Alerta en el Caribe: Fuertes vientos desplazan a las playas la tóxica carabela portuguesa

La carabela portuguesa en apariencia es semejante a una medusa y su veneno puede ocasionar reacciones alérgicas al tener contacto. Desde hace unos años esta especie marina ha sido avistada con más frecuencia en costas de países como Chile y en el Caribe.

Expertos atribuyen este incremento en los reportes de carabela portuguesa —también conocida como fragata portuguesa— a las modificaciones en los patrones de mareas, vientos y temperaturas oceánicas como resultado del cambio climático.

Recientemente, ejemplares de la carabela portuguesa han sido avistados en playas de Venezuela. Un video grabado en el costero estado La Guaira, cercano a Caracas, y difundido por Xtreme Fisherman, muestra a uno de estos ejemplares. En el material se advierte que no deben tocarse porque sus tentáculos cuelgan debajo del flotador.

¿Qué es la carabela portuguesa?

El Servicio Nacional Oceánico de Estados Unidos explica que la carabela portuguesa (Physalia physalis) habita principalmente en mares tropicales y subtropicales y se desplaza únicamente por los vientos y las corrientes oceánicas. Han sido avistados grupos de 1.000 ejemplares o más. Su nombre se debe a su apariencia similar a la de un buque de guerra portugués del siglo XVIII.

Se caracteriza por tener un flotador lleno de gas de color morado o azulado en la superficie del agua, del cual cuelgan tentáculos que pueden superar los 10 metros de longitud. Esos tentáculos están cubiertos de millones de células urticantes llamadas nematocistos, que inyectan un veneno con efectos neurotóxicos, citotóxicos y cardiotóxicos en los seres humanos.

¿Qué síntomas tiene la picadura de una carabela portuguesa?

Lo primero que recomiendan los especialistas es no tocarla, una tentación frecuente por su llamativo color azul, violeta o rosado. Medios españoles documentaron hace tres años el caso de un hombre que tuvo contacto con una carabela portuguesa: su piel presentaba marcas rojizas propias de quemaduras que cubrían la espalda, axilas, piernas y brazo derecho.

Los síntomas incluyen dolor intenso, enrojecimiento, irritación y ampollas en la piel, así como vómitos, náuseas, fiebre, y dolor abdominal, de cabeza o en el pecho. También pueden presentarse espasmos musculares y entumecimiento.

En casos graves, advierte el Servicio Nacional Oceánico, la picadura puede provocar arritmias cardíacas, dificultad para respirar e incluso, aunque rara vez, la muerte.

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