La despidieron por quejarse de su jefe y le debieron pagar millonaria indemnización

Plantear una queja laboral en una reunión de trabajo nunca debería ser el motivo para perder el empleo. Sin embargo, esto es precisamente lo que le ocurrió a una trabajadora que, tras conseguir un importante ascenso con traslado internacional incluido, vio cómo su carrera se truncaba de golpe por el simple hecho de manifestar su disconformidad con las conductas de un superior.

Ahora, la justicia ha tomado cartas en el asunto y ha dictaminado que la empresa deberá abonarle una jugosa indemnización de 50.000 euros (alrededor de $51.900.000 CLP).

El origen de la llegada a su nuevo trabajo

La historia, recogida originalmente por el diario Irish Times y analizada por la Comisión de Relaciones Laborales de Irlanda (WRC), pone de manifiesto una grave vulneración de los derechos fundamentales de los empleados.

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Según los detalles del caso, la afectada había asumido un cargo de alta responsabilidad que conllevaba mudarse a Irlanda. Seis meses después de iniciar sus nuevas funciones, y coincidiendo en el tiempo con las preocupaciones que planteó formalmente sobre el comportamiento de su jefe, recibió la carta de despido de manera fulminante.

Un despido fulminante, por videollamada y con engaños

La forma en que la compañía gestionó la situación agravó sustancialmente los hechos. Durante una reunión presencial en la que la trabajadora expuso sus quejas, los responsables le pidieron que las pusiera por escrito. Poco después, se la convocó a una videoconferencia bajo el pretexto de que se analizarían y estudiarían dichas reclamaciones.

Sin embargo, el encuentro virtual —en el que participaban el gerente, el director de Recursos Humanos y el jefe del que se había quejado— resultó ser una trampa laboral. En lugar de abordar el problema, le comunicaron directamente que su contrato quedaba rescindido de manera inmediata, sin ningún tipo de preaviso ni procedimiento previo establecido.

El problema legal

La actitud de la corporación no mejoró durante el proceso legal. Los directivos se opusieron a celebrar cualquier tipo de audiencia para solucionar el conflicto en la que estuviera presente la víctima o su abogado.

Es más, cuando la Comisión de Relaciones Laborales los citó oficialmente para dar explicaciones, ningún representante de la empresa se presentó. Ante esta incomparecencia, la responsable del caso, Christina Ryan, dio total validez al testimonio de la empleada por considerarlo "coherente y claro".

Las razones detrás de la millonaria multa

La defensa de la empresa intentó ampararse en que la trabajadora no cumplía con el año de antigüedad mínimo que exige la Ley de Despidos Improcedentes de 1977 en suelo irlandés para reclamar una rescisión improcedente convencional.

No obstante, el organismo regulador tumbó este argumento con rotundidad. Aclaró que la falta de antigüedad no elimina, bajo ningún concepto, el derecho a un trato digno y un procedimiento justo antes del despido.

Para fijar la indemnización en los 50.000 euros, la WRC consideró la conducta corporativa como "muy grave" y aplicó varios agravantes:

  • El carácter totalmente abrupto, imprevisto y de mala fe con el que se ejecutó el despido, usando una queja interna como emboscada.
  • El enorme perjuicio causado a la reputación profesional y a la empleabilidad de la afectada, quien ha manifestado tener serias dificultades para reinsertarse en el mercado debido a este breve y turbulento paso por la compañía.
  • El esfuerzo personal y logístico que supuso para la empleada aceptar un traslado internacional para asumir sus funciones.

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