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Simulación revela el impacto de un fuerte sismo en la Falla de San Ramón: Estos serían los efectos

¿Qué pasó?

Vivir cerca de la precordillera en Santiago siempre ha convivido con una sombra geológica latente. Sin embargo, cuando se habla de un eventual terremoto en la Falla de San Ramón, el peligro real para miles de vecinos podría no estar en qué tan cerca viven del trazado de la grieta, sino en cómo y cuándo fue levantada su propiedad.

Así lo reveló una reciente simulación computacional desarrollada por un equipo de investigadores de la Universidad del Desarrollo. El estudio puso a prueba el escenario que la comunidad científica considera más probable para la capital: un sismo de magnitud 6.5 capaz de romper la superficie y generar un desnivel en el terreno de hasta un metro de altura, golpeando con especial fuerza a zonas como Peñalolén.

Materialidad y normas antiguas: el verdadero punto débil

Los resultados echan por tierra un mito ampliamente extendido en el sector oriente. La resistencia de un hogar no dependerá únicamente del mapa de cercanía a la falla, sino de los estándares constructivos aplicados al momento de edificar. Una vivienda bien diseñada con ingeniería sismorresistente moderna puede mantenerse en pie sobre la misma fractura, mientras que una estructura deficiente situada a kilómetros de distancia podría sufrir un colapso severo.

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Este contraste representa un desafío directo para la franja precordillerana, donde la realidad urbana es completamente heterogénea. En un mismo barrio conviven condominios de última generación con viviendas levantadas bajo las normas técnicas de los años 60, casas de adobe e inmuebles fruto de la autoconstrucción. Frente a un movimiento de gran magnitud, son precisamente esas estructuras más antiguas las que quedan expuestas al mayor nivel de riesgo.

El peligro invisible de los suelos blandos

El estudio también encendió las alarmas sobre lo que ocurre bajo el suelo en comunas como Peñalolén, La Reina y La Florida. En estas zonas, la roca firme está sepultada bajo enormes capas de sedimento que llegan a medir hasta 200 metros de profundidad, un material blando que funciona como una verdadera esponja amplificadora de las deformaciones subterráneas.

Al desplazarse la tierra, el suelo se fractura de forma desigual, generando lo que en ingeniería se conoce como distorsión angular. En términos sencillos, es como si un escalón gigante se levantara repentinamente debajo de la propiedad: un lado de la casa sube mientras el otro permanece inmóvil. En muros de ladrillo u hormigón armado, una diferencia de apenas un par de centímetros bajo los cimientos basta para trizar la estructura y volver inhabitable la propiedad.

Frenar el avance inmobiliario antes del próximo gran sismo

Aunque han pasado cerca de ocho mil años desde el último megaevento en la Falla de San Ramón, los instrumentos confirman que la grieta no está dormida, sino que mantiene un temblor constante de baja intensidad. Pese a este diagnóstico, la presión por seguir construyendo y vendiendo proyectos habitacionales en las cotas más altas de la ciudad no se detiene.

Frente a esta expansión desmedida, los científicos buscan que los datos de este modelamiento sirvan para frenar la entrega de permisos en los terrenos que aún quedan libres. Tras presentar las conclusiones en foros académicos a fines de 2026, el plan de los investigadores apuntará directamente al territorio durante 2027: llevar estos mapas de riesgo a los municipios y a las juntas de vecinos para que la comunidad sepa exactamente sobre qué terreno está parada.