Columna de Mauricio Morales: "Gabriel Boric 2029"

Por Mauricio Morales, doctor en Ciencia Política, profesor titular, Universidad de Talca-Campus Santiago.

El expresidente Boric no oculta sus intenciones de convertirse en el candidato del Frente Amplio para las elecciones de 2029. Si bien no lo dijo explícitamente, sí dejó entrever que su nombre estará entre las alternativas disponibles cuando llegue el momento. Este tipo de declaraciones no es común entre los expresidentes. En general, se alejan por un buen rato de los asuntos contingentes y, cuando pueden, esquivan las preguntas sobre una eventual repostulación. Boric, en cambio, optó por una señal más directa, honesta y transparente, que puede ayudar a ordenar a una izquierda que todavía no encuentra el rumbo y cuyos liderazgos producen solo desazón.

¿Por qué Boric hizo esta declaración? Hay varias razones. La primera es que los expresidentes suelen ganar respeto dentro de sus partidos, y Boric, como primer presidente del Frente Amplio, se autopercibe como un liderazgo natural. Ganó por paliza una primaria que, al principio, parecía imposible. Aunque entró tarde a ese proceso y muchos pensaron que su participación solo buscaba revestir de legitimidad la candidatura de Daniel Jadue, lo barrió electoralmente, algo que el exalcalde aún no ha superado.

En la primera vuelta presidencial obtuvo un amargo segundo lugar con un 25,8%, detrás de Kast, pero en el ballotage lo apabulló, sacándole más de 20 puntos en Valparaíso y en la Región Metropolitana.

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Segundo, Boric terminó su período presidencial con una aprobación de cerca del 30%, una cifra suficiente para sentar las bases de una nueva candidatura. Tercero, la encuesta CADEM de mediados de mayo muestra que las opiniones positivas sobre el expresidente alcanzan el 44%, un porcentaje respetable.

Cuarto, Boric sabe que hay liderazgos locales del FA con alta valoración ciudadana. Entre ellos está Tomás Vodanovic, alcalde de Maipú, quien encabeza los rankings de popularidad. El problema es que los alcaldes suelen aparecer en lugares expectantes después de una elección, pero ninguno ha logrado cruzarse la banda presidencial. Quinto, a diferencia de esos liderazgos locales, los expresidentes suelen terminar sus mandatos con equipos de asesores que quedan con ganas de seguir, lo que los impulsa a buscar una nueva oportunidad de gobernar Chile.

Sexto, Boric sabe que, fuera de esos liderazgos locales, la izquierda sufre una anemia a nivel nacional. Basta con mirar el elenco en la Cámara, en el Senado y en las directivas de los partidos para darse cuenta. Séptimo, Boric también está consciente de que el gobierno de Kast no bajará los brazos hasta demoler su gestión presidencial. Alguien, y quién mejor que él, tendrá que salir a defender los logros de su administración.

Octavo, la oposición todavía no reconoce sus límites partidarios. No sabemos si va desde el PC hasta la DC, incluyendo al FA, o si el FA y el PC buscarán revivir Apruebo Dignidad y dar por sepultada una reedición del pacto que le dio gobernabilidad a Boric. Tampoco hay claridad respecto del rol de la DC. En ese escenario, y dado su aprendizaje político entre 2022 y 2026, Boric debiese ser lo suficientemente hábil como para rearmar una coalición inédita que incluya, en un mismo pacto, a la DC, el PC y el FA. No se trata de volver a la Nueva Mayoría, sino de ampliar los márgenes dentro de los cuales se desarrolló su gobierno.

La declaración de Boric, en consecuencia, debe interpretarse como una primera señal de que el expresidente, aunque suene obvio decirlo, seguirá políticamente activo y que, incluso, ya está pensando en lo que sucederá de aquí a cuatro años. Al mismo tiempo, les imprime cierta presión a los demás líderes del FA y a los partidos de centroizquierda. Si bien es cierto que falta demasiado para la próxima elección presidencial, siempre es saludable que los liderazgos naturales de los partidos asomen sus ideas y proyectos políticos, especialmente en una izquierda que todavía no digiere el polvo de la derrota electoral.

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