Mega Investiga revela detalles inéditos del secuestro de empresario ferretero: 180 horas en manos del Tren de Aragua

Un empresario ferretero de 84 años. Ocho días en manos del crimen organizado. Hasta mil millones de pesos exigidos por su liberación. Mega Investiga accedió en exclusiva a antecedentes desconocidos hasta ahora a 49 días del hecho: imágenes del interior de los recintos donde estuvo recluida la víctima, los mensajes de WhatsApp intercambiados entre los secuestradores, las declaraciones judiciales de los detenidos y los registros bancarios que permitieron identificar a parte de la banda. Con todo ese material, este reportaje reconstruye el minuto a minuto de las 180 horas que Jorge Vera pasó en manos de una célula del Tren de Aragua.

El blanco: un empresario sin vínculos con el mundo criminal

Jorge Vera es un hombre con una vida dedicada al emprendimiento y al mundo hípico. Dueño de una ferretería en la comuna de Cerrillos, vecino del barrio El Llano en San Miguel, sin ningún vínculo con el mundo criminal. Exactamente el perfil que busca el crimen organizado.

“La víctima desarrolla actividades lícitas, no está inmersa en el mundo criminal, tiene su empresa”, explicó el fiscal regional metropolitano Sur, Héctor Barros, quien estuvo a cargo del caso junto al investigador Claudio Orellana.

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El seguimiento habría comenzado en la ferretería de Cerrillos. Fue allí donde apareció por primera vez José Rafael Salazar Torres, uno de los conductores del vehículo que participaría en el secuestro, captado en imágenes que Mega Investiga pudo revisar. Salazar fue reclutado a través de WhatsApp por alguien conocido como “El sopero”, quien le ofreció un millón de pesos por actuar como conductor, diciéndole que el trabajo era “trasladar a un enfermo”.

El martes 21 de abril: el golpe

El secuestro ocurrió el martes 21 de abril en pleno barrio Llano Subercaseaux, una zona residencial de San Miguel que quedó conmocionada con la noticia. Jorge Vera fue interceptado y subido a un vehículo. Según los investigadores, en la operación participaron al menos 10 personas.

“Conforme a la dinámica de estos hechos podemos decir que mínimo actuaron diez personas”, confirmó un detective de la PDI.

La Fiscalía Sur no tuvo dudas sobre la autoría. “La forma en cómo operan, los comunicados, las extorsiones, van dando cuenta de que pertenecen al Tren de Aragua”, señaló el persecutor.

El primer cautiverio

Mega Investiga llegó hasta este taller mecánico de Cerro Navia, el primer recinto donde fue recluida la víctima. Su dueño es el chileno Nino Meza González, quien en su declaración judicial reconoció conocer a integrantes de la organización venezolana y haber sido avisado con dos semanas de anticipación de lo que se venía.

“Me venía indicando que iban a hacer un trabajo con sus amigos, que consistía en traer a una persona a mi taller, para mantenerlo ahí por unos días”, declaró Meza ante la justicia.

Según su propio relato, cuando llegaron: “lo bajaron sumamente rápido y lo ingresaron a la pieza que tengo en mi taller”.

Accedimos a registros exclusivos del interior de ese recinto. Las imágenes muestran el respaldo de una cama, una frazada y una jeringa, que los propios secuestradores entregaron a Jorge Vera por ser insulinodependiente. Junto a él quedó encerrado el chileno Felipe Retamales, quien vivía de allegado en ese mismo lugar y que según la investigación actuó como custodio de la víctima.

“Me dejaron encerrado al interior con el caballero, dejando con candado y llevándose mi llave. De igual manera, dejaron las armas al interior del taller, pero no sé en qué parte. Regresando un poco después, realizaron videos con el caballero, por lo que se cubrieron el rostro al realizar dicha grabación”, declaró Retamales.

Los vecinos del taller, consultados por Mega Investiga, describieron a Nino Meza como “un cabro trabajador, toda la vida”, aunque reconocieron que “una vez estuvo preso”.

Las mensajes desde Colombia

Mientras Jorge Vera permanecía recluido, comenzaba la extorsión. La comunicación entre los secuestradores y la familia de la víctima se mantuvo exclusivamente a través de un número telefónico con prefijo colombiano. La Fiscalía estableció que ese teléfono tiene vinculaciones con el sistema carcelario de Colombia, lo que sugiere que quienes coordinaban la negociación no estaban necesariamente en Chile.

“La persona que es el extorsionador no necesariamente está en el país por un tema de seguridad. Tenemos claro que uno de los teléfonos tiene vinculaciones con el sistema carcelario en Colombia”, precisó el fiscal.

Mega Investiga tuvo acceso a los mensajes intercambiados. La presión fue constante e implacable. En uno de los chats, el número colombiano escribió: “Porque si lo soltamos horita nos comprometemos nosotros. Voy a pasar la cuenta mía para que pase los 3 mil”. Luego insistió: “Está esperando por los 2 millones, ya le di seguridad, después de las 12 de la noche lo liberan”. Y más adelante: “Ya le voy a pasar para que me haga los 3 millones aparte”.

Las exigencias escalaron hasta los mil millones de pesos. Según consta en las declaraciones judiciales, en una videollamada uno de los captores le dijo al propio Jorge Vera que su hija había transferido 57 millones de pesos, pero que le habían pedido 170 millones. El empresario, en medio del cautiverio, les preguntó cuánto faltaba, señalando que podía conseguir más dinero vendiendo caballos.

Las condiciones del encierro además eran precarias y el tiempo apremiaba: Vera tiene enfermedades de base, lo que hacía el proceso de negociación aún más crítico. “Esas horas son de constante análisis de información y de establecer el estado de salud de la víctima porque contaba con enfermedades de base y hacía riesgoso este proceso”, señaló la PDI.

El traslado: presión policial obliga a mover a la víctima

Los investigadores establecieron que la banda tiene como práctica no mantener a las víctimas más de dos días en el mismo lugar. Mientras esto ocurría, uno de los conductores, José Salazar, monitoreaba la cobertura mediática del caso y se comunicaba con otro integrante de la banda. En uno de esos mensajes, captado por la investigación, escribió: “Estoy caliente marico porque todavía tengo a ese cochino guardado, lo tengo por allá guardado en una, en una Rosera, esperando a que combinen usted sabe qué”.

Esa presión obligó a los secuestradores a abandonar el taller de Cerro Navia y trasladar a Jorge Vera, junto a Felipe Retamales, a un segundo lugar de cautiverio, desde donde continuaron con las extorsiones.

El rastro del dinero: un cocinero de sushi en Iquique

Los datos bancarios entregados por los secuestradores para recibir los pagos fueron una pieza clave para los investigadores. El número colombiano entregó instrucciones precisas: “Banco BCI MACH, nombre Greisson. No es cuenta rut, no transfiera a otra cuenta que no sea la del BCI”.

Ese nombre llevó a los investigadores hasta Iquique, a 1.756 kilómetros de Santiago. Allí identificaron a Greisson López Arteaga, de 33 años: cocinero de sushi, chofer de aplicación y vendedor de contenido para adultos en OnlyFans. Según la Fiscalía, López Arteaga habría recibido el dinero pagado por la familia y de inmediato lo habría transferido a otras cuentas, en una operación de triangulación financiera típica del lavado de activos.

“Hay personas que están facilitando cuentas al TDA, se producen triangulaciones, se ingresa dinero ilícito al mercado legal”, explicó el fiscal.

La liberación: ojos vendados y autos en llamas

Tras concretar los pagos, la banda ejecutó el plan de liberación. Felipe Retamales lo describió en su declaración judicial: “Me hicieron cubrirle los ojos, y después me cubrí los míos, el R7 amarró la venda detrás de la cabeza y nos hicieron salir de la casa, hasta subirnos nuevamente al vehículo rojo con el que habíamos llegado, emprendiendo el recorrido sólo con el conductor”.

Desde un cité cercano a General Velásquez, la banda tomó la autopista Los Libertadores. Cerca de una estación de servicio, 180 horas después del secuestro, Jorge Vera fue abandonado en el camino.

Lo que vino después fue la destrucción de evidencia. Retamales declaró que el conductor le ordenó incendiar el vehículo: “Me dijo que le prendiera fuego al auto, por lo que le tiré bencina con unos bidones que tenía en el asiento del copiloto y que me pasó, por lo que le hice caso y comencé a tirarle bencina al auto blanco hasta que se acabó”.

“Es una práctica habitual que tiene el Tren de Aragua, lo hacen para efectos de eliminar la evidencia orgánica, huellas que puedan haber dejado en el auto, las vestimentas”, señaló la Fiscalía.

Las conversaciones que los delataron

En el celular del venezolano Franco Dávila, uno de los detenidos, los investigadores encontraron conversaciones que revelaron la estructura interna de la operación. En un audio de WhatsApp, Dávila le decía a un interlocutor: “Manito bloquea el otro número, mano escúchame, habla con Bryan que me lance lo que me tiene esta semana, porque tengo que tener cerrado mano. Por la estupidez esa que se hizo mano y esos mama huevos todavía no sueltan al marrano”.

Otros mensajes muestran el pánico que se desató dentro de la banda tras las detenciones: “Mi alma por seguridad, tengo que cambiar todo / Vente para hablar / Nino se lo llevaron / No voy solo a buscar todo y me voy / Uno no sabe lo que van a hablar / Revisa bien la casa porfa y borra todos los mensajes”. A lo que alguien identificado como “VIDA” respondía. Otro mensaje resumía el estado de la situación: “Mi hermano de verdad me salvaste metido en un problemón”.

El resultado: cinco detenidos, investigación abierta

Hasta el cierre de este reportaje, la PDI junto a la Fiscalía ECOH han concretado la detención de cinco personas: tres venezolanos y dos chilenos, entre ellos el dueño del taller mecánico de Cerro Navia y el hombre que acompañó a Jorge Vera durante el cautiverio. Pero los investigadores son claros: la banda fue más numerosa.

Desde su liberación, el empresario se ha mantenido con apoyo de su familia y de los organismos policiales. “Al momento en que fue liberado, de inmediato estuvo con su familia, con nosotros, y vimos su entereza pese a estar 180 horas en cautiverio”, señaló la PDI.

180 horas de terror. Mientras la investigación continúa, Jorge Vera trata de sobreponerse al peor momento de su vida.

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