"No es muy distinto a lo que vimos en octubre de 2019": Exministro Figueroa y agresión a ministra Lincolao
- Por Meganoticias
El exministro de Educación, Raúl Figueroa, calificó como "gravísimo" el ataque que sufrió la ministra de Ciencias, Ximena Lincolao, en la Universidad Austral de Chile, y advirtió que el episodio no puede considerarse un hecho aislado: tiene raíces en una forma de hacer política que lleva años instalada en el país.
"No es muy distinto a lo que vimos en octubre de 2019. La única diferencia es que en octubre de 2019 se vio a una enorme escala", señaló Figueroa en conversación con el periodista Juan Manuel Astorga en el programa Ahora es cuando, de Radio Infinita, trazando un hilo directo entre la violencia política de ese estallido social y lo ocurrido esta semana en Valdivia.



Violencia política con nombre y apellido
Para el exministro, lo ocurrido en la Universidad Austral responde a un patrón concreto: grupos que utilizan la violencia para silenciar a quienes llegaron democráticamente al poder e imponer sus propios términos.
"Es un hecho de violencia política donde grupos, en este caso ya adultos, tienen una clara intención de silenciar y deslegitimar lo que legítimamente tiene el poder", afirmó. A su juicio, desde 2019 a la fecha existe "un cierto continuo" en el que la violencia se ha convertido en herramienta para debilitar la democracia y el diálogo institucional.

Figueroa fue enfático en que la condena debe ser transversal y sin matices, pero también exigió consecuencias concretas. "Digo castigo, porque es una actitud ilegítima, ilegal, constitutiva de delito. Si no hay castigo, la condena verbal pasa a ser poco relevante", sostuvo ante Astorga.
Respecto al rector de la Universidad Austral, señaló que existe una responsabilidad innegable del anfitrión. "Hay una obligación de quienes invitan a la ministra no solo de resguardarla físicamente, sino de asegurar que en la universidad ocurra lo que se espera: respeto, diálogo e intercambio fluido de opiniones".
El otro frente: cuatro de cada diez profesores agredidos
Más allá del caso Lincolao, Figueroa puso el foco en la violencia que afecta al sistema escolar, donde los datos son igualmente preocupantes: cuatro de cada diez docentes han sido agredidos por estudiantes, y los casos de violencia entre pares van en aumento.
El exministro planteó que no todos los tipos de violencia escolar son iguales y que deben abordarse por separado, aunque compartan un origen común. Distinguió entre la violencia derivada de un mal clima de convivencia, la violencia anárquica y los casos extremos, como el asesinato de una inspectora en un colegio.
Sobre el plan "Escuelas Protegidas" del gobierno, que incluye revisión de mochilas, prohibición de capuchas y mayores herramientas disciplinarias para docentes, Figueroa valoró la iniciativa pero advirtió que es claramente insuficiente. "Reducir el debate solo al control de mochilas sería un error político y un error técnico", precisó en el espacio de Radio Infinita.
El diagnóstico de fondo: jóvenes sin sentido de pertenencia
Para Figueroa, la raíz más profunda del problema está en la pérdida del sentido de pertenencia de los jóvenes a sus comunidades educativas. Cuando ese vínculo se rompe, explicó, los estudiantes buscan pertenencia fuera del colegio, en grupos donde la violencia es el factor común.
"Cuando existen hechos de violencia fuerte que empiezan a replicarse, es porque jóvenes que ya se sienten que no pertenecen y que tienen pocas herramientas de reacción, encuentran en esos actos una especie de modelo", advirtió.
A eso se suma, a su juicio, la legitimación cultural de la violencia que se instaló tras octubre de 2019. "Estamos viendo en parte las consecuencias de haber legitimado esa violencia. Culturalmente se instaló como un mecanismo legítimo de solución de conflictos y no podemos pretender que eso se resuelva de un día para otro".
Tres medidas concretas
Consultado por Juan Manuel Astorga sobre soluciones, el exministro propuso tres ejes de acción inmediata:
Primero, mayor autonomía para los colegios, reduciendo la carga regulatoria para que puedan desarrollar sus proyectos educativos con más libertad. Segundo, fortalecer el vínculo con las familias y, en los casos donde los padres no están presentes, conectar a los establecimientos con las redes municipales y de salud. Tercero, volver a poner el foco en los aprendizajes, porque cuando los estudiantes se sienten parte de un proyecto exitoso, disminuyen los comportamientos violentos.
"Hay mucha evidencia que así lo demuestra", cerró Figueroa.
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