Noche de terror en llamas: cuando el superportaaviones más emblemático de Estados Unidos se convirtió en un infierno
- Por Meganoticias
La historia naval de Estados Unidos esconde episodios de gran tragedia a bordo de sus buques más avanzados, siendo uno de ellos el icónico superportaaviones nuclear USS Nimitz, que sobrevivió a múltiples desastres letales en alta mar.
Aunque esta máquina de guerra representa el mayor triunfo del Pentágono, su historial operativo demuestra los inmensos peligros que enfrentan los marineros durante tiempos de paz. Un simple error humano o falla técnica puede desatar la destrucción absoluta.
El historial de accidentes del portaaviones USS Nimitz
El primer gran infierno ocurrió frente a las costas de Florida en 1981: un avión EA-6B Prowler perdió el control durante un aterrizaje nocturno y chocó violentamente contra otras aeronaves estacionadas. El brutal impacto desató mortales explosiones de combustible, informó el portal 1945.
En aquella fecha, recordada como la “noche de terror en llamas”, perdieron la vida 14 tripulantes y múltiples aviones resultaron destruidos o dañados, dejando 60 millones de dólares en pérdidas. La situación empeoró porque el sistema contra incendios AFFF falló durante tres minutos críticos, arrojando solo agua de mar sobre las llamas.
El terror regresó al buque mientras navegaba por el Mar Arábigo en 1988. Durante un mantenimiento rutinario, un trabajador cometió un error y disparó accidentalmente un poderoso cañón de 20 milímetros de un avión A-7E Corsair. Los proyectiles incendiarios impactaron directamente contra el tanque de un KA-6D intruder.
Este destructivo fuego amigo originó un incendio masivo que mató a dos marineros y afectó a seis aeronaves, obligando al alto mando a reescribir sus manuales de mantenimiento y manejo de armas. Sin embargo, durante la crisis del Estrecho de Taiwán (1996) la mala suerte golpeó nuevamente a la embarcación.
En esa tensa misión, un grueso cable de acero diseñado para frenar los aviones se rompió bajo una inmensa presión. El pesado látigo metálico barrió la cubierta a una velocidad letal, mutilando a cuatro operadores y matando instantáneamente a un marino en plena maniobra.
Estos catastróficos eventos demuestran una cruda realidad militar para los estrategas modernos: los enemigos no necesitan hundir un inmenso portaaviones para neutralizarlo. Un simple incendio en la cubierta basta para anular completamente todas las operaciones de vuelo táctico.
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