A más de 40 años del caso Polimetales: Estudio detecta la persistencia de metales tóxicos como plomo, zinc y arsénico en Arica

¿Qué pasó?

A más de cuatro décadas de uno de los episodios de contaminación más graves de Chile, la sombra del "Caso Polimetales" continúa sobre Arica. Un reciente estudio realizado por el Departamento de Química de la Facultad de Ciencias de la Universidad de Chile, y publicado en la revista CLEAN – Soil, Air, Water, reveló la presencia de concentraciones elevadas de metales pesados como plomo, zinc y arsénico en suelos superficiales de distintos sectores de la ciudad.

El origen de esta crisis ambiental se remonta a mediados de la década de 1980, cuando la empresa Procesadora de Metales (Promel) ingresó al país más de 20 mil toneladas de residuos mineros procedentes de Suecia bajo la falsa declaración de que eran "barros con contenidos metálicos" inofensivos para extraer oro y plata.

Los desechos tóxicos quedaron abandonados al aire libre cerca de zonas donde más tarde se construyeron viviendas (como Sica Sica, Los Industriales y Cerro Chuño), exponiendo a la población a altos niveles de arsénico, plomo y cadmio.

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Aunque durante los años 90 y 2000 se retiraron los desechos, se promulgó la Ley de Polimetales en 2012 y se ejecutaron planes de remediación y relocalización, el nuevo hallazgo demuestra que los contaminantes persisten y se han redistribuido.

Los detalles del estudio

El estudio, liderado por el académico Carlos Manzano y el químico ambiental Diego Ayala —quien creció en la zona afectada—, analizó muestras de 17 puntos estratégicos de Arica.

Los resultados mostraron una distribución desigual con focos críticos en intersecciones como Linderos con Azolas, Óscar Bonilla con Barros Arana y Luis Beretta Poncel. Los niveles máximos alcanzaron 47 mg/kg de arsénico, 487 mg/kg de plomo y 1740 mg/kg de zinc.

Según los investigadores, el clima árido y las bajas precipitaciones de Arica favorecen la conservación de estos metales en el suelo, mientras que el viento y el movimiento de tierras los redistribuyen. Aunque los focos son compatibles con el depósito original de Promel, también se suman fuentes urbanas e industriales contemporáneas.

Los autores destacan que es necesario mantener una vigilancia sanitaria y ambiental constante para proteger a las comunidades y a las nuevas generaciones.

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