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Spider-Man: Brand New Day recupera el alma de Peter Parker, pero tropieza con el MCU

No debería sorprendernos. A meses del estreno de Avengers: Doomsday, no existe ni una pizca de la expectativa que generó la anterior reunión de los superhéroes de Marvel. Si consideramos que su antesala es la cuarta película de Spider-Man, la situación resulta todavía más decadente. Como si el arácnido no fuera suficiente para vender entradas, los tráilers se han encargado de recalcar la presencia de Punisher y Hulk como coprotagonistas de una película que se nos prometía terrenal, pero que terminó llenándose de cameos en un esfuerzo por levantar al MCU.

Spider-Man: Brand New Day es la nueva entrega protagonizada por Tom Holland. Secuela directa de aquella incursión multiversal, nostálgica y complaciente que fue No Way Home, muestra las consecuencias de un Peter Parker olvidado por todos y de un Spider-Man que debe, por primera vez, valerse por sí mismo. Es un momento sumamente esperado dentro del canon del amigable vecino, ya que, desde su introducción al MCU, Spider-Man siempre estuvo bajo la tutela de Iron Man, con su tecnología y sus hipertrajes a disposición.

Existe una premisa básica a la hora de construir al personaje: cuanto más sufre Peter Parker, mejor es la historia. Pasó en los cómics y en las series animadas. Lo entendió Sam Raimi en su trilogía con Tobey Maguire, lo entendió Marc Webb en sus entregas con Andrew Garfield y lo entienden ahora Kevin Feige y Destin Daniel Cretton.

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Este último dirigió la mejor entrega del arácnido durante su etapa en el MCU. El director de Shang-Chi y de la serie Wonder Man toma a un Peter Parker inmerso en un proceso de cambio interno y externo. La búsqueda del equilibrio entre el héroe y la persona detrás de la máscara se despliega en un Nueva York que adquiere un papel protagónico.

Es difícil hablar de esta película sin pisar el atestado terreno de los spoilers, las apariciones sorpresa y los giros de guion, muchos de ellos alimentados por esa constante fábrica de salchichas en la que se ha convertido el cine de superhéroes. La eterna construcción del futuro del MCU impide desarrollar una película autoconsciente y autoconclusiva. Parte del metraje debe ponerse al servicio de una historia más extensa que aquella que esta entrega debería contar.

Es más, creo que, en medio de los manotazos de ahogado de esta industria, algunos terminaron hundiendo todavía más la película. Saber de antemano que ciertos personajes aparecerán en esta entrega, porque los propios tráilers lo revelaron, debilita toda la capacidad de sorpresa que Cretton intenta imprimirle a la cinta.

Y lo que más duele es que la película no es mala, pero se encuentra limitada por su propio universo. La primera mitad está entre lo mejor que se ha hecho con el personaje. La sensibilidad con la que aborda el dilema de Peter Parker y su vida “terrenal”, lejos de villanos extraterrestres y trajes de nanotecnología, es todo lo que el personaje pide.

Sí, no es un Peter pobre. Tampoco es un Peter que debe decidir entre almorzar o combatir el crimen, porque todavía cuenta con tecnología de punta y asistentes virtuales. Pero sí es un personaje profundamente roto, con una pena de amor inmensa que lo hunde en una soledad que termina por quebrarlo.

Spider-Man es, por encima de todo, un héroe terrenal. Un personaje en el que somos capaces de reflejarnos, y Tom Holland ha logrado alcanzar esa dimensión en su actuación. Cuando lo vemos con el traje, hablando antes de pelear o discutiendo con Frank Castle, interpretado por Jon Bernthal, es cuando realmente aparece un Spider-Man profundo e interesante.

Cuando comienza la segunda mitad, la película se ve obligada a responder a las ambiciones del MCU, y es ahí donde falla en algunos momentos. La gran decisión de la historia, que involucra al personaje de Sadie Sink, resulta controvertida, y en su tratamiento podría encontrarse el mayor error de esta entrega.

En una película cargada de villanos —La Mano, Scorpion y Tombstone—, no sentimos que exista un gran contrapeso para Spider-Man. Y eso ocurre porque sabemos que la fábrica de salchichas seguirá funcionando: todo es apenas una estación antes del próximo viaje.

Después del insípido y artificial tráiler de Avengers: Doomsday, se agradece ver una película con un sello visual tan marcado. Salir de la pantalla verde y trabajar un poco en la calle, en terreno, ya saben, donde antes se hacían las películas.

Spider-Man: Brand New Day logra columpiarse entre la obligación de convertirse en un evento multiheroico y la necesidad de no perder de vista el alma de su protagonista. De paso, también entrega momentos entrañables a otros personajes que hace mucho tiempo no disfrutábamos en pantalla.

Sin ser perfecta, la película logra sobreponerse a todas las dificultades que le impone el propio género. Como un funambulista, cruza sin caerse, aunque el alambre —la próxima entrega de los Vengadores— continúe estirándose más de la cuenta.

Este es, por lo demás, el camino que Marvel debería seguir.

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