Columna de Mauricio Morales: "La derecha no sabe vivir en paz"

Por Mauricio Morales, doctor en Ciencia Política, profesor titular, Universidad de Talca-Campus Santiago.

El gobierno tiene todo para cerrar bien un año que comenzó con un desorden monumental e improvisaciones de todo tipo, que incluyeron un cambio de gabinete, la salida de cinco subsecretarios y las renuncias de más de treinta seremi. A esto se sumó un problema evidente en el plano comunicacional que Mara Sedini confirmó en su polémica entrevista.

En el ámbito económico, el gobierno cargó sobre los ciudadanos el costo de la crisis internacional, que derivó en un brusco incremento del precio del petróleo y echó por tierra buena parte de las expectativas de quienes se habían ilusionado con las promesas del nuevo presidente. En las encuestas, el gobierno, que arrancó con un 57% de respaldo, llegó a registrar un magro 36%, cifra que parece representar su piso y, al mismo tiempo, su núcleo más duro de apoyo. 

En medio de este caos, el ministro Quiroz decidió llevar adelante la reforma económica más neoliberal desde el inicio de la redemocratización en Chile, sin contar, por sí solo, con las mayorías suficientes para aprobarla en el Congreso. Algunos de sus propios colegas llegaron a señalar que el gobierno prácticamente se jugaba la vida en una reforma que rebaja el impuesto corporativo, impone la invariabilidad tributaria y barre con la permisología, entre otras cosas. Sin embargo, el trabajo de hormiga que realizó el equipo político encabezado por los ministros Alvarado y García permitió sacar adelante la tarea. Primero con el PDG en la Cámara y después con algunos senadores de esa suerte de “semi-oposición” que se ha ido configurando en el Senado. La reforma se aprobó y llegó el momento de celebrar.

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Sin embargo, la derecha, como siempre, termina por marcarse sola. En una disputa difícil de comprender a estas alturas, el presidente de Republicanos se fue con todo en contra del subsecretario Pavez y del ministro Alvarado, sin medir demasiado las consecuencias. Les dijo de todo a raíz de la salida del subsecretario Rodríguez, quien arrojó positivo en un primer test de drogas. Habló de que en el gobierno había gente inmoral y exigió a Pavez que le ofreciera disculpas al renunciado subsecretario de Hacienda.

En medio de esta discusión, desde los propios partidos de gobierno se criticó el desempeño de Alvarado como vocero. Incluso desde RN se señaló que había buenos nombres para cumplir con esa función y así mejorar las comunicaciones, una crítica que se ha instalado con cierta fuerza dentro del oficialismo. No obstante, parece que a esos políticos se les olvidó algo clave. El propio gobierno ha insistido en reducir el número de ministerios y una forma explícita de hacerlo consiste en fusionar Interior con SEGEGOB. De hecho, se está preparando un proyecto para cumplir este objetivo.

¿Cómo votarán esta propuesta los legisladores oficialistas si, a la primera de cambios, comienzan a ofrecer candidatos para ocupar la vocería y mantener viva una cartera que el propio gobierno pretende eliminar? ¿No se dan cuenta de la tremenda contradicción? Es comprensible que los partidos quieran acceder a cuotas de poder en el gobierno y que la SEGEGOB sea una cartera especialmente atractiva para ese propósito. Pero si el propio presidente Kast tiene como objetivo reducir el número de ministerios y esa meta forma parte de un acuerdo transversal dentro del oficialismo, no parece muy razonable salir a ofrecer nombres para una cartera que se quiere fusionar y terminar empujando, en la práctica, otro cambio de gabinete.

Resulta increíble, pero de esto se discutió durante la semana más importante para el gobierno. La última CADEM muestra una aprobación del 40%, mientras que el respaldo al Plan de Reconstrucción aumentó del 42% al 49%. Las expectativas sobre sus efectos todavía son moderadas, pero si el ministro Quiroz tiene razón, la economía debiese comenzar a mostrar señales de recuperación durante el último trimestre y ofrecer un panorama bastante más auspicioso para 2027.

Si a eso se suma una legislación agresiva en seguridad y una oposición que sigue en el suelo, el gobierno tiene una oportunidad evidente para recuperar a parte de los ciudadanos que se desencantaron durante sus primeros meses y llegar en mejores condiciones al ciclo electoral de 2028-2029. La derecha debiese entender lo que tiene por delante. En una de esas, este puede ser el primer gobierno de su sector en al menos un siglo capaz de entregarle la banda presidencial a uno de los suyos. Para conseguirlo, eso sí, tendrá que aprender algo que históricamente le ha costado demasiado: Vivir en paz. El problema es que le da pánico la paz y le fascina la pelea chica.

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