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EXCLUSIVO | "Actué por un estrés fulminante": Empresario acusado de atacar a adolescentes descarta bullying contra sus hijos

Andrés Arrieta renunció hace algunos días a su derecho a guardar silencio y declaró voluntariamente ante la Fiscalía de Las Condes. Mega Investiga accedió a esta pieza judicial en la que el imputado, hoy en prisión preventiva, entrega por primera vez su versión de lo ocurrido la noche del 10 de julio.

El empresario, acusado de amenazar y secuestrar a un grupo de adolescentes que hicieron “ring, ring raja” en su casa, reconoció haberlos golpeado, obligado a subir a su vehículo y que todo fue por estrés, descartando eso sí versiones que habían surgido respecto a que el ataque se habría motivado por un supuesto bullying entre las víctimas y sus hijos.

Aseguró que actuó en medio de un “estrés fulminante” y que “No lo pensé, no lo planifiqué”.

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Arrepentido

Entiendo que cometí una barbaridad”.

Con esas palabras, Andrés Patricio Arrieta Arriagada describió ante la Fiscalía parte de lo ocurrido durante la noche del 10 de julio de 2026, cuando salió de su casa en Vitacura en busca de un grupo de adolescentes que, según su versión, había estado gritando hacia el interior de su domicilio y tocando el timbre.

En siete páginas, Arrieta entrega por primera vez un detallado relato de los minutos que antecedieron y siguieron al episodio, reconoce parte importante de su actuación y manifiesta reiteradamente su arrepentimiento.

También aborda uno de los antecedentes que ha rodeado el caso: una eventual situación de bullying entre los adolescentes y sus hijos. Su respuesta ante el Ministerio Público fue categórica: aseguró no tener ningún antecedente que permita sostener que aquello hubiese ocurrido en ninguna de las dos direcciones.

Arrieta comienza su declaración reconociendo la gravedad de los hechos y ofreciendo disculpas a los adolescentes y sus familias.

“Lo primero que deseo expresar al prestar esta declaración son mis más sinceras disculpas a cada uno de los jóvenes que son víctimas en esta causa y, por supuesto, a sus padres y familias, por el temor y la angustia que debieron experimentar como consecuencia de mi actuar”, aseguró.

El imputado afirma que lo sucedido aquella noche fue un episodio aislado y asegura encontrarse “profundamente arrepentido”.

Alta carga laboral

Una parte importante de la declaración está destinada a explicar el estado en que asegura haberse encontrado durante las semanas anteriores.

Arrieta relató que en esa época atravesaba una alta carga laboral, que había realizado un viaje de trabajo a China, que su esposa había enfrentado un problema de salud, que su hijo mayor se había cambiado de universidad y que él sufría una lesión muscular que le impedía realizar deporte.

Según su versión, además dormía apenas cinco o seis horas y de manera interrumpida debido a que debía mantener comunicaciones laborales con proveedores ubicados en Asia.

Aunque sostiene expresamente que estos antecedentes no justifican su conducta, los presenta como factores que habrían incidido en lo que define como un “arrebato”.

“No quiero justificar en estos antecedentes mi actuar, pero son factores que sin duda me afectaron y afectaron mi comportamiento en un arrebato que nunca antes había tenido; fui preso, como muchas personas, de una situación de estrés fulminante que gatilló mi erróneo comportamiento”, expresó.

Más adelante insiste: “Lo digo para que se entienda en qué estado estaba, no para justificarme, ya que entiendo que lo que hice está mal”.

La segunda vez que tocaron el timbre

De acuerdo con su declaración, cerca de las 23:50 horas escuchó a un grupo de jóvenes gritando hacia el interior de su domicilio. Asegura que además tocaron por segunda vez el timbre de la casa.

Fue entonces cuando salió.

Primero preguntó a dos personas que estaban en el exterior si habían visto a los jóvenes. Le señalaron que se habían dirigido hacia calle Padre Damián, pero Arrieta asegura que no les creyó. Subió entonces a su camioneta y condujo en sentido contrario, hacia avenida Padre Hurtado.

Es precisamente al describir ese instante cuando reconoce haber perdido el control.

Desde ese instante, derechamente me nublé y estaba muy contrariado. No lo pensé, no lo planifiqué; yo no salí de mi casa con un plan ni con un objetivo determinado, simplemente actué de la peor manera posible”, confesó.

Su propósito, sostiene, era enfrentarlos por lo ocurrido. “Quería salir a hablar con ellos, retarlos para provocarles un escarmiento, de cierta forma ‘aleccionarlos’ para que no lo hicieran más”, dijo.

Arrieta afirma que en ese momento consideró que aquello era correcto, pero que posteriormente comprendió que no lo era.

El encuentro con los adolescentes

El relato continúa en la esquina de Los Molinos con avenida Padre Hurtado.

Allí, según declaró, encontró inicialmente a dos jóvenes y descendió de la camioneta. Arrieta reconoce que se produjo un forcejeo y que hubo golpes de su parte.

Después, admite, hizo subir a los adolescentes al asiento trasero de su camioneta. “En ese lugar decidí descender de la camioneta y, luego de un forcejeo que incluyó golpes de mi parte, los hice subir al asiento de atrás del vehículo”, sostuvo.

Una vez dentro, comenzó a discutir con ellos y les preguntó dónde estaba el resto del grupo. Luego continuó conduciendo hasta encontrar a otros jóvenes que corrían hacia Padre Damián.

Al alcanzarlos, afirma que eran cuatro. Según su declaración, tres subieron atrás y otro ocupó el asiento del copiloto.

Para entonces, sostiene, había pensado en llevarlos a Carabineros para denunciarlos.

Pero, como dije, no estaba pensando muy bien”, declaró.

La patada que hizo caer a uno de ellos

Más adelante, ante una consulta específica de la Fiscalía, Arrieta profundiza en qué consistió aquel “forcejeo”.

Su descripción incorpora uno de los reconocimientos más relevantes de toda su declaración: admite haberle dado una patada o zancadilla a uno de los adolescentes cuando este intentaba escapar.

“Al tratar de arrancar, yo le di una patada o zancadilla para que no huyera y se cayó al suelo”, admitió.

Según agregó, el adolescente fue auxiliado por otros jóvenes y cree que él mismo también cooperó para levantarlo, aunque manifestó no recordarlo con precisión.

“Me hizo cambiar el switch”

Arrieta relata que posteriormente tomó avenida Padre Hurtado y que, cuando estaba detenido ante un semáforo en rojo en la intersección con Monseñor Escrivá de Balaguer, dos de los adolescentes que viajaban atrás abrieron una puerta de la camioneta —que se encontraba sin seguro— y huyeron corriendo.

Asegura que aquello lo hizo reaccionar.

Dice que alcanzó a preguntarles si estaban bien, pero los jóvenes siguieron huyendo. Entonces dobló por Monseñor Escrivá de Balaguer con la intención, según su versión, de encontrarlos nuevamente.

Posteriormente, mientras conducía por Las Tranqueras, pidió a los adolescentes que permanecían en el vehículo que llamaran por teléfono a quienes habían escapado.

Que los jóvenes se bajaran como que me hizo cambiar el switch y entrar en razón, me preocupé mucho por los jóvenes que se habían bajado y a esas alturas ya era consciente de que mi actuar era desproporcionado”, aseguró.

Arrieta dice que fue en esos minutos cuando comenzó a dimensionar que su comportamiento había sido “absolutamente equivocado e irracional”.

La “lección”

En otro pasaje, el imputado reconoce que les explicó a los propios adolescentes cuál había sido su propósito.

Según su versión, les entregó su nombre completo para tranquilizarlos y les aseguró que no corrían peligro.

Fue entonces cuando utilizó nuevamente una expresión que atraviesa su declaración: quería darles una “lección”.

“Les di mi nombre completo para que entendieran que no corrían peligro y que el único motivo por el cual los había subido a la camioneta era para darles una ‘lección’”, apuntó.

Posteriormente, continuó buscando al resto de los jóvenes. Relata que encontró a otro grupo en calle Mar Jónico y que estos no subieron al vehículo, sino que caminaron junto a la camioneta mientras él avanzaba lentamente.

Finalmente, afirma, los jóvenes solicitaron ser llevados hasta el local comercial “El Taki”, ubicado cerca de su domicilio.

Arrieta incluso sostiene que durante ese último trayecto algunos jóvenes le pidieron disculpas por las molestias y que, al llegar al lugar, se despidieron dándose la mano y se tomaron una fotografía.

Según su declaración, esa imagen tenía por finalidad que “todos entendieran que la situación había terminado y que no corrían peligro”.

“No tuve la intención de llevarme a esos niños”

Uno de los puntos centrales de la declaración está destinado a controvertir que su propósito haya sido retener u ocultar a los adolescentes.

Arrieta reconoce que les habló en tono fuerte, que los trató “de muy mala manera” y que existió un forcejeo que, afirma, “jamás debió ocurrir”.

Pero sostiene que su finalidad era otra.

Mi intención era que entendieran que no debían andar por la calle molestando y que entendieran que estaban alterando la tranquilidad de los vecinos, para luego llevarlos a una comisaría o incluso después a sus casas”, sostuvo.

A continuación, declara:

En ningún momento, ni por un segundo, tuve la intención de llevarme a esos niños, retenerlos u ocultarlos”.

Como argumento, sostiene que todo ocurrió en un radio de pocas cuadras, que utilizó su propio vehículo —identificable por su patente— y que las cámaras de su domicilio mostrarían que entre su salida y regreso transcurrieron no más de 16 minutos.

Es en ese contexto cuando realiza una de las afirmaciones más categóricas de toda su declaración:

Entiendo que cometí una barbaridad, pero fue una barbaridad motivada por un impulso absolutamente irracional y equivocado para persuadirlos de que lo que estaban haciendo no era algo bueno, no para llevármelos”, declaró.

Qué dijo sobre el supuesto bullying

La Fiscalía también le preguntó por la relación que podría haber existido previamente entre sus hijos y los adolescentes involucrados.

Arrieta aseguró que no conocía a los jóvenes antes de aquella noche.

Señaló que entendía que alguno de ellos había estado anteriormente en su domicilio porque uno de sus hijos conocía a uno de los adolescentes, pero sostuvo que él personalmente no los había visto.

También afirmó que, según entendía, los adolescentes afectados estudiaban en el Colegio San Esteban, mientras que sus hijos menores asistían al Colegio Manquehue.

Y descartó conocer antecedentes de bullying.

No tengo ningún antecedente de bullying que pudieran ejercer mis hijos respecto de estos jóvenes ni viceversa”, dijo.

De esta manera, al menos en su declaración ante el Ministerio Público, Arrieta no atribuye su reacción a una eventual situación de acoso escolar contra sus hijos. Su explicación se concentra en lo ocurrido esa misma noche afuera de su domicilio.

El arma encontrada en su casa

Arrieta también fue interrogado respecto del arma de fuego incautada durante el procedimiento.

Declaró que se trata de una pistola Norinco calibre 9 milímetros, que se encontraba guardada en una caja fuerte bajo su cama y que, según afirmó, no había sido utilizada en al menos cuatro años.

Aseguró mantenerla para defensa personal y protección en su calidad de reservista del Ejército, y señaló que el arma se encuentra inscrita a su nombre para mantenerla en su domicilio, sin autorización para portarla fuera de este.

Pero fue enfático en separar el arma de los hechos investigados: “Tal como señalé, el arma nunca salió de mi domicilio, esa noche, al enfrentar a los jóvenes, no la traía conmigo”.

También negó haberles dicho a los adolescentes que portaba un arma.

Previamente había declarado que, cuando Carabineros llegó a su domicilio, informó voluntariamente que mantenía un arma inscrita y que su esposa hizo entrega de ella a los funcionarios policiales.

“Comprendo perfectamente el miedo”

Hacia el final de su relato, Arrieta vuelve sobre las consecuencias que su conducta pudo provocar.

Dice ser padre de tres hijos de edades similares a las de los adolescentes involucrados y asegura comprender el temor que pudieron experimentar tanto ellos como sus familias.

“Tengo tres hijos de edades similares a las de estos jóvenes y puedo comprender perfectamente el miedo que ellos sintieron y, especialmente, la angustia que experimentaron sus padres esa noche”, declaró.

También afirma ser consciente del temor que podría generar en los adolescentes y sus familias que él regresara a vivir a su domicilio, debido a la cercanía con las casas de los afectados.

Por ello, manifestó ante la Fiscalía que, en caso de producirse una modificación de su situación procesal, podría cumplir una eventual medida cautelar en el domicilio de sus padres, en la comuna de San Fernando.

La declaración concluye así una versión en que Arrieta reconoce haber actuado violentamente, admite haber hecho subir a adolescentes a su camioneta y haber provocado la caída de uno mediante una patada o zancadilla, pero sostiene que nunca tuvo como propósito secuestrarlos, retenerlos u ocultarlos.

Su explicación ante la Fiscalía apunta a un episodio de pérdida de control que atribuye al agotamiento y al estrés acumulado, después de que los jóvenes, según su relato, gritaran y tocaran reiteradamente el timbre de su casa.

No lo pensé, no lo planifiqué”, declaró.

Y respecto de aquello que hizo durante los minutos siguientes, su propia definición ante el Ministerio Público fue otra: “Cometí una barbaridad”.

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