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Confesiones de un desertor: Miembro del Tren de Aragua devela cómo operan las actividades de la banda criminal

$78 mil millones. Esa fue la cantidad de dinero generado por las actividades ilícitas del Tren de Aragua (TDA) en Chile –extorsiones, tráfico de drogas y contrabando de vehículos– y que llegó hasta Colombia a través de sociedades pantalla y empresas de criptomonedas.

“En esta organización confluyen una serie de operaciones que hacía en Chile el Tren de Aragua y que se traducían no solo en conseguir dinero, que finalmente es lo que buscan estas organizaciones, sino que también en buscar las fórmulas para sacarlo del país sin que pudiesen ser detectados”, señaló el fiscal Metropolitano Sur, Héctor Barros.

La operación fue calificada como la red de lavado de dinero más cuantiosa asociada al Tren de Aragua en Chile.

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Una de las piezas claves con las que contó el equipo investigador encabezado por el fiscal Barros fue la confesión –hasta ahora desconocida– de un miembro de la organización originada en la Cárcel de Tocorón en Venezuela.

En su confesión, el desertor desclasifica cómo se organizan los secuestros, robos, tráfico de drogas y el actuar de los motochorros. Quiénes son los líderes, cómo se financian y cómo recaudan impuestos de actividades lícitas e ilícitas.

Su testimonio, además, dio luces de quién era el enigmático señor de la noche del Tren de Aragua: Jefrey Jesús Miranda Pinto, sindicado por la fiscalía como el receptor final de las “vacunas” que cobraba la banda en las fiestas organizadas por venezolanos en locales nocturnos de Santiago y otras regiones del país.

Confesiones de un desertor: las fiestas clandestinas y motochorros

La Operación Tokio develó cómo el Tren de Aragua controlaba a sangre y fuego la vida nocturna venezolana desde Bellavista hasta Curacaví. La regla era una sola: quienes organizaban fiestas en locales nocturnos vinculados al TDA debían pagar una “vacuna” o un impuesto.

La regla era simple. La banda gravaba y aplicaba una tasa a todas las actividades que podrían generar ingresos al interior de las fiestas: tráfico de drogas, prostitución y venta de alcohol. El que no siguiera esa regla podía pagar con la vida.

Así lo describió el miembro del Tren de Aragua entrevistado por las policías: “Jefry y el Ñoño Party manejan todas esas fiestas clandestinas que se hacen en parcelas y que han terminado con homicidios. Todos los que organizan estos eventos en la Región Metropolitana están obligados a pagarle la “vacuna” a Jefry para que los dejen funcionar”.

La organización también ha monopolizado el fenómeno de los "motochorros" en Estación Central. “Kevin La Muerte y Cachete los controlan. Cuando ven a un motochorro robando, preguntan si alguien lo conoce. Si nadie lo conoce, lo retienen y lo obligan a alinearse con la organización y a pagar una cuota”, confesó el miembro del TDA.

Incluso, uno de los jefes que controlan a los motochorros, Jordany Rincón, abrió su propia discoteca utilizando el impuesto que cobra a los delincuentes en dos ruedas.

La jerarquía

Según describió el propio desertor, la jerarquía del TDA es rígida y piramidal. Está encabezada por Niño Guerrero y su mano derecha, Johan Petrica, seguidos por Larry Changa y Carlos Boby. Bajo ellos, operan figuras como "Dubai" y "Chanel" (Yorbi), quienes coordinan a líderes zonales como Kevin La Muerte y Carlitos Persa para controlar sectores estratégicos de Santiago, tales como el Persa Biobío, Estación Central y Cal y Canto.

La confesión además explica que Carlos Boby continúa dirigiendo operaciones desde su prisión en Colombia, comunicándose con miembros que están en cárceles chilenas, como Horacio Fernández.

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