Columna de Mauricio Morales: "Rebeldes"
- Por Meganoticias
Por Mauricio Morales, doctor en Ciencia Política, profesor titular, Universidad de Talca-Campus Santiago.
Esta semana, dos liderazgos relevantes del gobierno y de la derecha optaron por la rebeldía. Iván Poduje, el activo ministro de Vivienda, desconoció la jerarquía política del ministro de Hacienda. Señaló que su único jefe era el Presidente Kast y que Jorge Quiroz debía entregar los recursos necesarios para cumplir las tareas del ministerio, añadiendo que no estaba dispuesto a discontinuar algunos programas sociales de su cartera. “Si él no quiere entregarme la plata para la reconstrucción, tendrá que explicarle al país por qué no lo hace”, dijo en radio Infinita.
Casi al mismo tiempo, Pablo Longueira, histórico líder de la UDI, le daba otro mazazo al gobierno. Sostuvo que él jamás habría trasladado los costos de la guerra internacional a las personas, aludiendo al alza en el precio de los combustibles. “Yo me hubiera parado frente a los chilenos y habría dicho: señores, no hay recursos. Voy a endeudar el país y voy a aplanar por seis meses esta alza”. Respecto de la delincuencia, fue aún más categórico, señalando que estaba impresionado por el nivel de improvisación del gobierno en el proceso de nominación del ministro de Seguridad, especialmente por el ofrecimiento que hubo hacia el senador Rodolfo Carter.
Ambas historias son distintas, pero tienen un trasfondo común. Poduje y Longueira sienten que el gobierno está tomando el rumbo equivocado, dejando a su suerte a los estratos más pobres. Ambos parecen advertir que si el gobierno insiste en una política fría, distante y poco sensible con los más desprotegidos, terminará pagando un costo político muy alto. El que siembra maldad, dirán algunos, tarde o temprano cosecha dolor. Y ese dolor se puede expresar de múltiples formas. La más común es perder el cariño de los gobernados. Según la última encuesta CADEM, la aprobación presidencial bajó la barrera del 40%. Además, de acuerdo con la misma encuesta, en abril ya se advertía un deterioro más acelerado de la aprobación en los segmentos más pobres.
En consecuencia, los reclamos de Poduje y Longueira representan parte del sentido común que muchas veces la derecha ignora, ya sea por desconocimiento o por simple desidia. Sin embargo, estas disputas internas le hacen bien al sector. Sí, leyó correctamente. Les hace bien. Hasta ahora, el PDG parecía tener el monopolio de las demandas populares. Lo hacía, además, con una ventaja evidente: dispone de rostros diversos, reconocibles y eficaces para hablarle a ese electorado. La derecha, en cambio, parecía entregada sin contrapesos al Plan Quiroz. Ese plan puede tener un diseño técnico sólido y un objetivo final atendible y noble, como generar empleo y ordenar las cuentas fiscales. El problema es el contexto. Se aplica cuando el costo de la vida sube, cuando los combustibles golpean el bolsillo y cuando las expectativas económicas de los hogares están cada vez más alicaídas.
Ir a la siguiente notaLa pregunta, en todo caso, es qué piensa el Presidente Kast frente a este cuadro. Kast fue diputado por el antiguo distrito 30 de San Bernardo, uno de los territorios más pobres de la capital. Ese cupo se lo cedió Pablo Longueira en 2001, cuando decidió competir por el distrito 17 para romper el doblaje de la Concertación. Ambos conocen el dolor y las dificultades de los sectores populares. No por teoría, sino por trayectoria política.
El gremialismo, precisamente sobre esa base, salió a disputarle a la izquierda el voto popular, y esa estrategia llevó a la UDI a convertirse en el partido más grande de Chile. Por eso, no sería extraño que el Presidente enfrente un conflicto interno. Por un lado, sabe que el país necesita crecer, invertir y generar empleo. Por otro, también sabe que las medidas más duras, aquellas que golpean con más fuerza a los hogares de menores ingresos, pueden traer un costo político irreparable. Pero no solo eso. ¿Qué enseñó Jaime Guzmán a los jóvenes gremialistas sobre el vínculo con el mundo popular? Lo dejo ahí, pues el Presidente conoce a plenitud la respuesta.
Finalmente, para la UDI todo esto representa una oportunidad. Longueira lo sabe. En su intento por recuperar influencia interna, no bajará la guardia e insistirá en que el gobierno debe corregir el rumbo, contener la frialdad tecnocrática y volver a mirar a los sectores populares. Desde ahí puede comenzar la reconstrucción del gremialismo, agotado por tantas derrotas consecutivas, y con el alma social herida y extraviada.
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