Liquidador de seguros le pagaba a familiares por accidentes que nunca ocurrieron: Aprobó pagos por más de $406 millones

¿Qué pasó?

Lo que debía ser un control de rutina dentro de la empresa terminó destapando un engaño insólito. La aseguradora HDI presentó una querella en contra de uno de sus excolaboradores por estafa y asociación ilícita, tras descubrir que armó un negocio redondo: aprobaba indemnizaciones por supuestos accidentes de moto que terminaban beneficiando a sus familiares, de su pareja, de un taller amigo y de él mismo.

En total, la compañía calcula que este exempleado, que trabajaba como liquidador evaluando si los choques de motos eran reales o no, aprobó pagos por más de 406 millones de pesos en un período de tres años.

La pista que dejó al descubierto el negocio

Todo quedó al descubierto a fines de 2025, cuando la aseguradora hizo una auditoría interna al azar. Al revisar los papeles, los auditores notaron un detalle sospechoso: el nombre de este trabajador y el de un taller de reparaciones llamado "Comercializadora Dos Ruedas" aparecían juntos una y otra vez en varios expedientes.

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Al investigar más a fondo, la empresa descubrió 54 casos sospechosos entre 2022 y 2025. ¿El problema? Ese taller ni siquiera tenía convenio ni contrato vigente con la aseguradora para recibir vehículos o hacer reparaciones. De hecho, desde la firma señalaron a Las Últimas Noticias (LUN) que "este taller no podía recibir órdenes de reparación directamente del liquidador en nombre de la compañía".

Pero el engaño no quedaba ahí. Cuando revisaron a quiénes pertenecían las motos indemnizadas, se dieron cuenta de que las personas eran parientes del liquidador, familiares de su pareja, gente que vivía en su misma casa o derechamente él mismo. En dos ocasiones, el trabajador aseguró su propia moto, denunció un siniestro y firmó el cheque para pagarse el dinero.

Motos que "chocaban" varias veces al año y cuentos calcados

La auditoría también destapó maniobras insólitas en la contratación de las pólizas. Había motos que figuraban como "pérdida total" dos o tres veces en un mismo año, cobrando la indemnización en cada ocasión sin que existiera una sola foto de cómo estaba el vehículo antes de asegurarlo. Para la empresa, no hay duda de que "se contrataron seguros con las motos ya siniestradas".

Además, todos los choques tenían historias sospechosamente parecidas y nunca había testigos. Entre las excusas escritas en los formularios se repetían frases como "no se vio hoyo inundado por lluvia", "resbalón en lomo de toro" o "caída esquivando hoyos".

De los $406.026.000 que la aseguradora pagó por estos 54 siniestros, más de $318 millones cayeron directamente en las cuentas del taller involucrado, caso que hoy ya está en manos del 4.º Juzgado de Garantía de Santiago.

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