Columna de Mauricio Morales: "Despertaron los moderados, pero tarde"

Por Mauricio Morales, doctor en Ciencia Política, profesor titular, Universidad de Talca-Campus Santiago.

Las declaraciones de Evelyn Matthei sobre el gobierno de Kast no han pasado inadvertidas.

Primero, no tuvo empacho en criticar la megarreforma del ministro Quiroz, en particular en materia de empleo. Segundo, en un programa matutino de esta semana, sostuvo que el gobierno no tenía ningún plan de emergencia y que, entre dos subsecretarios y un ministro, era imposible enfrentar los graves problemas de seguridad del país. Esto, por cierto, desató una ola de críticas desde el Partido Republicano, entre las que sobresalió la del diputado Agustín Romero, quien sostuvo que Matthei no era una figura relevante.

Adicionalmente, un pequeño grupo de diputados RN, encabezado por Diego Schalper, decidió no respaldar la acusación constitucional contra el exministro de Hacienda Nicolás Grau. Todo esto instaló un clima particularmente combativo en una alianza de gobierno que apenas lleva poco más de cien días. Al parecer, existe cierto ánimo en la denominada derecha moderada para plantarse frente a la derecha radical y abandonar el papel de vagón de cola.

Harto tarde se dieron cuenta, eso sí. En la campaña presidencial, el equipo de Matthei decidió no enfrentarse desde el primer minuto a José Antonio Kast, sin advertir que esa estrategia abriría, tarde o temprano, la discusión sobre cuál de los dos candidatos era el original y cuál la copia dentro de la oferta de derecha.

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Chile Vamos, casi con sentimiento de culpa, respaldó la reforma previsional del gobierno de Boric y fue incapaz de salir a defender ese avance en materia de seguridad social frente a los implacables ataques de la derecha radical. Ese fue el momento, precisamente, para salir con todo, sin complejos, sin vergüenza y con artillería pesada. Pero el miedo primó por sobre la convicción, y la sumisión se impuso a la valentía.

Seguramente, más de algún asesor le sugirió a Matthei “no tocar” a Kast porque eso ponía en riesgo la unidad del sector y porque era mejor dejarlo tranquilo, ya que las encuestas indicaban que no tenía opción de crecimiento. Ahí estuvo el doble error. La candidatura de Matthei entró en un bache, perdió intensidad y su protagonismo se desvaneció con rapidez. Kast, en cambio, mantuvo el ritmo de campaña y sólo dejó de atacar cuando el resultado ya estaba cocinado. Matthei pataleó, pero ya era demasiado tarde.

Lo que debe entender la derecha moderada, entonces, es que el conflicto y la lucha son connaturales a la política, pero que la necesidad de acuerdos también es indispensable para avanzar. Todo esto puede parecer muy obvio, pero a Chile Vamos hay que explicarle las cosas de manera simple. En la campaña presidencial de 2025 colaboraron con el gobierno, como acabo de decir, en una reforma del sistema de pensiones.

Sin embargo, no fueron capaces de salir a cacarear el huevo y dejaron que la derecha radical se les viniera encima sin contemplación alguna. Ahora, en el contexto del nuevo gobierno, la derecha moderada debe hacerse sentir, pues de lo contrario será el verdadero pato de la boda. ¿O creen que la derecha radical quiere que sean amigos y que construyan una amplia coalición de derecha?

Si piensan eso, están muy equivocados. La única forma de crecimiento que tiene la derecha radical es precisamente a costa de la derecha moderada, cuyos electores le son ideológicamente más cercanos.

Además, el gobierno del presidente Kast ha dado suficientes muestras de que no le interesan demasiado la UDI ni RN. Por ahora, le sirven como extensión de su base política y, además, aprovecha las habilidades de algunos de los actuales ministros. Pero cuando llegue el momento de definir la lucha hegemónica en el sector, a Kast no le temblará la mano para optar por su partido político.

Como nunca en la historia reciente de Chile, esta lucha hegemónica se da a tres bandas. En el siglo XX y hasta la crisis de la derecha en 1965, la disputa fue entre liberales y conservadores.

Con la nueva democracia, el conflicto se trasladó a RN y la UDI. Hoy enfrenta a la derecha radical y a la derecha moderada, con el añadido del Partido Nacional Libertario, el proyecto ideológico-identitario más nítido del sector.

 

Si Chile Vamos no quiere sucumbir en esta disputa, sus dirigentes deben empezar a jugar de manera más inteligente y estratégica, evaluando cuán costoso es seguir dando el amén a cualquier decisión que venga desde el frente, incluidas sus locuras y absurdos.

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