Columna de Mauricio Morales: "Militantes"
- Por Mauricio Morales
Por Mauricio Morales, doctor en Ciencia Política, profesor titular, Universidad de Talca-Campus Santiago.
Los militantes constituyen el núcleo central de las organizaciones partidarias y representan el eje en torno al cual los partidos desarrollan su trabajo a nivel territorial. Sin militantes, los partidos se vuelven maquinarias electorales frías, capaces de competir, negociar y repartir poder, pero cada vez más débiles para respirar en los barrios, en las comunas y en la vida cotidiana de la sociedad.
En general, una militancia activa y vigorosa contribuye a que los partidos consigan un mayor enraizamiento social, algo que luego suele reflejarse en las urnas. Sin embargo, en Chile hemos visto un retroceso muy significativo de la militancia, lo que contrasta con el poder que muchos partidos aún conservan en el Congreso, en los municipios y en la distribución de cargos públicos.
En 2016, el total de militantes registrados en todos los partidos era de 952.018. En 2018 llegó a 1.187.777, bajó a 996.053 en 2019 y a 609.527 en 2021, y cayó bruscamente a 449.795 en 2026. Estos cambios responden, entre otras cosas, a la ley que estableció el refichaje de militantes en 2016 y 2017 y obligó a los partidos a ratificar las afiliaciones y depurar sus padrones. Ese proceso sinceró una realidad que durante años estuvo cubierta por padrones inflados, militancias dormidas y registros que decían mucho menos de lo que aparentaban.
Ir a la siguiente notaDesde 2021, cuando el registro ya estaba más estabilizado, hasta 2026, se ha producido una caída de 159.732 militantes, lo que equivale a una baja del 26,2% en cinco años.
La caída golpea a los partidos tradicionales, aunque de manera desigual. En la derecha, si se consideran RN, UDI y Evópoli, el total de militantes bajó de 92.143 en 2021 a 86.642 en 2026, una pérdida del 6%, aunque no todos los partidos han seguido el mismo derrotero. RN, por ejemplo, subió de 37.531 a 41.600 militantes, mientras que la UDI cayó de 36.868 a 30.804, una baja de 16,4%. La derecha tradicional no se desploma, pero sí se reordena desde adentro.
RN resiste, la UDI pierde terreno y las nuevas derechas aparecen como posibles beneficiarias de ese movimiento. Republicanos, de hecho, creció de 21.672 a 23.123 militantes y el PNL, que irrumpió en 2025, acumula más de 50 mil afiliados.
En la centroizquierda histórica, en tanto, el panorama es más variopinto. Si se consideran el PDC, PS, PPD y PR, el bloque pasó de 126.663 militantes en 2021 a 118.750 en 2026, una caída del 6,2%. El PC, por su parte, ha resistido, registrando una caída de sólo 3,5% en su militancia, de 46.282 a 44.683 afiliados. El Frente Amplio, finalmente, requiere una lectura distinta porque surgió de la fusión entre Revolución Democrática y Convergencia Social. Antes de la fusión, ambos partidos sumaban una militancia muy parecida a la que registró el FA en su debut, lo que fue una buena noticia para el partido emergente. Sin embargo, si en enero de 2025 el FA tenía 61.365 militantes, en mayo de 2026 cayó a 56.133.
La evolución juvenil revela una señal aún más preocupante. En 2016, el sistema registraba 107.150 militantes menores de 30 años y en 2018 la cifra llegó a 198.442. Junto con el refichaje, el volumen de jóvenes fue retrocediendo a 151.735 en 2019, 155.289 en 2020, 143.177 en 2021 y apenas 44.834 en 2026. Comparando 2021 con 2026, el retroceso de la militancia juvenil es del 69%. Ese dato debería encender todas las alarmas, porque los partidos pueden sobrevivir un tiempo con menos militantes, pero difícilmente pueden proyectarse si pierden a sus generaciones de recambio.
Previo al quiebre democrático y durante la década de los ’90, las elecciones internas de las juventudes partidarias eran hitos relevantes, pues sus directivas a menudo planteaban posiciones políticas distintas a las que el partido expresaba oficialmente, lo que generaba un debate sano y deseable. Hoy, esas juventudes están en la oscuridad, son escasamente conocidas y tienen casi nula incidencia en la toma de decisiones de los partidos. Antes podían incomodar a sus mayores, disputar líneas internas, formar dirigentes y empujar debates. Hoy parecen más una formalidad estatutaria que una fuerza política real.
El panorama, entonces, es derechamente decadente. Los partidos necesitan una militancia mínima para sobrevivir como tales, pero al mismo tiempo no están generando los espacios suficientes para atraer nuevos militantes ni fortalecer las bases que actualmente tienen. La ley de financiamiento de partidos incluye un ítem asociado a la militancia, pero de sus resultados no sabemos mucho. Para qué hablar de las sedes de los partidos, cada vez más escasas en los territorios.
¿Qué podemos hacer? No mucho. Al menos, por ahora, conviene partir por reconocer el problema y asumir los costos, pues si los partidos no forman militantes, seguirán reclutando a última hora candidatos sin la preparación mínima para asumir un cargo. A la larga, eso termina perjudicando la representación democrática.
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