Columna de Mauricio Morales: "Un gobierno antipartido"

Por Mauricio Morales, doctor en Ciencia Política, profesor titular, Universidad de Talca-Campus Santiago.

El presidente electo, José Antonio Kast, ha dado a conocer su diseño político de manera clara y contundente: Tanto en el gabinete como en las subsecretarías predominarán los independientes por sobre los partidos políticos. A nivel ministerial, como he señalado en columnas anteriores, el próximo 11 de marzo jurarán 20 ministros independientes de un total de 25 carteras. En las subsecretarías, en tanto, de las 39 anunciadas, 32 corresponden a figuras sin militancia partidaria. Incluso, considerando la existencia de un biministerio de Economía y Minería, y el hecho de que aún reste por nombrar al subsecretario de las Fuerzas Armadas, el balance general es elocuente: del total de ministros y subsecretarios, cerca del 80% son independientes.

Para dimensionar esta cifra, basta observar que el promedio de independientes en los primeros gabinetes presidenciales desde Patricio Aylwin (1990-1994) hasta Gabriel Boric (2022-2026) alcanza apenas un 21.5% en los ministerios y un 21.2% en las subsecretarías. En otras palabras, el gobierno de Kast prácticamente cuadruplica los promedios históricos de incorporación de independientes al núcleo del ejecutivo.

La única excepción relevante a esta tendencia se observa en el nombramiento de los delegados presidenciales. En este caso, la proporción de independientes llega solo al 31.3% (5 de un total de 16). Sin embargo, aquí emerge una “trampa” estadística: los delegados independientes administrarán regiones claves como la Metropolitana, Valparaíso, Maule, Araucanía y Magallanes. En términos demográficos, esto implica que 11.6 millones de personas —de un total de casi 18.5 millones según el último censo— estarán bajo la administración de un delegado presidencial independiente. Es decir, cerca del 63% de la población. Si se suma la región de Coquimbo, cuyo delegado milita actualmente en Demócratas, partido en proceso de disolución, la cifra asciende a 12.4 millones de habitantes, equivalentes al 67% del país.

Estos números reflejan con nitidez lo que podríamos denominar el “estilo Kast”. Dejar a los partidos fuera de la órbita central del gobierno —probablemente compensándolos con espacios en las secretarías regionales ministeriales— constituye una apuesta de alto riesgo. Si el gobierno muestra resultados desde el inicio, los partidos quedarán en un foso, observando desde la banca cómo los independientes capitalizan la gestión ante la opinión pública.

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En ese escenario, el efecto inmediato sería un debilitamiento aún mayor de los partidos políticos como agencias de canalización y agregación de intereses entre la ciudadanía y el estado. Kast, así, podría convertirse en el verdugo de las instituciones que hoy concentran el mayor rechazo ciudadano. Todo esto, por cierto, asumiendo que el balance inicial sea favorable al presidente.

Si ocurre lo contrario y este gabinete resulta ser de corta duración, Kast se verá forzado a volver a los partidos con la cola entre las piernas. Y mucho ojo acá. Poco se ha hablado de esto, pero recientemente entró un elefante a la cristalería. Pablo Longueira regresa a la UDI no para observar cómo su partido se sigue desmoronando, sino para tomar el control. Ya veremos qué pasa con la guerra civil en RN, pero la sola presencia de Longueira debiese alertar a la derecha respecto del rumbo que podría tomar la relación entre el gobierno y los partidos del pacto.

Por ahora, las directivas de RN y la UDI han mostrado una actitud particularmente dócil frente a Kast, explicable tanto por la amplia espalda electoral del presidente electo como por la suerte de luna de miel que aún mantiene con el electorado. Pero seamos más claros aún. A esas directivas, Kast no les tiene ningún respeto. Él mismo vio cómo Chile Vamos hizo todo lo posible para que su candidata presidencial llegara en quinto lugar. Cuando digo “todo lo posible”, lo hago de manera irónica. Me estoy refiriendo, ciertamente, a la cantidad de errores que se cometieron desde el comando de Evelyn Matthei y que llevaron, incluso, a que el presidente de la UDI anunciara a todo el país que, con la aprobación de la reforma previsional, la candidata saldría totalmente fortalecida. Sucedió todo lo contrario.

Así las cosas, Kast espera que este diseño político sea todo un éxito, aunque la historia nos muestra que, cuando dominan los independientes, los gobiernos deben someterse, más temprano que tarde, a los vilipendiados partidos políticos. Le pasó a Jorge Alessandri (1958-1964) y a Sebastián Piñera (2010-2014). ¿Por qué con Kast el resultado debiese ser diferente? En seis meses más lo sabremos.

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