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Columna de Mauricio Morales: "El ghosting económico del gobierno"

Revisa en detalle la columna dominical del doctor en Ciencia Política y profesor titular de la Universidad de Talca, Mauricio Morales, la que se titula: 'Interpelar al canciller'.

El ghosting es una expresión frecuentemente utilizada para referirse a relaciones amorosas en las que se ha generado un vínculo y, sobre todo, expectativas respecto de la otra persona. Sin embargo, una de las partes desaparece repentinamente, deja de contestar el teléfono, ignora los mensajes y bloquea a la otra persona en todas sus redes sociales. Se esfuma, desaparece y corta abruptamente el vínculo.

La otra persona queda en ascuas, sin saber qué pasó, sin recibir siquiera una explicación mínima y aún aferrada a la expectativa de que, en algún momento, las cosas volverán a ser como antes, aunque esa respuesta jamás llegue.

El daño del ghosting proviene precisamente de esa ausencia de cierre, que deja a una de las partes buscando respuestas que la otra decidió no dar. Con el tiempo, este término se ha extendido a otros ámbitos de la vida, incluidas las relaciones laborales y amistosas. En esta columna sostengo la idea de que el gobierno le está haciendo un ghosting económico a la gente.

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Desde el Presidente Kast hacia abajo se instaló la tesis de que había cambiado la mano y que podíamos ilusionarnos con un futuro esplendor. La realidad económica, sin embargo, comenzó a alejarse rápidamente de esas expectativas. El gobierno prometió crecimiento, empleo y una mejor calidad de vida, pero los resultados se han alejado de los sueños que él mismo contribuyó a construir.

El Banco Central redujo su proyección de crecimiento para 2026 desde un rango de 1%–1,75% a apenas 0,25%–0,75% y advirtió sobre la desaceleración de la demanda interna y el deterioro del mercado laboral. El desempleo llegó al 9,5% en el trimestre mayo-julio, con un aumento de 0,8 puntos porcentuales en doce meses, mientras que los ocupados disminuyeron 0,2%. A eso se suma una inflación que acumuló 3,6% entre enero y agosto, con un 0,6% en agosto y una variación de 4,1% en doce meses.

Ahí comienza el ghosting económico. Primero se construye una expectativa. Después, la realidad deja de parecerse a lo prometido. Finalmente, quienes confiaron comienzan a pedir explicaciones y sienten que las respuestas ya no llegan o que, cuando llegan, hablan de una economía distinta de la que experimentan a diario. El ghosting económico consiste, entonces, en una combinación de malos resultados y expectativas derrumbadas, sumada a la sensación de que quien hizo esa promesa dejó de responder por ella.

Las encuestas permiten dimensionar la brecha entre lo que se prometió y lo que la gente siente que está viviendo. La CADEM la refleja con especial fuerza en dos dimensiones que afectan directamente la vida cotidiana, el empleo y la capacidad de consumo. El 87% califica la situación del empleo como mala o muy mala, y apenas el 9% la considera buena o muy buena. Algo parecido ocurre con el consumo, pues el 75% evalúa como mala o muy mala la situación económica de los consumidores para comprar bienes y servicios, mientras que apenas el 19% la considera buena o muy buena. Por otro lado, el 83% considera que la economía está estancada o retrocediendo y el 58% se declara pesimista o muy pesimista respecto del futuro del país.

Este deterioro económico coincide, además, con tropiezos políticos en un área que el gobierno había definido como una de sus fortalezas, la seguridad pública. La propuesta original de reforma constitucional incluía la creación de un quinto estado de excepción, fórmula que terminó siendo descartada por los propios senadores oficialistas encargados de reformular el proyecto. A esto se sumó la controversia por el reglamento de la Ley de Seguridad Municipal, que el Ejecutivo ingresó a Contraloría y luego retiró tras recibir críticas transversales de los alcaldes.

El episodio resulta especialmente llamativo porque, de los diez liderazgos mejor evaluados en la encuesta CADEM, ocho son alcaldes. En este contexto, se agudizan los efectos nefastos del ghosting económico. Un gobierno puede pedir tiempo y defender las reformas que impulsa, pero la ciudadanía termina evaluando lo que ocurre en su vida cotidiana.

El empleo, el crecimiento, el costo de la vida y la capacidad de llegar a fin de mes pesan más que cualquier relato. El problema surge cuando las expectativas se convierten primero en frustración y luego en rabia. Quien ha sufrido ghosting sabe que el daño surge tanto por la desaparición como por la ausencia de respuestas, y que esa mezcla de dolor y enojo puede terminar alimentando deseos de venganza. En política puede ocurrir algo parecido. Una ciudadanía que siente que confió, esperó y fue dejada en visto puede buscar después la manera de cobrar la cuenta. Cuidado con eso.

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