Columna de Mauricio Morales: "Los partidos al ataque"
- Por Meganoticias
Por Mauricio Morales, doctor en Ciencia Política, profesor titular, Universidad de Talca-Campus Santiago.
Los partidos políticos son detestados por la opinión pública, pues frecuentemente se les vincula con casos de corrupción y malas prácticas. Muchas veces, la ciudadanía prefiere que las decisiones públicas sean tomadas por expertos. Mientras más lejos estén los partidos, mejor. Sin embargo, no existe democracia en el mundo que funcione correctamente sin partidos políticos capaces de canalizar y agregar las demandas ciudadanas.
Por más que se les intente sustituir, los partidos, de una u otra forma, se las arreglan para seguir siendo indispensables en los procesos de negociación política. Algunas cifras, eso sí, muestran un deterioro significativo. Una de ellas es la identificación partidaria, que en Chile llegó a cerca del 80% en la década de los noventa y hoy apenas supera el tercio.
Adicionalmente, en la última elección de alcaldes, los partidos volvieron a ceder espacio frente a los independientes fuera de pacto, que tanto en 2021 como en 2024 superaron las 100 alcaldías. Pero, aun así, siguen conservando una posición dominante en elecciones organizadas bajo sistemas proporcionales. En estos sistemas, todos los candidatos de una lista o pacto suman entre sí. Si un independiente quiere ganar, debe competir contra esa sumatoria. Al menos eso sucede en las elecciones de senadores, diputados, concejales y consejeros regionales. Por lo mismo, aunque los partidos parezcan débiles en la opinión pública y hayan retrocedido en algunas elecciones municipales, siguen siendo fuertes allí donde la representación depende de listas, pactos y fórmulas proporcionales. En esos espacios, pesan, ordenan y negocian. Uno de esos espacios es el Congreso.
Digo todo esto porque ayuda a explicar lo que ocurre con el proyecto de Reconstrucción Nacional del Presidente Kast. Si bien al inicio el camino parecía despejado para el gobierno, especialmente tras el acuerdo con el PDG, todo pareció derrumbarse el jueves por la noche, cuando dicho acuerdo se dio por muerto. No sabemos si volverá a flotar, pero lo claro es que la palabra empeñada no fue suficiente para materializar la negociación. Lo relevante, en todo caso, fueron los dichos de dos senadores que, además, son presidentes de sus respectivos partidos. Me refiero a Arturo Squella, de Republicanos, y a Luciano Cruz-Coke, de Evópoli. Ambos sostuvieron que, en lugar de insistir con el PDG, lo más razonable era dialogar con la DC y con las fuerzas del Socialismo Democrático. Es decir, volver a esa política de los consensos tantas veces manoseada como añorada.
Estas declaraciones tienen un propósito claro, aunque admiten distintas lecturas. Por un lado, alguien podría sostener que ambos senadores miran con desprecio al PDG, como si se tratara de un partido que no está a la altura de lo que el país merece. Además, su apoyo solo asegura votos en la Cámara, pues no tiene representantes en el Senado. Por eso, resultaría extraño entregar tanta centralidad a una fuerza que ofrece un respaldo parcial para los objetivos finales del gobierno. Por otro lado, los dichos de Squella y Cruz-Coke también pueden leerse como una forma de restar protagonismo al ministro Jorge Quiroz y reinstalar a los partidos del oficialismo como los verdaderos agentes de la negociación.
En la práctica, eso implicaría cambiar la naturaleza del proyecto, que dejaría de ser una apuesta exclusiva de Kast y Quiroz para transformarse en un acuerdo político entre oficialismo y oposición. En el diseño original, el gobierno buscaba aprobar el proyecto como fuera. Y si para eso había que someterse a la voluntad de Parisi, valía la pena hacerlo. Parisi garantizaba votos y velocidad en la Cámara. Luego, en el Senado, vendría otra negociación, probablemente con Bianchi, Calisto y Walker, para asegurar la aprobación del proyecto estrella de Kast y Quiroz.
Todo parecía simple, pero los partidos del oficialismo sacaron la voz. Squella ya lo había hecho al criticar el trabajo del segundo piso, y Cruz-Coke nunca estuvo cómodo con la alianza entre el gobierno y el PDG. Al abrir la puerta a un diálogo con la oposición, los partidos oficialistas buscan arrebatarle el proyecto a Kast y Quiroz, dejando a este último reducido al papel de asesor técnico de la propuesta. En este contexto, estarían tomando su ansiada revancha, luego de que Kast prácticamente los marginara del gabinete. Y qué mejor forma de hacerlo que quitarle el proyecto al Ejecutivo y trasladarlo al Legislativo, donde ellos siguen roncando, y fuerte.
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