Logo Mega

Este aviso se cerrará en segundos

"Que Dios se lo pague": La historia tras condena de cinco años y un día a hombre que robó dos paquetes de galletas

¿Qué pasó?

Este lunes 2 de marzo, Víctor Ortiz fue sentenciado a cinco años y un día por un delito que cometió en noviembre de 2024. El sujeto fue declarado culpable por el robo de dos paquetes de galletas Carioca, cuyo valor correspondía a 300 pesos cada uno.

Ortiz no actuó solo, sino en complicidad con Anwer Asfura, cuya condena fue de 3 años y un día de presidio mayor en su grado mínimo. Además, están inhabilitados de forma absoluta y perpetua para cargos y oficios públicos y derechos políticos. 

Para el Ministerio Público, el hecho correspondía al delito de robo con intimidación, la infracción fue consumada y atribuida a Víctor Ortíz en calidad de autor. Con base en eso y de acuerdo con lo establecido en los artículos 432 y 436 del código penal.

Ir a la siguiente nota

En ese sentido, la fiscalía pidió una condena de diez años de presidio mayor en su grado mínimo. No obstante, un año después el Tribunal de Juicio Oral en lo Penal de Chillán, sentenció a Ortíz por la mitad de ese tiempo. 

¿Cómo ocurrieron los hechos?

El 9 de noviembre de 2024 Ortiz y Asfura llegaron a un almacén en la comuna de Bulnes, región del Ñuble. Ortíz portaba un arma de aire comprimido que dejó en el mostrador mientras pidió dos paquetes de galleta Carioca a la mujer que atendía el local. 

De acuerdo con la declaración de los demandantes, Asfura se percató que había cámaras en el local y le hizo una seña a Víctor para desistir del robo. Este tomó el arma, pero antes de irse apuntó a la mujer y le quitó las galletas. 

Los asaltantes deciden irse del lugar, pero la moto en la que se trasladaban se quedó sin bencina y debieron empujarla. Mientras tanto, la mujer le contó lo ocurrido a un oficial de carabineros que patrullaba en el sector, quien minutos después detuvo a los culpables.

La versión del condenado

Víctor Ortíz contradijo, en parte, la acusación en su contra. Según él, ese día estaba con su padre en el campo e iba al río con Asfura cuando pasaron a comprar galletas. Aunque admitió que portaba un arma, dijo que la mujer no se percató de eso, porque la dejó al lado derecho del mostrador. 

Asimismo, dijo que nunca la asaltó ni apuntó porque la mujer le entregó las galletas y no hubo tal arrebato. Según dijo, su único error fue no pagar las galletas y decir "que Dios se lo pague", antes de abandonar el local. 

Todo sobre Nacional