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El romance de Aquiles y Patroclo: Relación entre un toro y un burro macho intriga a la ciencia

¿Qué pasó?

Un toro y un burro macho no solo se buscaban para mantener encuentros sexuales: también se lamían, se acariciaban y permanecían juntos cada vez que coincidían en los pastos. La relación entre ambos sorprendió a un grupo de investigadores en Etiopía, que durante dos semanas registró decenas de interacciones entre los animales.

Bautizados como Aquiles y Patroclo, pertenecían a dueños diferentes y se encontraban durante las jornadas de pastoreo en Debre Libanos, en la región etíope de Oromía. El equipo de la Universidad de Pisa, en Italia, los descubrió mientras realizaba otro estudio sobre los geladas, un tipo de primate.

La intrigante relación

La primera observación ocurrió cuando vieron que el toro montaba al burro y que este no intentaba escapar ni reaccionaba de forma defensiva. “Fue totalmente inesperado”, recordó la etóloga Elisabetta Palagi en conversación con El País. A partir de ese momento, los investigadores comenzaron a seguir sistemáticamente sus interacciones.

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Entre el 6 y el 19 de marzo de 2026, el equipo registró 51 episodios de monta entre Aquiles y Patroclo, 34 de ellos con penetración.

Los encuentros estaban acompañados de otras conductas: ambos se lamían, se frotaban y se acariciaban con el hocico antes y después de las montas. 

“Lo que realmente nos llamó la atención fue que estas interacciones formaban parte de una relación social muy selectiva y constante entre ambos individuos”, explicó Palagi, una de las autoras del estudio publicado el 2 de noviembre en la revista científica Current Biology.

La conducta de Aquiles con otros burros también fue parte de las observaciones. El toro intentó montar a otros dos machos, pero estos reaccionaron con señales de rechazo, como evitarlo o aplastar las orejas. En uno de esos episodios, Patroclo se acercó e interrumpió el intento. 

¿Qué explica el vínculo entre ambos animales?

La investigación, titulada "Un vínculo sociosexual entre un toro y un burro macho", plantea que el caso no puede explicarse únicamente como un comportamiento sexual aislado. “Lo que ocurre es que este comportamiento sexual inusual formaba parte de una relación social más amplia y selectiva”, señaló Martina Francesconi, también investigadora de la Universidad de Pisa.

Uno de los aspectos que llamó la atención del equipo fue que los contactos físicos aumentaban después de las montas. Los lamidos y roces se registraron en cerca del 25% de los casos antes de esos episodios, mientras que después alcanzaban aproximadamente el 75%.

Los científicos plantean que estas interacciones podrían ayudar a mantener el contacto social más allá del acto sexual. Entre las posibles explicaciones mencionan el fortalecimiento de los vínculos, la reducción de tensiones o una combinación de motivaciones sociales y sexuales. Sin embargo, advierten que las observaciones se limitaron a dos animales y no permiten establecer con certeza la función de estos comportamientos ni sus posibles beneficios.