Columna de Mauricio Morales: "La nueva vocera"

Por Mauricio Morales, doctor en Ciencia Política, profesor titular, Universidad de Talca-Campus Santiago.

Todo gobierno comienza con una promesa de orden comunicacional que rara vez se cumple. Los ministros quieren hablar, los asesores compiten por influir, afloran los celos por quién está más cerca del presidente, y la prensa aprovecha cualquiera de estas debilidades internas para transformarlas en noticia. Por eso mismo es que los voceros, a diferencia de los demás ministros, deben aprender rápido. Su misión es comunicar, pero también responder a los emplazamientos de la oposición e, incluso, salir a defender al presidente. No es sencillo, eso sí, coordinar las vocerías y convertir a la Secretaría General de Gobierno en la principal fuente de información oficial. No faltan los ministros que actúan por cuenta propia y deciden declarar asuntos impropios ante los medios, lo que obliga al vocero o vocera a salir a explicar lo inexplicable, quedando muchas veces en ridículo.

Un buen vocero, entonces, debe contar con suficiente peso político para ordenar jerárquicamente la comunicación del gobierno. Por cierto, también necesita que la SECOM funcione como un órgano profesional y técnico que, como primera tarea, se asegure de que las minutas enviadas a los equipos ministeriales no terminen filtradas a la prensa. Otro elemento clave es que el diseño comunicacional no tenga como eje exclusivo al presidente, sino al gobierno en su conjunto. Para Kast lo más importante será mostrar resultados con rapidez, y para eso es clave la acción de la vocera. No basta con realizar un punto de prensa comunicando una noticia relevante. Esa noticia debe ser parte de un trabajo coordinado entre los distintos ministros y sus equipos. Tampoco sirve que las vocerías se transformen en un ejercicio de personalismo, pues en ese caso la comunicación se reduce a un gesto público con nulo impacto político.

Mara Sedini será la encargada de liderar esta tarea. Pero su éxito no depende exclusivamente de sus habilidades comunicacionales, sino también de lo que hagan o digan los demás ministros. En el marco de la crisis por el cable chino, por ejemplo, el nuevo ministro del Interior señaló que el presidente electo no tenía información alguna sobre el asunto. Al día siguiente, y en abierta contradicción con esa versión, Kast reconoció que el tema sí había sido mencionado en la controversial conversación de 16 minutos que sostuvo con Boric, aunque en el contexto de otros siete asuntos adicionales. La nueva vocera tuvo que salir a explicar algo que, a todas luces, constituye una contradicción evidente. Por ahora, este tipo de situaciones pueden tolerarse, pero una vez instalado el gobierno se transformarán inevitablemente en conflictos políticos muy apetecidos por la oposición.

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Sedini, además, debería tener en cuenta la historia y las cifras. En la SEGEGOB, desde 1990, ha habido 23 nombramientos, correspondientes a 21 personas distintas encargadas de dirigir las comunicaciones del gobierno. En promedio, los ministros han permanecido 572 días en el cargo. El récord lo comparten Enrique Correa (1990-1994) y Camila Vallejo (2022-2026), quienes completaron los cuatro años de los gobiernos de Patricio Aylwin y Gabriel Boric, totalizando 1461 días. Más atrás aparece José Joaquín Brunner, que acumuló 1411 días en el cargo durante el gobierno de Eduardo Frei Ruiz-Tagle, cuyo mandato se extendió por seis años. Tanto Cecilia Pérez como Francisco Vidal han ejercido esta función en dos oportunidades. Si se consideran los primeros voceros nombrados por los ocho gobiernos desde 1990, el promedio alcanza 680 días en el cargo. Dentro de ese grupo, el que menos tiempo ejerció la vocería fue Víctor Manuel Rebolledo, nombrado por el presidente Frei Ruiz-Tagle el 11 de marzo de 1994, pero que solo permaneció 193 días en funciones.

Estos antecedentes ayudan a comprender el desafío de la nueva vocera, que desde mi perspectiva, debiera resguardar al menos cinco elementos. Primero, que la comunicación política se centralice en su ministerio como unidad técnica. Segundo, que la SECOM recupere el profesionalismo, elaborando informes útiles basados en metodologías y tecnologías actualizadas. Tercero, que lo central sea mostrar resultados, evitando responder cada emplazamiento de la oposición. Cuarto, que dicha oposición buscará el conflicto, pero caer en la provocación implica renunciar a lo clave: comunicar los logros del gobierno. Quinto, entender que un vocero debe tener opinión sobre todo, pero que ello no implica buscar permanentemente a la prensa para hablar de ese todo, pues el margen de error es alto y el costo político puede ser inmediato. En definitiva, la vocería no es un ejercicio retórico, sino una función de poder. Cuando falla, el gobierno aparece desordenado, y cuando funciona, el gobierno se adueña de la agenda política y deja a la oposición como un actor de reparto.

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