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Columna de Mauricio Morales: "Me equivoqué, estoy arrepentido"

Por Mauricio Morales, doctor en Ciencia Política, profesor titular, Universidad de Talca-Campus Santiago.

Luego de varios meses, los líderes del “Apruebo” están reconociendo el profundo error que implicó apoyar el texto evacuado por la Convención Constitucional. Lo hacen de manera tardía y sin considerar algo clave. Esa propuesta constitucional se escribió durante un año, y hubo tiempo suficiente para percatarse que sus bases estructurales estaban pésimamente diseñadas.

Con esto, no solo me refiero al rechazo que implicó el concepto de “plurinacionalidad”, sino que también al sistema político que se propuso, con una inusual combinación entre presidencialismo y “bicameralismo asimétrico”, lo que implicaba eliminar el Senado y sustituirlo por una “Cámara de las Regiones”.

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Como si Chile fuese un ratón de laboratorio, este texto constitucional estuvo lejos de fundarse en criterios técnicos y académicos mínimamente sostenibles y razonables. ¿Basta decir “me equivoqué” o “estoy arrepentido” de haber respaldado con tanto ímpetu esa propuesta?, ¿es suficiente decir eso para quedar libre de polvo y paja?, ¿me habilita tal arrepentimiento para seguir opinando con propiedad sobre un proceso constitucional? Evidentemente, no.

Imagine el lector la siguiente situación. Una persona elabora un artefacto explosivo. Ha estudiado la forma de hacerlo y conoce perfectamente los efectos que puede generar. Se toma un tiempo prudente para analizar su impacto y evaluar si es adecuado implementar el producto. Supongamos que decide hacerlo. Coloca el artefacto explosivo en una mochila y se dirige a un centro comercial para hacerlo estallar. Sin embargo, es sorprendido por la policía, que le arrebata la bomba antes de causar daño. ¿Puede esa persona argumentar que se “equivocó” y con eso alegar que merece libertad inmediata? No.

Esa persona conocía perfectamente los efectos de hacer explotar el artefacto, elaborando toda una estrategia para conseguir ese objetivo. Es decir, lo hizo a conciencia. Con los defensores del texto constitucional escrito por la Convención pasa algo muy similar. Ignorando toda evidencia nacional e internacional, propusieron un texto que desunía al país, que estaba repleto de derechos sociales casi imposibles de financiar, con un sistema político fuera de toda lógica, y con un estado exageradamente burocrático y proclive a la corrupción.

Si bien es razonable estar arrepentido de haber votado “Apruebo”, eso aplica para un ciudadano de a pie, más no para la elite. Esa elite actuó con la clara intención de hacer estallar la bomba. Solo la voluntad popular evitó un desastre mayor.

¿Por qué es importante esta discusión de cara al plebiscito de diciembre? Primero, porque es inaceptable una postura como la que acabo de describir. Esto no es “borrón y cuenta nueva”, pues se involucraron los sueños y esperanzas de los chilenos. Respaldar el “Apruebo” fue una medida irresponsable. Frente a eso se ofrecen disculpas o se pide perdón.

Segundo, porque esto genera aún más desconfianza en el electorado. Si los defensores de una Constitución reconocen que estaban “equivocados” y lo hacen después de un año, es la clase política en general la que queda aún más en entredicho.

Tercero, porque la ciudadanía no volverá a depositar sus esperanzas en una nueva Constitución, pues — comprensiblemente— tendrá temor en respaldar un texto del que luego se arrepentirán sus propios promotores. En ese caso, la bomba ya habrá estallado y, como siempre, los costos los pagarán los de abajo, no los de arriba.

Cuarto, porque la credibilidad de los actores se desplomó como un castillo de naipes. Es impactante ver la forma en que los defensores del “Apruebo” que respaldaron un texto divisorio e ideológico, hoy se exponen como voceros del “En contra” para ocupar esos mismos calificativos hacia el nuevo texto.

Mi afán, ciertamente, no pasa ni por asomo por defender la propuesta constitucional. Ya he transparentado mi postura desde el 15 de noviembre de 2019, argumentando sobre la improcedencia del proceso y anticipando sus costos y dolores. Lo que quiero subrayar es la “personalidad” de esos líderes para criticar lo que ellos mismos respaldaron con tanta fuerza.

Quinto, que bajo esta lógica es imposible escribir una nueva Constitución, y que el camino correcto es mejorar y perfeccionar la que actualmente tenemos.

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