Columna de Mauricio Morales: "Cirugía mayor o autopsia"

Revisa en detalle la columna dominical del doctor en Ciencia Política y profesor titular de la Universidad de Talca, Mauricio Morales, la que se titula: 'Interpelar al canciller'.

No se lo mandó a decir con nadie. En su estilo directo, respetuoso, pero punzante, la presidenta del Senado sostuvo que el gabinete del presidente Kast necesitaba una cirugía mayor. En su opinión, el gobierno arrastra un evidente déficit político y, al mismo tiempo, sus ministros parecen disponer de demasiada libertad para emitir opiniones que, en ocasiones, terminan por sobrepasar los límites comunicacionales de sus respectivas carteras.

Es una crítica que difícilmente puede separarse de su reciente conflicto con el ministro de Defensa, Fernando Barros, a quien Paulina Núñez ya había cuestionado por “opinar de todo” y que, en algunos momentos, parece sentirse una especie de segundo canciller.

Con todos estos puntos sobre la mesa, la senadora Núñez remató diciendo que “el presidente tiene que conducir y coordinar esto de manera distinta” y que el gobierno necesita una vocería con dedicación exclusiva para elaborar los mensajes correctos y comunicarse con la ciudadanía. Para lograrlo, sostiene Núñez, es indispensable incorporar a personas con experiencia política y con redes partidarias. Si bien valoró la dupla formada por Claudio Alvarado y José García Ruminot, planteó que Alvarado debiese concentrarse en Interior y dejar la vocería en manos de una figura dedicada exclusivamente a esa función.

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Lo que está diciendo la senadora, entonces, es que el diseño original del gobierno requiere una corrección profunda, que los ministros independientes deben entender que la autonomía tiene límites dentro de un gabinete, que los partidos deben entrar con mayor fuerza en la conducción política y que Alvarado debiese dejar la función de vocería para abrir espacio a un rostro con mayores dotes comunicacionales.

Desde hace rato en RN hay malestar por la forma en que el gobierno se vincula públicamente con la ciudadanía y por el desorden de un gabinete cuyos integrantes, muchas veces, parecen competir por el ranking de popularidad. Ese malestar también comienza a proyectarse hacia 2027, un año que podría ser bastante más conflictivo. En los dos gobiernos de derecha encabezados por el presidente Piñera, la protesta callejera explotó precisamente en el segundo año de su mandato. En 2011 fueron las marchas estudiantiles y en 2019 el estallido social. El problema es que un gabinete con poca experiencia política puede desenvolverse relativamente bien mientras el escenario permanezca estable, pero una mayor presión ciudadana, expresada en marchas o protestas violentas, puede hacer crujir rápidamente la estantería del presidente Kast, y de ahí surge el llamado de Núñez a anticiparse antes de que esa presión comience a sentirse.

Desde el gobierno seguramente responderán que ese escenario puede ser distinto, pues el presidente y el ministro Quiroz han insistido en que la actividad debiese comenzar a repuntar hacia el último trimestre de 2026 y durante 2027. En La Moneda también podrían sostener que la actual vocería aún tiene margen para consolidarse. Además, la fusión de Interior y Segegob forma parte del diseño institucional definido por el gobierno para reducir el número de ministerios, por lo que separar ahora ambas funciones implicaría revisar una decisión ya adoptada. Cambiar ese diseño apenas seis meses después de asumir podría interpretarse, además, como otra señal de que la arquitectura original del gobierno comenzó a mostrar dificultades mucho antes de lo previsto.

Pero la senadora Núñez seguramente seguirá insistiendo, porque sus críticas encuentran antecedentes que van más allá de una disputa comunicacional. Los gobiernos de derecha ya han enfrentado dificultades derivadas de la distancia entre los equipos técnicos y los partidos políticos, hasta el punto de tener que recurrir posteriormente a parlamentarios para reforzar políticamente el gabinete. A esa experiencia se suma ahora la incertidumbre económica. Si bien el ministro Quiroz se muestra seguro en sus pronósticos, el Banco Central acaba de reducir con fuerza la proyección de crecimiento para 2026 y la recuperación prevista para 2027 todavía depende de que se materialicen varios de los impulsos asociados a la inversión.

La calle añade otra fuente de incertidumbre, pues la FECh y otras organizaciones estudiantiles ya han convocado movilizaciones en el marco de la discusión presupuestaria de 2027. En la gestión interna, en tanto, el gobierno ha tropezado dos veces en el Congreso por márgenes de apenas un voto. Sucedió con una norma central del financiamiento de Sala Cuna Universal, que obtuvo 25 votos cuando requería 26, y con la reforma constitucional que buscaba ampliar el plazo de detención de extranjeros con orden de expulsión, que obtuvo 88 cuando necesitaba 89. Por eso mismo, Núñez ha insistido en buscar acuerdos más amplios, de modo que las principales iniciativas del Ejecutivo dejen de depender de que el PDG entregue algunos votos en la Cámara o del respaldo de un par de senadores.

En síntesis, la advertencia de Núñez merece atención. El diseño con el que Kast instaló su gobierno tendrá que enfrentar una economía que sigue siendo muy difícil para buena parte de la ciudadanía, una calle que podría comenzar a despertar y un Congreso que muestra señales cada vez más claras de hostilidad hacia el Ejecutivo. Son tres frentes que pueden tensionar rápidamente a un gabinete con poca experiencia política y obligar al Presidente a modificar antes de tiempo la fórmula con la que llegó a La Moneda. La cirugía mayor, en consecuencia, parece bastante más razonable que esperar a que el optimismo de Kast y Quiroz choque con la realidad y el diagnóstico termine convertido en autopsia.

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