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Columna de Mauricio Morales: "¿Por qué regresa Pablo Longueira?"

Por Mauricio Morales, doctor en Ciencia Política, profesor titular, Universidad de Talca-Campus Santiago.

Para la amplia mayoría de los gremialistas, Pablo Longueira es, sin duda, la segunda figura histórica más relevante después de Jaime Guzmán. La diferencia entre ambos es evidente. Guzmán diseñó las bases ideológicas y programáticas de la UDI. Longueira construyó el partido desde los territorios, cumpliendo una tarea que hasta entonces parecía imposible para la derecha: disputar el voto de los sectores populares con los partidos de izquierda cuyo predominio en esas zonas había sido muy contundente en la democracia pre-1973.

Longueira entendió que ese objetivo requería tiempo, despliegue y presencia sostenida. Por eso dirigió el departamento poblacional de la UDI en plena dictadura. No se formó al alero de Guzmán en la Universidad Católica, pero fue probablemente quien mejor interpretó la misión política del gremialismo en un contexto adverso, marcado por la irrupción del Movimiento de Unión Nacional de Andrés Allamand y del Frente Nacional del Trabajo de Sergio Onofre Jarpa. Aunque en 1987 lograron confluir, ese acuerdo duró la nada misma. Guzmán no tenía una buena imagen de los partidos políticos y tampoco de Jarpa, por lo que el experimento fracasó de manera muy temprana. La UDI inició entonces un camino propio con plena conciencia de que el plebiscito de 1988 estaba perdido y de que la posibilidad de ganar una presidencial en el corto plazo era prácticamente inexistente.

Pero Longueira no se replegó. A pesar de los malos augurios electorales, asumió el rol de co-estratega junto a Guzmán y apostó por construir el partido desde abajo. En las elecciones de 1989 compitió por el distrito 30 de San Bernardo y obtuvo uno de los dos cupos en disputa. La UDI eligió 14 diputados, incluyendo independientes, una base mínima, pero suficiente para sobrevivir en los primeros años de la democracia. De ese grupo, diez habían sido alcaldes designados por la dictadura del general Pinochet, lo que reflejaba una estrategia de acumulación territorial cuidadosamente diseñada y ejecutada.

Longueira fue reelegido en 1993 y 1997 en el mismo distrito y en 2001 tomó la decisión de trasladarse al distrito 17 de Conchalí, Huechuraba y Renca para evitar el doblaje de la Concertación. Ganó con amplia mayoría y consolidó la posición hegemónica de la UDI en la derecha. Al mismo tiempo, dejó un heredero en su antiguo bastión electoral de San Bernardo: José Antonio Kast. Con esto, aseguró el despliegue territorial del gremialismo, lo que sería clave para su triunfo en la elección senatorial de 2005 en la Región Metropolitana.

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Estos antecedentes sirven para comprender que el retorno de Longueira no será el de un simple espectador. Longueira viene a remecer la UDI. Se encuentra con un partido de rodillas frente a los Republicanos, humillado por sucesivas derrotas presidenciales, sin mística y con ganas de tirar la toalla. En las elecciones de 2025, la UDI perdió cinco diputados, pasando de 23 a 18, aunque su compañero de vida, RN, tuvo un resultado más dramático, pues de los 25 diputados que consiguió en 2021, se quedó con 13.

Longueira tiene muy claro que la UDI necesita un cambio en la conducción, y ya ha dado señales claras de que competirá por la presidencia del partido. Va a ganar la interna y ahí veremos cuántos pares son tres moscas. Tiene una tarea enorme y difícil. Primero, sacudir pronto al partido de la reciente derrota electoral. Segundo, evitar el derrame de militantes hacia Republicanos. Tercero, reinstalar la mística partidaria, especialmente en los sectores populares. Cuarto, promover el retorno de gremialistas que se fueron de la UDI por considerar que el proyecto político ya no tenía sentido. Quinto, y esto lo dijo casi textualmente, avanzar hacia el votante de centro que hoy se encuentra sin oferta político-electoral. Sexto, notificar al gobierno que la UDI desiste de ser un simple vagón de cola y que deberá ser tratada a su altura.

Todo esto implica pisar y quebrar huevos, y Longueira lo sabe. Entiende que esos son los costos inevitables si el objetivo es salvar al partido. Tiene claro que si la UDI se desplaza aún más hacia la derecha, el camino al infierno ya está trazado, pero también sabe que avanzar hacia el centro y renunciar a sus principios fundacionales puede terminar por vaciarla de sentido y decretar su muerte.

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