El "sicópata de Facebook": La falsa oferta laboral con que un hombre captó y extorsionó a más de 200 mujeres
“Gran oferta. Háblame para mayor información”. “Oportunidad para trabajar para mujeres entre los 17 en adelante. Pago inmediato. Pocos cupos disponibles”.
Los avisos aparecían en Facebook y ofrecían una forma aparentemente sencilla de conseguir dinero rápido. Quien estaba detrás de ellos decía ser una mujer llamada “Camila Arias”, de 26 años, estudiante de masoterapia que necesitaba fotografías para una supuesta tesis universitaria.
Pero “Camila Arias” no existía.
Detrás de ese y otros perfiles falsos estaba José Humberto Pérez Fuentealba, un hombre que operaba desde su domicilio en Talagante y que, según la investigación de la Fiscalía Oriente y la Policía de Investigaciones, llegó a atacar a más de 200 mujeres de distintas regiones del país, varias de ellas menores de edad.
La investigación permitió establecer que Pérez Fuentealba utilizaba distintos nombres femeninos, perfiles de Facebook y teléfonos de prepago para captar a sus víctimas. Una vez que obtenía las primeras fotografías, comenzaban las amenazas y extorsiones.
Su actividad delictiva se extendió durante años y ni siquiera se detuvo cuando fue encarcelado.
El pasado 10 de agosto, el Sexto Tribunal Oral en lo Penal de Santiago lo condenó a presidio perpetuo calificado, la pena más alta contemplada por el ordenamiento jurídico chileno, luego de acreditar 66 delitos.
Esta es la historia del hombre al que los investigadores terminaron llamando el “psicópata de Facebook”.
“Me pareció que era plata fácil”
Aylin Arellano tenía 18 años y cursaba cuarto medio cuando encontró uno de los avisos.
“Yo estaba en cuarto medio y andaba buscando trabajo. Me pareció que era plata fácil”, recuerda.
La persona que la contactó se presentó como una estudiante universitaria. Le explicó que estaba preparando un DVD para una tesis sobre masoterapia y que necesitaba diez fotografías para mostrar distintos puntos del cuerpo donde debían realizarse masajes.
“Me llamo Camila Arias, tengo 26 años y estudio masoterapia”, decía uno de los mensajes. A cambio de las fotografías ofrecía un pago inmediato de $100 mil.
Antes de comenzar, solicitaba nombre, edad, peso y estatura. Además, presionaba con una supuesta urgencia: “Me quedan tres cupos disponibles. Necesito una persona responsable y con disponibilidad inmediata”.
Aylin aceptó.
Las primeras solicitudes parecían coincidir con el supuesto trabajo. Pero, según relata, las exigencias fueron cambiando progresivamente.
“Desde la quinta foto en adelante eran cada vez con menos ropa. Hasta que llegó la última foto y vino la amenaza. Me mandó todos mis datos, todas mis fotos y me dijo que si no hacía lo que él quería las iba a subir”, cuenta.
La oferta laboral había sido una trampa.
Más de 200 víctimas
Las primeras denuncias contra quien todavía era un desconocido comenzaron a registrarse en 2017. Sin embargo, fue recién en 2021 cuando los investigadores comenzaron a detectar un patrón.
Denuncias que se encontraban dispersas en distintos puntos del país relataban prácticamente la misma historia: una oferta laboral, dinero rápido y fotografías para una supuesta tesis universitaria.
Después venía la extorsión.
“Logramos nosotros detectar 200 víctimas. Todas mujeres, muchas de ellas niñas menores de edad y todas muy vulnerables”, explica la fiscal regional Metropolitana Oriente, Lorena Parra.
La persecutora describe cómo el contacto inicial aparentemente inofensivo se transformaba posteriormente en una amenaza.
“De esa confianza se pasa a una amenaza, a una extorsión, y la víctima termina cometiendo en su cuerpo hechos que constituyen delito y que se le atribuyen al imputado”, señala.
La psicóloga del Instituto de Criminología de la PDI, Alejandra Troncoso, analizó el comportamiento del sujeto durante la investigación.
“Este es un sujeto bastante inteligente, ya que planifica lo que va a hacer y va aprendiendo a medida de lo que él puede ir obteniendo de las víctimas”, sostiene.
“Tienes tres minutos”
Los mensajes recuperados durante la investigación permiten dimensionar la presión a la que eran sometidas las víctimas.
El sujeto les daba instrucciones precisas y controlaba incluso la posición del teléfono, la iluminación y los movimientos que debían realizar frente a la cámara.
Cuando las mujeres se negaban, comenzaba la amenaza.
“Mándame una foto (?) ahora. Tienes tres minutos solamente. Si no me llega, te juro que subo todo. El tiempo corre desde ahora”, decía en uno de los mensajes.
En otra conversación advertía:
“Hacemos un trato o se van a tus amigos y redes sociales”.
También exigía dinero a cambio de supuestamente eliminar el material.
“El trato es este: yo pido 50.000. A cambio de borrar todo y quedas libre”.
Del otro lado aparecían la desesperación y los ruegos de las víctimas.
“Por favor. En serio, por favor. Te pago”, escribió una de ellas.
“¿Por cuánto tiempo me vas a hacer esto? ¿Por siempre?”, preguntó otra.
La fiscal de Género Glenis Sánchez recuerda que en las conversaciones “había efectivamente ruego, había llanto, había desesperación”, mientras el agresor iniciaba cuentas regresivas para aumentar la presión.
“Él simplemente contaba 10, 9, 8, dando señales claras de que iba a compartir esta información”, explica.
El error que reveló su identidad
Identificar al hombre detrás de los perfiles no fue sencillo.
Cambiaba constantemente de cuentas de Facebook, utilizaba nombres de distintas mujeres y recurría a números telefónicos de prepago.
“Con el correr de la investigación pudimos determinar que efectivamente era un hombre adulto, el cual se hacía pasar por estas mujeres. Utilizó muchos nombres de mujeres, distintos teléfonos y obviamente también utilizó muchos Facebook”, explica el comisario Daniel Gallardo, de la Brigada Investigadora de Delitos Sexuales de la PDI.
Hasta que cometió un error.
Uno de los números telefónicos utilizados permitió a los investigadores llegar hasta José Humberto Pérez Fuentealba, chileno, de 40 años al momento de su detención, soltero, de profesión obrero y sin trabajo aparente.
Vivía en Talagante.
El 30 de noviembre de 2023 la PDI llegó hasta su domicilio y lo detuvo.
Mega Investiga concurrió hasta la vivienda y logró conversar con un integrante de su familia. No quiso entregar declaraciones y aseguró que desconocían por completo las actividades que realizaba Pérez Fuentealba.
Millones de archivos
El allanamiento abrió una nueva dimensión del caso.
Desde el domicilio fueron incautados dos teléfonos celulares, dos pendrives y dos computadores.
La cantidad de información encontrada sorprendió incluso a los investigadores.
“No nos quedamos cortos al decir millones de archivos. Por lo menos en este caso fueron millones de archivos los analizados”, asegura el comisario Gallardo.
Debido al volumen de datos, la policía utilizó herramientas de inteligencia artificial para clasificar y reducir la información que debía ser revisada. Entre los contenidos detectados había desnudos, registros asociados a abuso sexual infantil y material pornográfico infantil.
Pero había algo más.
Según la Fiscalía, Pérez Fuentealba había creado una suerte de archivo de sus víctimas.
“En su computador pudimos visualizar que él tenía una clasificación de víctimas donde tenía el nombre, el número de teléfono y las distintas fotos respecto de cada una de ellas registradas”, relata la fiscal Sánchez.
El material podía permanecer guardado durante años antes de volver a ser utilizado para amenazar a una mujer.
“Había situaciones en que había pedido este trabajo en el 2021 y luego la amenaza la podía realizar en el 2022, en el 2023. Entonces, él guardaba distinto material para poder tomar contacto con estas mujeres y obtener lo que él quería”, explica la persecutora.
Fue durante la investigación cuando surgió la descripción que terminaría marcando el caso.
“Estábamos frente a un psicópata. Evidentemente sus características nos daban cuenta que esto escapaba de la lógica racional”, afirma Sánchez.
Las denuncias continuaron cuando ya estaba preso
Pérez Fuentealba quedó en prisión preventiva a fines de 2023.
Los investigadores pensaban que su detención había puesto fin a los ataques.
No fue así.
Entre marzo y mayo de 2024 se recibieron al menos nueve nuevas denuncias con el mismo modus operandi. Cuatro correspondían a menores de edad.
La pregunta era inevitable: ¿cómo podía estar ocurriendo si el sospechoso estaba encarcelado?
Una pista telefónica entregó la respuesta.
“Estando preso nos siguen llegando denuncias con el mismo modus operandi, con un teléfono. Ese teléfono se georreferencia y aparece localizado en una antena que es muy cercana al centro de reclusión de Santiago”, relata la fiscal regional Lorena Parra.
Gendarmería allanó la celda de Pérez Fuentealba.
Encontró un celular.
El teléfono fue periciado y, de acuerdo con la Fiscalía, contenía conversaciones con nuevas víctimas y solicitudes vinculadas nuevamente con el falso trabajo de masajista.
“Ese celular se le incautó, se perició y ahí se encontraron conversaciones con otras víctimas”, explica Parra.
Para Aylin, conocer que los contactos habían continuado desde prisión fue impactante.
“Me parece terrible que haya seguido contactando gente. ¿En qué tipo de cárcel estaba? Se supone que está ahí para no hacer más daño”, cuestiona.
“Me dio asco verlo”
Tras años de investigación, las víctimas debieron enfrentar un último proceso: declarar ante el tribunal y, en algunos casos, hacerlo frente al mismo hombre que las había amenazado.
“Tuve que testificar en frente de él y fue terrible verlo tan tranquilo, tan sereno, cero empatía. Me dio asco verlo”, relata Aylin.
Según la fiscal Sánchez, Pérez Fuentealba prestó declaración durante el juicio, pero realizó un reconocimiento genérico de los hechos y desconoció varias de las conductas imputadas.
Su comportamiento mientras declaraban las víctimas incluso obligó a intervenir a los persecutores.
“Al escuchar las víctimas tenía cara de burla en algunos aspectos y tuvimos que pedir la salida de él en muchos momentos para no vulnerar los derechos de la víctima”, asegura Sánchez.
Presidio perpetuo calificado
La investigación de la Fiscalía de Género de la Fiscalía Metropolitana Oriente, junto a las unidades especializadas de la PDI, terminó con una de las condenas más severas contempladas por la legislación chilena.
El pasado 10 de agosto, el Sexto Tribunal Oral en lo Penal de Santiago condenó a José Humberto Pérez Fuentealba a presidio perpetuo calificado.
Durante la lectura del fallo se enumeraron delitos de producción de material pornográfico infantil, abuso sexual, abuso sexual agravado y almacenamiento, producción y difusión de material pornográfico infantil, entre otros.
En total, el tribunal dio por acreditados 66 delitos.
La historia criminal que comenzó con avisos aparentemente inocentes en Facebook terminó revelando a un hombre que acumuló durante años fotografías, datos personales y registros de mujeres a las que utilizaba para volver a amenazarlas incluso mucho tiempo después del primer contacto.
Y cuya actividad, según estableció la investigación, ni siquiera se detuvo tras las rejas.
Ahora el Ministerio Público solicitará una medida especial de vigilancia para impedir que Pérez Fuentealba vuelva a acceder a un teléfono celular.
Una precaución que adquiere especial relevancia en un caso en que un computador y un celular bastaron para que un hombre, operando primero desde una casa en Talagante y luego desde la cárcel, pudiera llegar a víctimas repartidas por prácticamente todo Chile.
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