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Liberaron 30 urogallos para evitar que su especie desapareciera: Seis meses después, sólo una seguía viva

¿Qué pasó?

Treinta aves volvieron al bosque con una misión enorme sobre sus alas. Habían nacido y crecido bajo cuidado humano, fueron preparadas para enfrentar la vida silvestre y, en teoría, podían transformarse en un pequeño impulso para rescatar una especie que lleva décadas desapareciendo en silencio. Pero el monte tenía otras reglas: medio año después, de los 30 urogallos cantábricos liberados en el norte de España, solo uno seguía con vida.

La liberación ocurrió en el Alto Sil, una zona montañosa de León considerada clave para conservar al urogallo cantábrico, una de las aves más emblemáticas del norte español. Los ejemplares provenían del Centro de Cría y Reserva Genética de Valsemana, donde habían sido criados como parte de un programa impulsado para reforzar una población cada vez más reducida.

No se trató de una liberación improvisada. Según Gizmodo, antes de ser soltadas, las aves pasaron por recintos de aclimatación, espacios pensados para que conocieran el entorno antes de enfrentar la libertad completa. Además, cada ejemplar fue equipado con dispositivos GPS y emisores VHF, herramientas que permitieron seguir sus desplazamientos y reconstruir, casi uno a uno, qué ocurrió con él en el bosque.

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El dato que golpeó al proyecto

Los resultados fueron duros. Seis meses después de la liberación, solo una hembra seguía viva. El resto murió, en su mayoría, durante los primeros meses de adaptación, justo cuando debía dejar atrás el entorno controlado y aprender a sobrevivir por cuenta propia.

Los registros difundidos por medios locales apuntaron a los depredadores como la principal causa de muerte. El zorro apareció vinculado a 12 casos, mientras que las rapaces fueron asociadas a seis bajas y la marta a otras cuatro. También hubo ejemplares que murieron por depredadores no identificados.

Un plan para evitar que la especie desaparezca

La liberación formó parte de un programa más amplio para conservar al urogallo cantábrico. Según el Ministerio para la Transición Ecológica, la estrategia considera trabajos coordinados con Castilla y León y Asturias, protección del hábitat, radiomarcaje, estudios genómicos y colaboración con Francia para reforzar la diversidad genética de la especie.

El monitoreo no solo buscaba acompañar a las aves tras su liberación. La idea también era entender cómo se movían, qué zonas ocupaban y cuáles eran las amenazas más frecuentes en esta etapa de adaptación, información que podría ser clave para futuras decisiones.

El desafío de sobrevivir en libertad

El seguimiento mostró una de las dificultades más complejas de este tipo de programas: crecer bajo protección no siempre asegura una buena adaptación a la vida silvestre. Aunque las aves llegaron en buenas condiciones y completaron un proceso de aclimatación, el bosque exigía algo distinto: encontrar alimento, esconderse y reaccionar frente a los depredadores.

La situación del urogallo cantábrico también está marcada por otros factores que han afectado a la especie durante décadas, como la fragmentación del hábitat, los cambios en el bosque y la reducción de sus poblaciones.

Entre las 30 aves liberadas, una hembra fue la única que seguía viva tras seis meses de seguimiento. Su supervivencia se convirtió en el símbolo más visible de un proyecto que buscaba reforzar una especie amenazada y que, al mismo tiempo, dejó en evidencia lo complejo que puede resultar devolver animales criados bajo cuidado humano a un ecosistema abierto.

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