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Columna de Mauricio Morales: Tápenlo con diario

Por Mauricio Morales, doctor en Ciencia Política, profesor titular, Universidad de Talca-Campus Santiago.

Triste final el del Frente Amplio. Sumido en una crisis de corrupción que aún no toca fondo, sus principales líderes se comienzan a ganar el encono de la opinión pública. Es cierto que los casos vinculados a fundaciones han afectado principalmente a RD, pero la ciudadanía no distingue entre el partido de Jackson, Convergencia Social (CS) o Comunes.

La marca está deteriorada. Probablemente, sea el momento de formar un nuevo partido con un nombre distinto, agrupando todos los pedazos que en su momento representaron la renovación política del país. Suena desolador, pero el Presidente Boric ganó la elección de la mano de partidos nuevos, y hoy se refugia en los partidos viejos. La fuerza, como he dicho en otras columnas, la hace el Socialismo Democrático (SD) y el PC. No hay más.

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El Presidente ha hecho un esfuerzo, eso sí, por premiar a su partido, CS. En este último cambio de elenco le entregó la codiciada Subsecretaría de Desarrollo Regional, agencia clave de cara a los comicios locales y nacionales de 2024 y 2025. Probablemente, Boric esté pensando en un tridente partisano de apoyo: SD, PC, y CS. Sea cual sea la fórmula, la coalición denominada Frente Amplio ya no existe. El propio mandatario sacrificó públicamente al líder de RD y, sin vacilar, también lo hizo con ese partido, relegándolo a Bienes Nacionales, el ministerio de menor envergadura.
 
El golpe de gracia lo dio la exPresidenta Bachelet. Es increíble, pero luego de gobernar dos períodos, no descartó una nueva candidatura. Ya se dio cuenta de que en su sector el campo está vacío, sin liderazgos, sin fuerza, y sin ganas de luchar. Es como si toda la izquierda ya estuviese entregada a Kast y que durante estos dos años que quedan de gobierno, la idea fuese solamente amortiguar la pérdida.

Debe sentir mucha desazón la exPresidenta. No por nada fue ella misma la que impulsó el ingreso formal del PC a la coalición de gobierno en 2013, mirando con simpatía el movimiento estudiantil encabezado por la generación dorada de la política chilena. Debe haber visto con agrado cómo esos jóvenes se imponían cómodamente en las elecciones legislativas, pensando probablemente en que más temprano que tarde su partido- el Socialista- cortaría todo vínculo con la DC para correr a los brazos de la izquierda.

Lo anterior sucedió, pero está culminando de mala manera. Bachelet toleró el maltrato a los famosos 30 años, y se la jugó por Boric en la segunda vuelta de 2021. Recientemente, además, salió a respaldar la reforma previsional que encabeza la ministra Jara. Se le puede criticar cualquier cosa a Bachelet, menos su compromiso con un bloque de izquierda.

¿Qué hacer en este nuevo escenario? Varias cosas. Primero, dar por terminado el Frente Amplio como coalición política. Aunque suene paradójico, es el Frente Amplio el que se debe refundar, y no Chile. Segundo, al menos cambiar el nombre a Apruebo Dignidad. Aunque sea una coalición joven, parece añeja, derrotada y sin algo que ofrecer. Tercero, fortalecer la mancuerna entre SD y PC. Es natural que el Presidente asuma este nuevo escenario con tristeza, pero es el único camino que le queda. Cuarto, renunciar a las reformas tributaria y previsional tal como las ha planteado. Es mejor suscribir un compromiso con la derecha para aumentar la PGU y dejar para más adelante el destino del 6% de cotización adicional, a no ser que el gobierno acepte que ese 6% vaya a capitalización individual, pero modificando el sistema de AFP. Esto implica, como mínimo,  que estas instituciones absorban las pérdidas y que no siempre los platos rotos los termine pagando el afiliado.

Si el Presidente no avanza en ambos puntos -tributaria y previsional- su cuenta pública de 2024 será un verdadero muro de los lamentos. Nadie quiere eso. Ya son demasiadas derrotas. De no ceder frente a la derecha, Boric concluirá su mandato sin cambios estructurales, sin el Frente Amplio, sin Apruebo Dignidad, y muy probablemente, sin nueva Constitución.

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