¿Quién es el actual ayatolá de Irán?: Intensas movilizaciones y protestas tensionan el régimen
- Por Cristian Latorre
¿Qué pasó?
Irán atraviesa jornadas críticas marcadas por intensas movilizaciones y protestas generalizadas de ciudadanos que se manifiestan en contra de las máximas autoridades del país, ubicado en el suroeste de Asia.
El actual ayatolá, considerado el líder supremo de la nación, mantiene el poder desde hace más de tres décadas, periodo en el que ha eliminado amenazas internas para consolidar su autoridad. Sin embargo, su prolongada permanencia al mando ha desencadenado profundos conflictos entre la población y las fuerzas de seguridad.
Incluso, el Presidente de Estados Unidos, Donald Trump, intervino verbalmente al advertir que, si el régimen iraní continúa con la represión, podría enfrentar una respuesta militar. Desde Teherán respondieron que están “preparados para la guerra” ante cualquier intervención extranjera.
Ir a la siguiente nota¿Quién es el actual ayatolá de Irán?
El líder supremo es Alí Jamenei, quien asumió el cargo en 1989 tras la muerte de Ruhollah Jomeini, figura central de la Revolución Islámica.
Su llegada al poder generó dudas en sus inicios, ya que hasta entonces era un clérigo de bajo rango y no contaba con las credenciales religiosas que distinguían a su antecesor.
A pesar de ello, Jamenei se consolidó rápidamente dentro del aparato político y religioso, dando continuidad a la República Islámica y afianzando el poder de los llamados “mulás”, clérigos musulmanes chiíes que dominan la estructura del Estado. Con el tiempo, se convirtió en una autoridad incuestionable dentro del país.
Además, logró transformar a la Guardia Revolucionaria, un cuerpo paramilitar, en una de las fuerzas más influyentes dentro del sistema político y de la seguridad interna, aumentando su poder y capacidad de control.

Crisis y tensiones actuales
En la actualidad, Irán enfrenta una oleada de protestas que ha puesto al régimen de Jamenei en una de sus mayores crisis.
Los ciudadanos parecen decididos a exigir cambios y desafiar la represión ejercida por las autoridades, mientras que la presión internacional —incluidas las advertencias desde Estados Unidos— aumenta el riesgo de una escalada.
El país vive así días decisivos, con un clima social al borde del colapso y un gobierno que busca mantenerse firme ante el creciente descontento popular.
