Columna de Mauricio Morales: "Un canciller para Kast"
- Por Meganoticias
Por Mauricio Morales, doctor en Ciencia Política, profesor titular, Universidad de Talca-Campus Santiago.
El presidente Kast ha definido su gobierno de emergencia en tres áreas prioritarias: seguridad pública, inmigración irregular, y crecimiento económico. Su propuesta programática como candidato incluyó marginalmente la política exterior y las relaciones internacionales, lo que hasta ahora ha sido criticado por varios analistas.
Sin embargo, las tres áreas prioritarias definidas por Kast, desde mi perspectiva, están fuertemente ligadas a las dos dimensiones señaladas. La seguridad pública se vincula, al menos parcialmente, a la inmigración irregular, y para controlar esa inmigración irregular, como el mismo Kast ha dicho, se requiere de la cooperación de todos los países involucrados, especialmente Bolivia, Perú, Ecuador y, por cierto, Venezuela.
El crecimiento económico, en tanto, también se relaciona a la política exterior. De hecho, la visita de Kast a Argentina se trató, en parte, sobre este asunto. Muy probablemente sus primeras giras tengan como propósito activar el comercio y promover las exportaciones chilenas. En consecuencia, si bien es cierto que el programa de Kast no entregó mayor protagonismo a la política exterior y a las relaciones internacionales en un capítulo específico, el plan de emergencia es inaplicable sin recurrir a los rudimentos de la diplomacia y la relación entre los estados.
Por todo lo anterior, me parece que la misma meticulosidad que se ha implementado para escoger al futuro ministro de seguridad pública, es la que se necesita para definir el nombre del futuro canciller. Su tarea no será fácil. Si bien ese ministro, desde la perspectiva del programa de Kast, debiese ser una persona proveniente del mundo de los negocios con suficientes habilidades para atraer inversión extranjera, es también deseable que tenga una probada experiencia política. Lo que ha pasado recientemente con Venezuela es prueba de aquello.
Ir a la siguiente notaKast salió tempranamente a respaldar la decisión de Trump sin pensar en sus efectos. Una cosa era sacar al dictador y facilitar la restitución de la democracia, y otra muy distinta era intervenir Venezuela con el único afán de hacerse del petróleo, incluso bajo el formato de una alianza espuria con la elite autoritaria. Dado que esto último fue explicitado por Trump horas después de haber capturado a Maduro, el mensaje que emitió Kast a través de X quedó totalmente fuera de juego.
Kast instó a los gobiernos de América Latina a “asegurar que todo el aparato del régimen abandone el poder y rinda cuenta”. Eso, hasta ahora, no se ve tan sencillo. El propio gobierno de Estados Unidos no lo hizo, y Trump reconoce a Delcy Rodríguez como la presidenta interina. Es decir, quien fuera vicepresidenta de un gobierno corrupto, criminal y violador sistemático de los derechos humanos, es hoy reconocida por Estados Unidos como una autoridad legítima.
Rodríguez, y esta es la explicación real, es más funcional para los intereses de Trump en comparación con los líderes de la oposición democrática, pues sigue controlando a las fuerzas armadas y mantiene vínculos de lealtad con la clase política dominante. La elite autoritaria de Rodríguez, por su parte, no tiene más opción que cooperar con Trump en todo lo que éste requiera, pues de lo contrario seguirá el mismo derrotero de Maduro.
¿Qué dirá Kast sobre esto?, ¿le parece razonable que la elite autoritaria sea parte activa de un eventual proceso de transición?, ¿estará de acuerdo con este cambio “en” el régimen, pero no “de” régimen?, ¿está completamente seguro que Venezuela tendrá elecciones libres, abiertas y competitivas en un breve plazo?, ¿qué pasaría si esos líderes obtienen la amnistía a cambio de cooperar con Trump?, ¿en qué pie quedará el mensaje de Kast respecto a instar a los gobiernos de América Latina para que esa elite autoritaria rinda cuentas y sea juzgada?
La reacción de Kast fue muy impulsiva y poco reflexiva. Entiendo, eso sí, que era difícil no aplaudir la caída de un dictador, pero de ahora en adelante, el presidente electo deberá ser mucho más cuidadoso a la hora de emitir juicios a través de redes sociales. No sería digno de su parte, y mucho menos para la institución de la Presidencia de la República, que un mandatario reproduzca una actitud genuflexa frente a cualquier acción de Estados Unidos y, específicamente, de Donald Trump.
La tarea del futuro canciller, entonces, será colocar la siempre necesaria cuota de prudencia en un mundo que parece avanzar hacia un nuevo orden, y cuyos efectos recién estamos viendo
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