Los datos de menores de edad también están en riesgo: Las señales para advertir amenazas digitales

Cuando se habla de seguridad digital en relación con los niños y adolescentes, la conversación suele girar en torno a los contenidos inapropiados o al tiempo excesivo frente a las pantallas. Pero hay una dimensión que se aborda con mucha menos frecuencia: los menores están expuestos a los mismos riesgos de robo de identidad y uso indebido de datos personales que los adultos, y muchas veces sin saberlo.

Los niños de hoy acumulan una huella digital desde muy temprano. Cuentas escolares, perfiles de videojuegos, fotos en la nube, historiales de salud y accesos a distintas aplicaciones conforman un conjunto de datos que puede ser muy valioso para los ciberdelincuentes, especialmente porque la víctima difícilmente lo descubrirá hasta años después, cuando intente acceder a un crédito o contratar un servicio básico por primera vez.

ESET, compañía especializada en detección proactiva de amenazas, advierte que la información de los menores tiene una larga vida útil desde el punto de vista del fraude. "Esto significa que, si es robada y utilizada por un estafador para abrir una nueva línea de crédito, es poco probable que la víctima lo descubra hasta que solicite su primer préstamo, muchos años después", explica Mario Micucci, Investigador de Seguridad Informática de la compañía.

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Los casos reales ilustran bien la magnitud del problema. La profesional de riesgo y cumplimiento Renata Galvão tuvo su identidad robada a los seis años y tardó más de dos décadas en limpiar su nombre tras acumular deudas que superaban los 400.000 dólares. En otro caso documentado, Axton Betz-Hamilton descubrió a los 11 años que su identidad había sido usada para acumular miles de dólares en deudas de tarjetas de crédito impagas, algo que solo supo al intentar contratar un servicio básico al entrar a la universidad.

Los menores son especialmente vulnerables porque, aunque pueden ser muy hábiles en el uso de dispositivos, no siempre tienen conciencia sobre la seguridad digital. Son más propensos a caer en ataques de phishing, a descargar malware sin darse cuenta o a compartir contraseñas con amigos, ampliando el riesgo de exposición. Las ofertas demasiado buenas para ser verdad y los cuestionarios aparentemente inofensivos funcionan con más eficacia en adolescentes que en adultos con mayor escepticismo digital.

Señales de riesgo

  • Contraseñas que dejan de funcionar repentinamente, lo que indica acceso no autorizado
  • Desaparición de skins, monedas u otros elementos en cuentas de juego
  • Notificaciones sobre cambios, accesos o restablecimientos de cuentas
  • Compras no autorizadas
  • Amigos o contactos que reportan actividad o mensajes extraños
  • Negación de beneficios sociales (porque alguien usa sus datos)
  • Rechazo de un préstamo estudiantil o cuenta bancaria por mal historial crediticio
  • Notificaciones gubernamentales por impuestos impagos
  • Llamadas o avisos por deudas que tu hijo supuestamente generó

A esto se suma el riesgo del sharenting, es decir, el hábito de los padres de compartir información sobre sus hijos en redes sociales. Una investigación de la Universidad de Southampton reveló que casi el 45% de los padres lo hace regularmente, aumentando la exposición de datos de menores que no tienen ningún control sobre esa información. Según el mismo estudio, aproximadamente uno de cada seis niños ya ha experimentado algún tipo de daño digital.

Las cuentas de videojuegos también son un objetivo frecuente, ya que contienen información financiera, redes de contactos, objetos virtuales con valor económico y chats privados que pueden incluir datos explotables. A esto se suman los riesgos propios de las aplicaciones de inteligencia artificial, que los menores pueden usar sin comprender que están compartiendo información sensible.

Frente a este panorama, los expertos en ciberseguridad recomiendan a los adultos responsables aplicar un principio básico: cuanto menos información personal circule, menor será el riesgo. Esto implica evaluar si realmente es necesario crear cada nueva cuenta o dar permisos a cada aplicación, usar contraseñas únicas y robustas guardadas en un gestor familiar, activar la autenticación de dos factores y revisar la configuración de privacidad en todas las plataformas que usen los menores.

"Proteger la identidad digital y los datos personales de los menores no debería implicar restringir su mundo digital, sino darles la confianza para navegarlo de forma segura, ahora y en el futuro", concluye Micucci.

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