Una calle oscura y una escena alterada: así reconstruyeron en 1888 el crimen que abrió el caso de Jack el Destripador
- Por Meganoticias
Cuando dos trabajadores encontraron a una mujer tendida en una calle de Whitechapel durante la madrugada del 31 de agosto de 1888, la oscuridad era tanta que inicialmente no pudieron determinar qué había ocurrido. Poco después llegaría la policía y luego un médico. Pero la verdadera dimensión del crimen solo empezaría a conocerse cuando el cuerpo fue trasladado desde el lugar.
La víctima era Mary Ann Nichols, de 43 años. Su asesinato sería posteriormente considerado el primero del grupo conocido como las “cinco víctimas canónicas” atribuidas a Jack el Destripador. Sin embargo, aquella madrugada la policía todavía no tenía un asesino serial al cual perseguir: tenía una calle oscura, una víctima inicialmente sin identificar y una estrecha ventana de tiempo que debía reconstruir.
Una patrulla había pasado por Buck's Row poco antes del hallazgo
Uno de los primeros elementos para establecer cuándo ocurrió el homicidio surgió de las propias rondas policiales.
Aproximadamente a las 03:15, el agente John Thain y el sargento Kirby habían recorrido Buck’s Row sin observar nada anormal. Entre las 03:40 y las 03:45, los carreteros Charles Allen Cross —también conocido como Charles Lechmere— y Robert Paul encontraron a Nichols frente al portón de unas caballerizas.
Ese intervalo permitió reducir considerablemente el momento probable del ataque. De acuerdo con la reconstrucción recogida en el material, los hechos habrían ocurrido dentro de una ventana inferior a 15 o 20 minutos. Ninguno de los residentes cercanos declaró haber escuchado una petición de auxilio.
Era una primera pieza importante: poco antes la calle aparentemente estaba despejada y, minutos después, Nichols estaba allí.

La oscuridad impidió comprender inicialmente la escena
Cross caminaba hacia su trabajo cuando distinguió una silueta junto al portón de Brown’s Yard. Robert Paul llegó poco después y ambos intentaron comprobar el estado de la mujer, pero no disponían de una fuente de iluminación suficiente para realizar una evaluación detallada. Tras acomodar sus prendas, continuaron hasta encontrar a un policía. :contentReference[oaicite:5]{index=5}
Casi simultáneamente, el agente John Neil llegó a Buck’s Row durante su ronda. Utilizando su linterna pudo advertir que se trataba de una situación mucho más grave y pidió que buscaran asistencia médica.
El médico Rees Ralph Llewellyn llegó aproximadamente a las 04:00, certificó el fallecimiento y estimó inicialmente que había ocurrido hacía menos de media hora. Después ordenó trasladar el cuerpo al depósito de Old Montague Street.
El traslado del cuerpo provocó un problema para la investigación
La investigación de 1888 estuvo condicionada también por procedimientos que hoy resultarían problemáticos para preservar una escena criminal.
Según el material, después del traslado personal del depósito retiró la ropa de Nichols antes de que se hubiera realizado una inspección forense conjunta y minuciosa de las prendas y el cuerpo. La propia documentación considera esta etapa inicial como una cadena de custodia con deficiencias procesales significativas.
La consecuencia fue inmediata. Cuando el inspector John Spratling realizó una revisión posterior alrededor de las 04:30, encontró lesiones que no habían sido advertidas en la oscuridad de Buck’s Row. El médico tuvo que ser convocado nuevamente.
A partir de entonces, el examen médico pasó a ser una pieza fundamental para intentar establecer la secuencia del ataque.

El examen médico permitió reconstruir parte de lo ocurrido
El análisis médico-legal más sistemático se realizó el 1 de septiembre de 1888 en el depósito de Old Montague Street. El doctor Llewellyn examinó las lesiones y posteriormente declaró ante la investigación judicial.
Sin entrar en los detalles más explícitos, el examen permitió establecer que Nichols había sufrido lesiones letales en el cuello y otras heridas. El médico también intentó determinar la posición en que se encontraba la víctima y algunas características del instrumento utilizado.
Esas observaciones serían contrastadas posteriormente con lo que los investigadores encontraban en Buck’s Row. El objetivo era responder una pregunta fundamental: ¿Nichols había sido asesinada allí o su cuerpo había sido trasladado desde otro lugar?
La sangre y la ausencia de rastros descartaron que el cuerpo hubiera sido trasladado
Scotland Yard estudió expresamente la posibilidad de que el homicidio hubiese ocurrido en otra ubicación y que el cuerpo hubiera sido abandonado posteriormente frente a Brown’s Yard.
Los investigadores inspeccionaron Buck’s Row y calles cercanas, incluida Brady Street. Sin embargo, la evidencia encontrada debajo de la víctima y, especialmente, la ausencia de rastros de arrastre o señales asociadas al traslado mediante un vehículo llevaron a los responsables de la investigación a concluir que el ataque había ocurrido en el mismo lugar del hallazgo.
La ubicación, las patrullas y los horarios podían entonces combinarse: una calle sin anomalías alrededor de las 03:15, el hallazgo hacia las 03:40 y evidencia que situaba el crimen exactamente en ese punto.
Una marca en la ropa permitió descubrir quién era la víctima
Había todavía otro problema: establecer la identidad de la mujer.
Nichols no llevaba objetos personales de valor que permitieran identificarla inmediatamente. Una de las pistas decisivas apareció en sus propias prendas. Algunas tenían estampada la inscripción “Lambeth Workhouse, P.R.”, que las relacionaba con el asilo de pobres de Lambeth.
El inspector Joseph Helson utilizó aquella marca para localizar a personas relacionadas con la institución. Mary Ann Monk, que había conocido a Nichols allí, realizó el reconocimiento. La identidad fue confirmada posteriormente por su padre, Edward Walker, y por su esposo separado, William Nichols.
Una simple marca textil había solucionado así uno de los primeros problemas de la investigación.
Testigos permitieron reconstruir también las últimas horas de Mary Ann Nichols
La policía no se limitó al escenario del crimen. Los testimonios permitieron reconstruir buena parte de los movimientos de Nichols durante las horas anteriores.
Fue vista en Whitechapel Road alrededor de las 23:00 del 30 de agosto. Cerca de las 00:30 salió de un establecimiento en Brick Lane y posteriormente regresó al hospedaje de Flower and Dean Street. Allí no disponía de los cuatro peniques necesarios para pagar una cama y abandonó nuevamente el lugar alrededor de las 02:10.
Aproximadamente a las 02:30 se encontró con Emily “Nelly” Holland en la intersección de Osborn Street y Whitechapel Road. Es el último encuentro recogido en la cronología antes de que las patrullas policiales comenzaran a delimitar la ventana temporal del homicidio.
La investigación logró reconstruir el crimen, pero no identificar al responsable
Durante septiembre declararon policías, trabajadores del depósito, vecinos y los hombres que habían encontrado el cuerpo. La investigación estuvo a cargo de agentes de las divisiones J y H de Scotland Yard, entre ellos John Spratling, Joseph Helson, Edmund Reid y Frederick Abberline.
El 22 de septiembre de 1888, el jurado de la investigación judicial determinó que Nichols había sido víctima de un homicidio cometido por una persona o personas desconocidas.
La policía había conseguido establecer quién era la víctima, reconstruir sus últimas horas, acotar el momento del ataque y determinar que el homicidio se produjo en Buck’s Row. Lo que nunca logró resolver fue la pregunta principal: quién lo hizo.
Ocho días después, el asesinato de Annie Chapman aumentaría la preocupación en Whitechapel. Con el tiempo, Mary Ann Nichols sería incluida como la primera de las llamadas cinco víctimas canónicas vinculadas al asesino que la historia recordaría bajo un nombre que la policía de aquella madrugada todavía no conocía: Jack el Destripador.
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