Columna de Mauricio Morales sobre cambio de gabinete: "No había otra salida"

Por Mauricio Morales, doctor en Ciencia Política, profesor titular, Universidad de Talca-Campus Santiago.

El presidente Kast tomó la decisión correcta. Las salidas de Mara Sedini y Trinidad Steinert eran inevitables. Y dado que siempre es mejor un final con dolor que un dolor sin final, transformarse en el gobierno que desde 1990 más rápido cambió sus equipos no fue obstáculo para avanzar en esta dirección. Es más. Este cambio de gabinete sólo puede asimilarse al que hizo la presidenta Bachelet a 126 días de haber asumido, y que involucró la salida de Andrés Zaldívar del Ministerio del Interior, además de las carteras de Economía y Educación.

Con Kast, en tanto, salen dos ministras de áreas particularmente críticas, como la Secretaría General de Gobierno y el Ministerio de Seguridad, ambas ubicadas los últimos lugares en el ranking de evaluación realizado tanto por CADEM como por Criteria.

Es cierto, como dijo Kast, que no estaba en sus planes cambiar los equipos tan temprano, pero muchas veces los presidentes se ven obligados a tomar decisiones difíciles. La ministra Steinert tenía encima un informe, al parecer adverso, de la Contraloría por la salida de la exsubdirectora de Inteligencia, Crimen Organizado y Seguridad Migratoria de la PDI, Consuelo Peña.

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A eso se sumó la bochornosa presentación ante la Cámara de los primeros lineamientos de un plan de seguridad, y, para rematar, el anuncio de interpelación por parte de los diputados opositores. En el caso de Mara Sedini el problema fue que nunca pudo tomar las riendas del cargo. Ante los primeros errores en la verbalización del mensaje y la manera de enfrentar a los medios, mostró inseguridad y nerviosismo, dos cosas que los voceros deben controlar desde el inicio. La SECOM también le jugó en contra, con ideas tan absurdas como la de un “Estado en quiebra”.

Los que asumen son personas conocidas para el presidente. Como biministro de Interior y SEGEGOB entra Claudio Alvarado. En Seguridad lo hace Martín Arrau, quien dejó la cartera de Obras Públicas.

El presidente, entonces, optó por rostros que ya estaban en ejercicio de sus funciones, sin buscar liderazgos nuevos. Esto puede interpretarse de dos formas. Primero, como señal de que la micro ya está llena y que no hay espacio para improvisar. Segundo, como una muestra de la falta de elencos capaces de reforzar al gobierno.

Sea cual sea la interpretación, lo cierto es que Kast comienza tempranamente a refugiarse en su entorno de campaña, pero con la ventaja de incorporar a los partidos en puestos clave. Evidentemente, como siempre lo advertí desde esta tribuna, fue un error de origen haber nombrado a independientes en tres cuartas partes del gabinete, incluyendo la SEGEGOB y Seguridad. Con este cambio, la UDI queda con el mando político del gobierno y Republicanos se queda con el ministerio que forma parte central de las promesas de campaña del presidente.

A pesar de que estos cambios representan una decisión positiva, el gobierno deberá enfrentar y corregir un problema en su mensaje. No es razonable decirle al país que estamos en una situación de emergencia para, a renglón seguido, sostener que los resultados demoran y que no son de un día para otro. ¿No se dan cuenta de la tremenda contradicción que tiene ese relato?

Cuando una persona está en una sala de emergencia, los médicos deben actuar con celeridad y eficiencia. Es decir, controlar la crisis y producir una sensación de mejora inmediata en el paciente, teniendo como objetivo salir de esa sala y trasladarlo a una unidad distinta. Si el presidente cree que una emergencia se enfrenta con lentitud y sin resultados inmediatos, entonces deberá escoger. O el país está efectivamente en emergencia y los resultados no tardarán en mostrarse, o el país no está en emergencia y, por lo mismo, los resultados vendrán a su debido tiempo.

Los ministros y asesores tendrán como tarea comunicar y explicar esta tremenda contradicción al mandatario. De no hacerlo, la decepción ciudadana irá en aumento. Algo de eso mostró la reciente encuesta CADEM, donde el 65% cree que los inmigrantes irregulares no serán expulsados, sino que seguirán viviendo en el país, percepción que aumentó en 15 puntos respecto de la medición de marzo. En consecuencia, si bien este cambio de gabinete desahogó al gobierno, persisten serios problemas de estilo y de relato político que deben ser corregidos a la brevedad.

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