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Alerta en la alta cordillera: Buscan proteger al "fantasma de los Andes" ante el avance industrial en su hábitat

¿Qué pasó?

La necesidad de proteger el ecosistema de la alta cordillera en la Región de Coquimbo se ha vuelto una tarea crítica para los defensores de la fauna silvestre. El objetivo principal es asegurar la supervivencia del gato andino, el felino más amenazado de América y apodado popularmente como el "fantasma de los Andes" debido a lo complejo que resulta rastrearlo.

De hecho, a través de la agrupación Guardianes del Gato Andino, los especialistas buscan visibilizar que este animal enfrenta un complicado panorama. Las progresivas intervenciones humanas en su entorno amenazan con dejar sin refugio a una especie clave para el equilibrio natural de la zona.

Para los expertos, el desafío actual va mucho más allá de evitar la desaparición de un ejemplar. Al contrario, se trata de una campaña urgente por resguardar de forma íntegra todo el territorio vivo de la cordillera frente al avance del desarrollo industrial.

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Las presiones sobre el hábitat

En esa línea, la principal preocupación de las organizaciones radica en cómo las obras civiles, la minería y la construcción de caminos van fragmentando los corredores biológicos naturales que el felino utiliza para desplazarse, alimentarse y reproducirse.

En una reciente entrevista con el diario El Día, Sebastián Aros, voluntario de la agrupación, fue enfático en encender las alarmas sobre este punto. "Para una especie en peligro de extinción, rara y difícil de registrar, perder conectividad en la cordillera puede ser muy grave", advirtió al citado medio.

Por esta razón, quienes defienden la conservación de la alta montaña exigen que cualquier proyecto productivo que pretenda instalarse en estos ecosistemas sea evaluado bajo una rigurosa lupa, analizando con detalle factores como la disponibilidad de agua y el impacto en la biodiversidad.

Comunidades como solución

Frente a este adverso escenario, a lo que se suma el evidente peligro por la presencia de perros asilvestrados, los activistas tienen claro que la protección del hábitat no se puede lograr con medidas tomadas a la distancia o criminalizando las actividades tradicionales de la zona.

De esta manera, la clave de la estrategia actual es integrar activamente a los crianceros y habitantes rurales, quienes poseen un conocimiento único de los cambios que experimenta el paisaje cordillerano.

"Las comunidades no son un obstáculo para la conservación; son parte esencial de la solución", recalcó Aros a El Día, apuntando a que el resguardo del entorno del gato andino se debe construir en el territorio, mediante la educación ambiental y el diálogo colaborativo.