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Columna de Mauricio Morales: "El diseño presidencial de Kast"

Por Mauricio Morales, doctor en Ciencia Política, profesor titular, Universidad de Talca-Campus Santiago.

El Presidente Kast tiene los objetivos claros y las metas establecidas. En primer lugar, no estamos frente a un gobierno reformista ni, bajo ninguna circunstancia, frente a una derecha conservadora y autoritaria como parecía anunciar en su campaña presidencial de primera vuelta. En segundo lugar, se trata de un gobierno de corto plazo, especialmente diseñado para cuatro años, lo que en sí mismo representa un profundo contraste con administraciones anteriores que intentaron proyectar horizontes más largos. Kast no ofrece sueños, sino que soluciones.

En tercer lugar, tampoco es un gobierno disruptivo con el pasado reciente. El propio Kast reconoció y enalteció los gobiernos de Frei, Lagos y Piñera. No se intenta, entonces, pasar una retroexcavadora histórica ni ideológica. En cuarto lugar, los ministros tienen tareas muy concretas, las que son congruentes con el programa de gobierno, ciñéndose a las emergencias previamente definidas.

En quinto lugar, el gobierno de Kast, al menos en esta primera etapa, parece sinónimo de un Ejecutivo activo y eficiente, muy distante de la reyerta política que se anida en el Congreso. Kast sabe que la Cámara es un campo minado y que el Senado es impredecible dado el frágil equilibrio entre oficialismo y oposición. Al parecer, para Kast el Congreso es sinónimo de freno de mano y, en esta primera etapa, efectivamente no será tan relevante como muchos creen.

En sexto lugar, lo mismo pasará con los partidos políticos, tanto de gobierno como de oposición. Kast no está preocupado por construir una nueva coalición, cuestión que seguramente enfrentará a partir del tercer año, cuando se realicen las elecciones de alcaldes, concejales, gobernadores y consejeros regionales. En séptimo lugar, el rol de la primera dama ha sido particularmente disruptivo, aunque principalmente para la oposición. Pía Adriazola, a lo mejor sin proponérselo, está “arrastrando marcas”, y haciendo que algunos diputados opositores estén más preocupados de ella que del propio gobierno.

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La construcción de la zanja en el norte de Chile comienza la próxima semana. El ministro de Hacienda ya advirtió sobre la situación financiera del país. El ministro de Vivienda está dando los primeros pasos, destituyendo a la directora del Serviu de Biobío. El ministro de Justicia aclaró que no ha firmado indulto alguno, al menos por ahora. La vocera está comunicando de manera breve pero convincente. ¿Qué nos muestra todo esto? Primero, que Kast es capaz de delegar funciones en su equipo ministerial. Segundo, que como he sostenido en columnas anteriores, los protagonistas del gobierno no serán los partidos ni los congresistas, sino que los ministros, subsecretarios y jefes de servicio.

Tercero, que este trabajo en equipo responde a un diseño estratégico que no depende de los nombres que componen el gabinete, y mucho menos de los equilibrios políticos dentro de la coalición. Hasta acá, todo parece correctamente estructurado. Sin embargo, asoman algunos nubarrones que el gobierno debiese tener en consideración. Uno de ellos corresponde a los indultos para uniformados condenados por distintos delitos en el contexto del estallido social. Al Presidente Boric le salió muy caro indultar a los denominados “presos de la revuelta”, lo que, entre otras cosas, trajo como consecuencia la salida de la ministra de Justicia.

Boric lo hizo entre gallos y medianoche a fines de diciembre de 2022, luego de haber perdido el plebiscito constitucional de manera apabullante e inapelable en ese histórico e inolvidable 4 de septiembre. Si Kast quiere hacer uso de su facultad de indultos, debiese hacerlo a la brevedad, aprovechando la luna de miel que —bien lo sabemos— cada vez es más breve. Esto coincidiría, adicionalmente, con la mala imagen del estallido social en la opinión pública y con la revalorización de Carabineros y de las Fuerzas Armadas como instituciones de orden.

Kast debuta, según la encuesta CRITERIA, con un 46% de aprobación, que es casi la cifra exacta que representaron sus cerca de 7.3 millones sobre un padrón nacional de casi 15.6 millones. Es una aprobación no tan distinta al 42% con que debutó Boric, pero más lejana del 56% que obtuvo Piñera en su primera medición. Kast debe entender que la aprobación presidencial será mucho más relevante para él en comparación con el resto de los presidentes, pues la ciudadanía evaluará resultados y no discursos. Lo importante serán las métricas y no las bravatas ni promesas imposibles de cumplir.

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