Detienen a dos hombres en Kenia por intentar contrabandear miles de hormigas a China: cada insecto puede valer hasta 100 dólares

El tráfico de vida silvestre tiene nuevas y sorprendentes formas. Dos hombres comparecieron este martes ante un tribunal de Kenia acusados de intentar contrabandear miles de hormigas hacia China, en un negocio tan insólito como rentable que ya había derivado en condenas el año pasado por delitos similares.

El primero de los acusados, un ciudadano chino, fue detenido la semana pasada en el aeropuerto internacional de Nairobi cuando intentaba abordar un vuelo con más de 2.200 hormigas escondidas en su equipaje. Entre ellas, 1.948 ejemplares pertenecían a la especie Messor cephalotes, una hormiga particularmente codiciada en el mercado asiático que puede alcanzar un precio de hasta 100 dólares por unidad en el extranjero.

El segundo imputado, de nacionalidad keniana, fue arrestado el 13 de marzo en el Valle del Rift. Las autoridades lo encontraron en posesión de mil hormigas vivas de especie no identificada y 113 ejemplares de Messor cephalotes que llevaba ocultas dentro de jeringas. Se le acusa además de haber vendido al ciudadano chino 1.300 hormigas a apenas 100 chelines kenianos cada una, equivalente a 77 centavos de dólar, una fracción mínima del precio que esos mismos insectos alcanzan una vez que cruzan la frontera.

¿Por qué valen tanto unas hormigas?

La respuesta está en la demanda. Según explicó el abogado defensor David Lusweti Namai, en China estos insectos son valorados como afrodisíacos, considerados un manjar gastronómico o simplemente adquiridos como mascotas exóticas. Esa triple condición los convierte en mercancía de alto valor en un mercado donde la disposición a pagar es considerable, lo que a su vez ha generado una cadena de tráfico que llega hasta las sabanas africanas.

El diferencial de precio es llamativo: compradas en Kenia por menos de un dólar, las hormigas pueden venderse en destino por cien. Un negocio con márgenes dignos de cualquier industria de lujo, pero con la particularidad de que sus protagonistas son insectos.

Lo que hace aún más grave el caso es que el acusado keniano no sería un actor nuevo en este circuito. Según la acusación, ya habría vendido hormigas a tres personas que fueron condenadas el año pasado por el mismo delito, lo que sugiere la existencia de una red establecida de tráfico de estos insectos desde África hacia Asia.

Ambos acusados se declararon inocentes de los cargos de tráfico de vida silvestre sin permiso y conspiración. De ser encontrados culpables, podrían enfrentar penas de hasta siete años de prisión, según informó su propio abogado defensor.

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