Continúan las protestas por el "muro inteligente" de Trump: ¿Cómo es el megaproyecto fronterizo?
- Por Francisca Mieres
¿Qué pasó?
Las protestas contra el denominado “muro inteligente” impulsado por Donald Trump continúan en distintos puntos de la frontera entre Estados Unidos y México, principalmente por sus efectos ambientales y el avance de las obras en zonas protegidas.
Una de las manifestaciones más recientes ocurrió en Lochiel, Arizona, donde comunidades realizaron sentadas pacíficas para protestar por la tala de álamos centenarios que se estaría realizando debido a los trabajos fronterizos.
A esto se suma una demanda presentada en Texas contra el Departamento de Seguridad Nacional (DHS), al que acusan de dejar sin efecto normas ambientales para poder avanzar con la construcción de barreras y carreteras.
Ir a la siguiente nota¿Qué es el “muro inteligente” de Trump?
La construcción del muro fronterizo con México fue una de las principales promesas de campaña de Donald Trump durante su primer mandato.
Ahora, su estrategia ha evolucionado hacia el llamado “smart wall” o muro inteligente, un megaproyecto que busca combinar las tradicionales barreras físicas con tecnología de última generación.
El sistema contempla vallas de acero, torres de vigilancia, sensores, cámaras, radares, drones y fibra óptica, además de herramientas de inteligencia artificial.
También considera torres autónomas equipadas con cámaras y sensores, capaces de vigilar grandes extensiones de terreno sin la presencia permanente de un agente fronterizo.
La idea es que esta red permita detectar, identificar y rastrear posibles cruces irregulares, incluso antes de que estos se produzcan.
De esta forma, la frontera dejaría de depender únicamente de un muro físico y pasaría a estar permanentemente monitoreada mediante distintos dispositivos conectados entre sí.
Desde el DHS defienden el proyecto asegurando que permitirá a los agentes responder con mayor rapidez y utilizar de mejor manera sus recursos.
Protestas por tala de árboles y daño ambiental
Pero el megaproyecto también ha generado cuestionamientos por sus costos, el impacto en las comunidades y, especialmente, por sus consecuencias ambientales.
En Arizona, habitantes de Lochiel han denunciado la tala de álamos centenarios producto de las obras.

Mientras que en Texas, el Centro para la Diversidad Biológica de Terlingua demandó al DHS por lo que calificó como una eliminación de décadas de legislación ambiental para permitir la construcción de infraestructura fronteriza en el Parque Nacional Big Bend.
El abogado experto en migración Héctor Quiroga explicó a Univision que existe una norma que entrega al secretario del DHS la facultad de dejar sin efecto determinadas leyes ambientales y de preservación histórica cuando considere que es necesario para acelerar la construcción de infraestructura fronteriza.
La controversia también alcanzó a la ciudad de Presidio, Texas, donde un juez federal permitió temporalmente que la administración Trump continúe con la construcción de un tramo del muro sobre los diques que protegen a la ciudad de las inundaciones provocadas por el Río Grande, mientras se resuelve una demanda presentada por autoridades locales.

Una frontera marcada por la muerte de migrantes
El debate ocurre en una frontera donde miles de personas han muerto intentando ingresar a Estados Unidos.
Según cifras de la Oficina de Aduanas y Protección Fronteriza (CBP), desde 1998 se han documentado más de 8.000 fallecimientos de migrantes en la región fronteriza.
Organizaciones humanitarias advierten que la cifra real podría ser considerablemente mayor debido a las personas desaparecidas y a los fallecimientos que nunca son registrados oficialmente.
Mientras el Gobierno de Trump apuesta por una frontera cada vez más tecnológica y vigilada, sus detractores cuestionan el impacto ambiental del proyecto, sus costos y los posibles riesgos asociados al uso de sistemas automatizados e inteligencia artificial.
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