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Columna de Mauricio Morales: "Kast, el emperador"

Por Mauricio Morales, doctor en Ciencia Política, profesor titular, Universidad de Talca-Campus Santiago.

Dejó fuera a los partidos y no insistió con la incorporación de los libertarios al gabinete. Kast nombró mayoritariamente a independientes que, si bien pueden tener cierto vínculo con algunos partidos, provienen, al menos en las áreas económicas, del mundo empresarial. Es el reestreno en gloria y majestad de los gremios, entendidos como los cuerpos intermedios entre la ciudadanía y el estado.

Kast, en parte, diseñó un gabinete a imagen y semejanza de la ideología gremialista inaugurada por Jaime Guzmán a mediados de los ’60. Por cierto, con una debida actualización atendiendo al número y tareas de cada ministerio.

Si bien algunos de sus colaboradores llamaron a eliminar, por ejemplo, el Ministerio de la Mujer, lo cierto es que eso debe hacerse mediante un proyecto de ley. Por tanto, Kast debía nominar una ministra y encontró en Judith Marín el perfil ideal: conservadora, evangélica y tradicionalista. Esto trajo como consecuencia el encono de la izquierda, ignorando que los evangélicos representan aproximadamente el 16% de la población y que, en consecuencia, tienen todo el derecho a participar de un gabinete.

Pero como Kast es hábil, nombró en Cultura a un liberal: Francisco Undurraga. ¿Cuál es el mensaje? No habrá, al menos en el corto plazo, una batalla cultural ni nada que se le parezca. Marín y Undurraga, más bien, netean la lucha entre conservadores y liberales, asunto que por ahora a Kast, definitivamente, no le importa.

Pero volvamos a los dos puntos iniciales. No era tan sencillo dejar fuera a los partidos políticos. Piñera lo intentó en 2010, nombrando a 17 independientes de un total de 22 ministerios (63.6%). Kast, en tanto, se inclinó por 20 independientes de los 24 cupos (83.3%). Eran 25 ministerios, pero el designado en Minería fue bajado a última hora.

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¿Por qué digo que son 20 independientes y no 16 como tituló la prensa? Ximena Rincón (Demócratas), Francisco Undurraga (Evopoli), Judith Marín (PSC), y Jaime Campos (PR) serán independientes a partir del 11 de marzo. Generalmente, el Servel comunica las disoluciones de los partidos en el mes de febrero. 

Además, es muy difícil que Demócratas intente reconstituirse, y si los radicales lo hacen, es casi imposible que reciban a Jaime Campos como uno más. En el caso de Evopoli, apeló a la resolución, y el PSC, muy probablemente, decida reconstituirse. Más allá de lo que pase con estos partidos, lo concreto es que los ministros señalados asumirán el 11 de marzo sin ninguna clase de militancia.

La bofetada a los partidos, incluyendo el propio (el Partido Republicano), se escuchó desde lejos. Es primera vez en la historia democrática que el partido del presidente queda tan disminuido en el primer gabinete, pues sólo dos republicanos jurarán como nuevos ministros. En el caso de Chile Vamos, no hay mucho que alegar. Llegaron quintos en la primera vuelta presidencial y perdieron la hegemonía en el Congreso frente a la derecha radical. Seguramente, Kast los compensará en las subsecretarías, aunque el mensaje es claro: los partidos sirven, pero no en el gabinete.

La segunda cuestión relevante es que Kast no perseveró con el PNL. Kaiser tuvo el arrojo de exigir mínimos programáticos y quejarse en público por la oferta que le hizo Kast para integrar el gabinete. El presidente electo actuó de forma correcta.

Hubiese sido impresentable acceder a las presiones de Kaiser, y digámoslo de manera clara, con Kaiser en el gabinete, habría una especie de cogobierno. Como siempre he dicho, no puede haber dos árboles de Pascua en la misma casa. Pero si hay una crisis y Kast se ve obligado a integrar al PNL, que Dios lo pille confesado. Kaiser entrará a ese gabinete con autoridad y liderazgo, pensando más en su futura carrera presidencial que en el éxito del Gobierno.

En lo personal, soy muy crítico por la marginación de los partidos. Desde mi perspectiva, las alianzas políticas se construyen con estas organizaciones que son indispensables para una democracia. Pero esto no impide reconocer que Kast tuvo el aplomo para resistir las presiones de los partidos y nominar un gabinete a su manera.

Al mismo tiempo, Kast tomó la decisión correcta al no mejorar la oferta a Kaiser. Entregar la oreja en la primera negociación, era entregar la cabeza en la segunda o en la tercera. En consecuencia, Kast está actuando como un líder firme, como un emperador. Pero mucho cuidado, pues los partidos estarán esperando para cobrar revancha, y Kaiser cobrará caro cuando se le pida, si es que se le pide, ingresar al gabinete.

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