Quiere hablar, pero las palabras no salen: así es la apraxia infantil
- Por Meganoticias
En la mente de un niño, la palabra es perfecta. Quiere decir 'pelota'. La ve, la entiende, sabe cómo debería sonar. Pero al intentarlo, su boca produce un sonido distinto: 'tota'. Lo intenta de nuevo, con un esfuerzo que tensa su cara. 'Pela'.
No es falta de inteligencia, sino un cortocircuito entre el cerebro y los músculos del habla. Este trastorno es la apraxia del habla infantil.
A quién afecta esta condición
Esta condición impacta a niños que, a pesar de comprender el lenguaje, no pueden coordinar los movimientos necesarios para articular las palabras correctamente. La frustración es inmensa, tanto para ellos como para sus familias, que ven la lucha diaria por comunicarse.
El desafío se extiende al entorno familiar, que se convierte en un pilar fundamental para el tratamiento y el progreso.
Las consecuencias en la vida diaria
La especialista en Lenguaje y comunicación infantojuvenil y docente de Fonoaudiología de la Universidad Andrés Bello, Victoria Aguilar, explica que a diferencia de otros trastornos, en la apraxia los errores no siguen un patrón claro. Un mismo niño puede decir una palabra correctamente una vez y equivocarse al repetirla.
“Además, suele haber dificultades en el ritmo, la entonación y la secuencia de sonidos”, describe la especialista. Esto provoca que al niño se le entienda poco, generando una barrera comunicacional persistente en su día a día.
Pasos concretos: qué hacer y cómo
La buena noticia es que existen terapias efectivas. La evidencia científica respalda intervenciones intensivas basadas en la práctica repetida y guiada. El primer paso es consultar a un especialista si se observan dificultades persistentes en el habla.
El tratamiento no ocurre solo en la consulta; la participación de la familia es fundamental. Actividades cotidianas como jugar, leer o conversar pueden transformarse en oportunidades de aprendizaje para afianzar el progreso del niño.
Advertencias y claves para el éxito
El gran desafío es detectar el trastorno a tiempo para garantizar el acceso a un tratamiento especializado. Los avances requieren constancia, y según Aguilar, “la frecuencia de las sesiones y la intervención temprana marcan una diferencia importante”.
La advertencia es clara: no subestimar las dificultades y actuar pronto. “Si un niño presenta dificultades persistentes para hablar y se le entiende poco, consultar a un especialista puede marcar un antes y un después. Cuando se trata de comunicación, intervenir a tiempo abre la puerta a nuevas oportunidades”, enfatiza la fonoaudióloga.
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