La red que mató a Chandler: cómo la ketamina ilegal acabó con Matthew Perry
- Por Meganoticias | AFP
Matthew Perry murió por una sobredosis de ketamina que no provino de su terapia supervisada para la depresión, sino de una red ilícita.
Erik Fleming, un intermediario de 56 años, fue condenado este miércoles en Los Angeles (EEUU) a dos años de prisión federal y tres de libertad vigilada, convirtiéndose en el cuarto sentenciado por suministrar la sustancia que causó la muerte del actor en octubre de 2023.
La principal proveedora, Jasveen Sangha, apodada 'La reina de la ketamina', recibió una condena de 15 años de prisión el mes pasado.
La reconstrucción de los hechos
La investigación ha revelado la cadena de eventos que culminó con la muerte del actor en su jacuzzi, desde su tratamiento médico hasta la obtención de la droga en el mercado negro.
Perry, quien luchó abiertamente durante décadas contra sus adicciones, recibía terapia con ketamina. Sin embargo, los fiscales afirman que a finales de 2023 se había vuelto adicto.

El proceso de degradación comenzó cuando el actor pasó de infusiones supervisadas a inyectarse en casa de 6 a 8 dosis diarias, con un costo de hasta 55.000 dólares al mes, después de que los médicos rechazaran aumentar su dosis.
Fue entonces cuando Jasveen Sangha, a través de Fleming, vendió 51 frascos de ketamina a Kenneth Iwamasa, el asistente personal de Perry.
El 28 de octubre de 2023, Iwamasa le administró al actor de 54 años al menos tres dosis de esa ketamina, lo que le provocó la muerte. "Había pruebas abrumadoras de que el señor Fleming suministró las drogas que causaron la muerte del señor Perry", declaró el fiscal federal adjunto Ian Yaniello.
El debate sobre la regulación de la ketamina
Más allá de las sentencias individuales, la muerte de Perry ha puesto el foco en la falta de regulación de las terapias con ketamina en Estados Unidos.
El caso ha impulsado un escrutinio regulatorio sobre las clínicas especializadas.
Caleb Alexander, profesor de Epidemiología en Johns Hopkins, ha señalado que la ketamina no está aprobada por la FDA para trastornos de salud mental y que leyes de marketing obsoletas permiten su promoción para usos no probados.
Esto ha generado llamados a protocolos claros de monitoreo y ha afectado la confianza en tratamientos no supervisados.
Se espera que Iwamasa reciba sentencia este mes, y dos médicos también han sido condenados en el caso.
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