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Columna de Mauricio Morales: "Reformas al sistema político"

Por Mauricio Morales, doctor en Ciencia Política, profesor titular, Universidad de Talca-Campus Santiago.

Seguramente, el tema que encabeza esta columna es el menos sexy de todos, pero, desde mi perspectiva, el más importante para corregir algunas falencias de nuestro sistema político. Pocas veces me ha tocado estar más de acuerdo con un proyecto de cambio institucional como el que ha presentado el gobierno. Mis argumentos para respaldar esta iniciativa son los siguientes.

Primero, el proyecto tiene como objetivo reducir la fragmentación desde sus orígenes. En la reforma de 2015 se rebajaron innecesariamente las barreras de entrada para formar partidos, al punto de exigir solo un 0.25% de afiliados, tomando como base la votación emitida en la última elección de diputados. Dado, además, que los partidos podían constituirse solo en tres regiones contiguas, se abrió espacio para formar organizaciones pequeñas, personalistas, inestables, de corta duración, pero que podían acceder a recursos públicos. Todos los incentivos, entonces, estaban mal puestos, pues se podían formar partidos a bajo costo y acceder a beneficios monetarios estatales. La reforma del gobierno sube las exigencias al doble para formar partidos y solo aquellos con representación en el Congreso podrán acceder a recursos públicos. Adicionalmente, los partidos deberán constituirse a nivel nacional, eliminando así a los partidos regionales conformados solo en tres regiones contiguas.

Segundo, la reforma aumenta los requisitos para candidaturas independientes. Del 0.5% de patrocinios, tomando como base la votación en la última elección de diputados, se pasaría al 0.5% del padrón electoral, existiendo la posibilidad de aprobar otra exigencia adicional para el caso de candidaturas independientes que compitan para una elección presidencial: que esos apoyos (firmas) se consigan en al menos ocho regiones. Las exigencias para candidaturas independientes, de todos modos, iban a aumentar sí o sí producto de la restitución del voto obligatorio. En las recientes elecciones se tomó como base los resultados de la elección de 2021 en que votaron cerca de 7.1 millones de chilenos. Los candidatos presidenciales debían obtener, entonces, poco más de 35 mil firmas. Para 2029 el cálculo se hará sobre la base de la participación electoral de 2025 o, si se aprueba la indicación señalada, en función del padrón electoral vigente para 2029. Esto implica, aproximadamente, un volumen de firmas entre 68 mil y 79 mil. Desde mi perspectiva, el proyecto pudo ser aún más agresivo en cuanto a las exigencias.

Por ejemplo, eliminar o reducir a la mitad la devolución fiscal por voto recibido para aquellos candidatos con menos del 5% de los sufragios. Esta medida, sumada a la propuesta del gobierno, produciría un efecto directo sobre la proliferación de candidatos, que a pesar de conseguir las firmas para postularse a la presidencia, en la elección final obtienen en torno al 1%.

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Tercero, y como adelanté, en materias de financiamiento el proyecto no solo establece el acceso a recursos públicos exclusivamente a partidos con representación en el Congreso, sino que además indica que si un legislador renuncia a un partido, esos recursos asignados al partido de origen se mantienen. Esto evitará que ciertos legisladores actúen como verdaderos mercenarios, y que existan partidos dispuestos a recibirlos solo por un afán económico. Los legisladores que renuncian a un partido, en la práctica, ya no andarán por el Congreso con una bolsa de dinero a repartir, y tampoco podrán chantajear a su partido de origen bajo la amenaza de que este pierda recursos en caso de que el legislador decida abandonar la militancia. La reforma, entonces, intenta orientar la política hacia los partidos como agencias colectivas, y no a los candidatos como individuos con un poder desmesurado.

Cuarto, el proyecto limita al 50% la porción de independientes dentro de la lista de un partido que compite para las elecciones de diputado o senador. Esto también es una excelente noticia. La tarea de los partidos no es buscar en los independientes lo que no encuentran en sus militantes, sino que reconstruir sus bases territoriales y sociales.

En síntesis, esta reforma apunta en la dirección correcta. Por un lado, elevará las barreras de entrada para formar nuevos partidos y para las candidaturas independientes. Por otro, obligará a los partidos a estar más atentos a la formación de militantes que a la búsqueda de famosillos independientes que llenen sus listas de candidatos.

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