “estaba bloqueada y shockeada, fueron dos horas difíciles intentando salir, me sentí un rehén, totalmente secuestrada en esa situación, yo nunca sentí que fuese una manifestación pacífica, sentí que era un caos, una anarquía absoluta”.

Una vez en el cuartel policial, dos profesionales de la PDI la revisaron y le tomaron la presión, la llevaron a una habitación, se cambió de ropa y se lavó el pelo. Luego voló a Santiago y fue directamente a La Moneda donde estuvo con el Presidente Kast.

El 9 de abril fue al hospital de la Universidad Católica donde le realizaron exámenes de imágenes en la cabeza y la mano derecha y le recomendaron ver a un traumatólogo por un posible esguince. El Servicio Médico Legal constató una lesión en el pie izquierdo y un esguince en la mano derecha.

Lincolao cerró su declaración ante los fiscales con estas palabras: “Quiero agregar que estos hechos me han afectado mucho emocionalmente, han afectado mi dignidad personal, familiar y profesional”.

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