Columna de Mauricio Morales: "La sacamos de la raya"
- Por Meganoticias
Por Mauricio Morales, doctor en Ciencia Política, profesor titular, Universidad de Talca-Campus Santiago.
Sin duda alguna, el plebiscito de 2022 fue la jornada electoral más tensa y dramática desde la derrota de la dictadura el 5 de octubre de 1988. Si bien las encuestas anticipaban un amplio triunfo del Rechazo, el cierre de campaña del Apruebo había sido arrollador, concentrando un impresionante número de asistentes, aunque muchos habían acudido atraídos por los distintos grupos musicales que se presentarían esa noche.
Pero como la incertidumbre es inherente a cualquier elección, nadie podía descartar un triunfo del gobierno que, según algunos líderes de la época, estaba convencido de que ese plebiscito se ganaba sí o sí. Mal que mal, la nueva Constitución contenía amplios derechos sociales que, según ese cálculo, conquistarían tarde o temprano a los votantes que aún miraban con cierta desconfianza el desempeño de la Convención Constitucional.
Así nos despertamos ese 4 de septiembre y así me fui muy temprano a MEGA para participar en la cobertura. En lo personal, siempre destaco el clima laboral de la radio Infinita y del canal. Hay energía, bromas, conversaciones en los pasillos y esa mezcla de entusiasmo y adrenalina propia de una elección. Pero ese día el ambiente era distinto. Se respiraba preocupación por lo que podía venir y los rostros habitualmente sonrientes de la gente de Megamedia estaban más adustos, serios y contenidos, como si todos esperaran una noticia difícil de procesar.
Ir a la siguiente notaPor cierto, todos preguntaban quién ganaba y mi única respuesta fue que las encuestas difícilmente podían estar tan mal hechas como para equivocarse de manera tan gruesa. Ninguna de las de mayor circulación a nivel nacional daba un triunfo al Apruebo. Ninguna. A primera hora revisé los resultados en el exterior y ahí apareció el primer aviso. Si en el plebiscito de entrada de 2020 el Apruebo había obtenido un 82,17% y el Rechazo un 17,83%, en 2022 la brecha se redujo significativamente, pues el Apruebo obtuvo un 60,93% y el Rechazo un 39,07%. Es decir, si en 2020 la distancia a favor del Apruebo fue de 64,34 puntos, en 2022 bajó a 21,86. Por cierto, esa mañana todavía faltaba buena parte del escrutinio exterior, pero la cifra varió poco a medida que avanzaba la jornada. Desde el comando del Apruebo, varios exconvencionales celebraban aquella ventaja sin advertir que, comparada con 2020, era una muy mala señal.
En este contexto enfrentábamos la transmisión. Recuerdo que quedé solo en un estudio y que los conductores quedaron en otro. Tuvimos que anticipar la salida al aire porque en la Región de Magallanes las mesas cerraban una hora antes que en el resto del país, es decir, a las cinco de la tarde en horario de Santiago. Y ahí vino la segunda señal inequívoca. Comenzaron a caer las primeras mesas desde Punta Arenas y el Rechazo se imponía con facilidad, mientras que en el canal todavía costaba creer la magnitud de lo que estábamos viendo.
En promedio, era casi un 60% para el Rechazo y un 40% para el Apruebo. Fuera de pantalla, le explicaba a mi editor político que si el Rechazo ganaba en Punta Arenas, la ciudad políticamente más asociada a Gabriel Boric, el plebiscito ya tendría un resultado claro. Guardando las proporciones, era como si en Vitacura o en Las Condes ganara la alcaldía un partido de centroizquierda.
Obviamente, me dijeron que todavía debía ser cauteloso. Una hora más tarde, cerraron las mesas en el resto del país y, de ahí en adelante, presencié, en el buen sentido de la palabra, una de las palizas electorales más grandes y contundentes de nuestra historia reciente. El Rechazo ganaba en 337 de los 345 municipios. El Apruebo, a duras penas, logró imponerse en Pedro Aguirre Cerda, San Joaquín, Maipú, Puente Alto, Ñuñoa, San Antonio, Juan Fernández y Rapa Nui. A las 19:00 ya teníamos un panorama irreversible y me tocó, por decirlo así, dar por resuelta la elección a través de mi canal.
De ahí en adelante, y en el marco de mi proyecto ANID/FONDECYT (1260011), he estudiado en profundidad todo el proceso constituyente, desde el diseño institucional que definió el itinerario, pasando por la composición de la Convención Constitucional, hasta los determinantes de su derrota electoral. En distintos trabajos, junto a grandes colegas, hemos mostrado que aquel 61,9% fue el resultado de varias fuerzas que terminaron convergiendo en una misma opción.
Primero, reaparecieron algunos clivajes sociopolíticos que parecían dormidos, como la fractura religiosa, mientras la identificación ideológica siguió ordenando con fuerza las preferencias de los electores. Sobre esa estructura actuaron factores más coyunturales, especialmente la aprobación presidencial de Boric. A ello se sumó la evaluación de contenidos específicos de la propuesta, varios de los cuales alejaron al votante moderado, especialmente la plurinacionalidad y la eliminación del Senado.
Finalmente, mientras la Convención perdía legitimidad, el clima emocional del proceso también cambió. La esperanza que había acompañado su inicio fue cediendo ante una emoción mucho más intensa y decisiva: la rabia. Ese tránsito resume, en buena medida, el fracaso de todo el proceso, porque una experiencia concebida para recomponer la convivencia política terminó profundizando la desconfianza, la polarización y el desencanto. Pero más allá de cualquier análisis, mi anhelo es que hayamos aprendido la lección y que nunca más, insisto, nunca más, la clase política nos lleve por un camino como aquel, tan triste, tan amargo y tan doloroso para nuestro país.
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