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Columna de Mauricio Morales: Delincuentes comunes y un robo poco común

Por Mauricio Morales, doctor en Ciencia Política, profesor titular, Universidad de Talca-Campus Santiago.

Resulta un tanto tedioso hablar del robo en el Ministerio de Desarrollo Social, pues la situación es tan extraña que ya se está tomando como chiste. En un principio, el ministro Jackson especuló sobre un eventual móvil político, lo que fue refrendado por la vocera Camila Vallejo, sosteniendo que existía una persecución contra el líder de Revolución Democrática.

Esa hipótesis era plausible. A nadie relativamente razonable se le podría ocurrir que un robo de estas características correspondía a un delito común. Mucho menos que con total desparpajo, un grupo de individuos entraría tan fácilmente a robar 23 computadores y una caja de seguridad que no contenía dinero, sino que documentos probablemente útiles para la investigación que lleva adelante la Fiscalía con motivo de las fundaciones que recibieron financiamiento directo.

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En consecuencia, resulta improcedente atribuir a la prensa o a determinados líderes partidarios la politización del robo. Fue el propio gobierno el que instaló la polémica. Otra cosa es que la intervención del ministro Cordero y del subsecretario Monsalve -en ese momento ministro de Interior subrogante- haya ido a contrapelo de esa postura, señalando que el robo fue realizado por delincuentes comunes y que la información sustraída no afecta la investigación.

El resto de la historia es conocida. El gobierno se apega a una explicación sobre la dinámica del robo, intentando dos cosas. Primero, fortalecer la tesis de que el delito es un simple “cuento del tío”. Segundo, convencer a la opinión pública de que la documentación de la caja de seguridad está respaldada. En simple, que los ladrones encontraron una oportunidad, que uno de ellos llamó desde la cárcel, haciéndose pasar por el ministro Jackson, que la conversación duró varios minutos entre el delincuente y un guardia, que el interno hablaba igual que un ministro de estado, que sus sobrinos entraron al MINDESO a extraer los equipos, y que iban vestidos y preparados para fumigar el lugar.

Sería, desde esa perspectiva, un modus operandi conocido y poco novedoso. El único problema, aparentemente, es que este robo tiende un manto de dudas porque se hace justo en medio de una investigación judicial. Pero eso sería una mera coincidencia. Por tanto, habría que sacar algunas lecciones. Entre ellas, optimizar las normas de seguridad, formar mejor a los guardias, tener cuidado con los llamados telefónicos, y ser más exigentes al momento de cotejar identidades. Nada más. Incluso, esta mirada procedimental del robo sería la correcta, pues la aprobación presidencial no se vio afectada, según la última Cadem, registrando un 32%.

Pero veamos una hipótesis alternativa partiendo por una pregunta simple. ¿Nos parece normal todo lo anterior?, ¿da para especular e identificar un móvil político?, ¿será tan sencillo entrar a un ministerio, extraer los equipos, y no encontrar aún la caja de seguridad? Incluso si se encontrara, ¿podríamos aseverar que están todos los documentos? Estas preguntas abren espacio para múltiples especulaciones.

Mi hipótesis es que acá hay un móvil político. Me resulta imposible aseverar de qué naturaleza es, pero la situación está lejos de ser normal. Es absolutamente comprensible que el gobierno y la Fiscalía arranquen de la hipótesis del “cuento del tío”, pero desde mi perspectiva, es una hipótesis insostenible a la luz de los hechos.

La secuencia del robo habla por sí misma, e incluso da espacio para tomar esto con humor. Y ahí radica el problema. Cuando las cosas graves son objeto de risa, la ciudadanía no hace más que alejarse y acumular malestar y desazón frente a los gobernantes. La única forma de detener esto es una investigación íntegra que dé cuenta no solo de la secuencia de los hechos, sino que de sus motivaciones. Hasta ahora solo sabemos que el delito fue ejecutado por delincuentes comunes, pero en un contexto poco común, con un modus operandi poco común, con actores poco comunes, y con documentos sustraídos poco comunes.

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