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Nacional

El pool y el local de pollo frito que el Tren de Aragua utilizaba para coordinar extorsiones en Santiago

Nuevos antecedentes de la Operación Tokio siguen revelando cómo funcionaba una de las principales células extorsivas del Tren de Aragua en Chile. La investigación del Ministerio Público y la PDI identificó una serie de puntos de encuentro utilizados por integrantes de la organización criminal para coordinar actividades, reunirse con colaboradores y ejercer control sobre el circuito de fiestas y eventos nocturnos en la Región Metropolitana. Entre ellos aparecen un salón de pool en Estación Central y un local de comida rápida en el centro de Santiago que Mega Investiga visitó.

El primero de estos lugares corresponde a un salón de pool ubicado en avenida Víctor Jara, en Estación Central, a pocos metros de la Universidad de Santiago. Según la investigación, el recinto fue utilizado durante meses como centro de reuniones de algunos de los principales líderes de la estructura criminal.

El subprefecto Cristián Sepúlveda, de la PDI, explicó que en esos encuentros se realizaban reuniones de planificación al interior de eventos privados y after parties. “Existía información que tenían una locación privada para la reunión de los miembros de más alto rango dentro de la organización”, señaló.

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La relevancia de este inmueble también quedó reflejada en la declaración de un testigo protegido incorporada al expediente. Según su relato, el líder de la célula extorsiva, conocido como “Yefri”, habría sido propietario del local. “Jefry es un tipo importante, está al mismo nivel de Kevin La Muerte y antes tenía un salón de pool en la avenida Víctor Jara, al frente de la Universidad de Santiago. Su mano derecha es un sujeto apodado ‘Noño Party’”, declaró.

La investigación identifica a Jesús Miguel Cestaro Díaz, alias “Ñoño Party”, como uno de los cabecillas de la organización. Su función consistía en recolectar dinero proveniente de las extorsiones y entregarlo a la cúpula de la estructura criminal.

Según el fiscal regional Metropolitano Sur, Héctor Barros, se trataba de una persona de máxima confianza dentro de la organización. “Es la persona que por instrucciones de Jeffrey es el encargado de los cobros”, explicó.

La PDI sostiene además que Cestaro participaba en un sistema de inteligencia destinado a identificar potenciales víctimas. De acuerdo con la investigación, infiltraba locales nocturnos mediante colaboradores que aparentaban buscar trabajo, recopilando información sobre ganancias y funcionamiento de los negocios antes de concretar extorsiones.

Otro testigo protegido aseguró que “Jefry y el Ñoño Party manejan todas esas fiestas clandestinas que se hacen en parcelas y que han terminado con homicidios” y que los organizadores de eventos estaban obligados a pagar una “vacuna” para poder operar.

El restaurante utilizado para convocar reuniones

Otro de los puntos identificados por los investigadores corresponde a un local de comida rápida denominado Pollo Express, ubicado en avenida Santa Isabel, en Santiago Centro.

De acuerdo con una declaración incorporada a la causa, Yefri convocó a través de WhatsApp a productores de eventos, DJs y locatarios vinculados a fiestas nocturnas para asistir a reuniones realizadas en ese lugar.

“Me dijo que ahí se iban a reunir todos los locatarios, productores de eventos, DJs, todos los involucrados con eventos nocturnos”, declaró un testigo protegido. Según su relato, quienes no asistieran serían declarados en “rebeldía”.

La PDI estableció que varios de estos recintos funcionaban simultáneamente como espacios para after parties y centros de operaciones reservados para integrantes de la organización.

La investigación apunta además a Boris Ponce, ciudadano venezolano de 44 años, como uno de los encargados de coordinar encuentros en ese local junto a Bárbara Hernández, conocida como “Barbi”, otra de las líderes de la estructura criminal.

Una red de locales y operadores

Los antecedentes reunidos por la Fiscalía y la PDI también vinculan a otros establecimientos nocturnos de Santiago con actividades de la organización, entre ellos Imperium, en la Alameda; Rústica, en Vicuña Mackenna; y Waoo, en Bellavista.

En este último sector operaba Joel David Díaz, conocido como Joel Lermitage, productor de eventos que, según la investigación, mantenía contacto directo con el líder de la célula extorsiva.

La PDI sostiene que su función consistía en captar potenciales víctimas y actuar como intermediario entre los extorsionadores y quienes se resistían a pagar. Según Héctor Barros, Díaz intentaba convencer a los afectados de alinearse con la organización para evitar represalias mayores.

La investigación también lo vincula al traslado de vehículos Toyota 4Runner hacia Venezuela, automóviles que eran adquiridos formalmente en Chile y posteriormente vendidos en ese país por varias veces su valor.

Lavado de dinero y nuevas aristas

La Operación Tokio permitió la detención y formalización de decenas de integrantes y colaboradores de esta estructura criminal. Sin embargo, la investigación continúa avanzando.

Entre las nuevas líneas indagadas aparece el tráfico de metales preciosos, particularmente la compra y venta de oro mediante redes sociales, mecanismo que habría sido utilizado para lavar recursos provenientes de extorsiones, tráfico de drogas, explotación sexual y estafas.

Según el fiscal Barros, todas estas actividades convergían en una misma estructura financiera destinada a sacar dinero del país mediante la adquisición de criptoactivos.

“Confluyen dineros de varios delitos. Está la extorsión, el tráfico de drogas, la explotación sexual y las estafas telefónicas. Es un lugar donde llegan todas las platas y las van sacando hacia el exterior a través de la compra de criptoactivos”, afirmó.

El expediente de la Operación Tokio continúa en desarrollo y los investigadores aún trabajan para reconstruir por completo la red de extorsiones, testaferros, operadores financieros y mecanismos de lavado de activos vinculados al Tren de Aragua en Chile.