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San Martín cruzó los Andes por 800 kilómetros de frente y a casi 5.000 metros: por qué su gesta superó al cruce alpino de Napoleón

La historiografía militar universal suele mencionar en el mismo aliento tres grandes travesías de cordillera: la de Aníbal en la Antigüedad, la de Napoleón Bonaparte por el paso del Gran San Bernardo en el año 1800 y la del general José de San Martín por los Andes, en enero y febrero de 1817. El análisis cuantitativo de los tres teatros de operaciones, sin embargo, entrega una conclusión menos difundida: en frente desplegado, en altitud sostenida y en autonomía logística, la gesta sanmartiniana supera con claridad a la campaña alpina francesa.

El Ejército de los Andes movilizó a 5.200 hombres, unas 10.000 mulas, 1.600 caballos y 600 reses vacunas a través de seis pasos cordilleranos distribuidos en un frente de más de 800 kilómetros. La operación se apoyó en un plan de contrainteligencia que dispersó al enemigo antes de la primera batalla y culminó el 12 de febrero de 1817, en las serranías de Chacabuco, con la liberación del centro de Chile.

800 kilómetros de frente contra 160 en los Alpes: el cuadro comparativo

Napoleón operó en 1800 sobre un frente alpino de aproximadamente 160 kilómetros. San Martín extendió sus líneas de avance a lo largo de 800 kilómetros de cordillera, es decir, cinco veces más territorio bajo mando único simultáneo.

La franja cordillerana atravesada por el ejército francés midió alrededor de 100 kilómetros de ancho. La cordillera de los Andes obligó a una travesía ininterrumpida de aproximadamente 350 kilómetros. La masa del ejército napoleónico superó cotas máximas de 2.500 metros sobre el nivel del mar; el grueso del Ejército de los Andes sorteó pasos de entre 4.500 y 5.000 metros, con el Espinacito como punto crítico a casi 4.486 msnm.

La diferencia más decisiva, sin embargo, es logística. La fuerza francesa contó con centros urbanos y valles poblados intermedios en la zona alpina que garantizaban reabastecimiento continuo de alimentos y forraje. La cordillera de los Andes ofreció un espacio despoblado, exigiendo que la totalidad de los suministros, el agua, las municiones y el forraje se transportaran desde la base de partida en Mendoza.

El Plan Continental: por qué San Martín eligió cruzar los Andes

Entre 1814 y 1816, las Provincias Unidas del Río de la Plata intentaban erradicar el poder realista atacando el Virreinato del Perú por el Alto Perú. Cada avance patriota terminaba derrotado por la complejidad del altiplano. Cada contraofensiva española sufría el mismo destino frente a las milicias irregulares. Al asumir la Gobernación Intendencia de Cuyo en agosto de 1814, San Martín concluyó que la ruta altoperuana era insostenible.

En una célebre carta a Tomás Godoy Cruz, planteó su alternativa. Proponía crear un ejército disciplinado en Mendoza, cruzar la cordillera para liberar Chile y proyectar después una fuerza anfibia por el Pacífico hasta Lima, corazón geopolítico del dominio español. Aquella hoja de ruta pasó a la historia como el Plan Continental. Tras el desastre patriota chileno en la Batalla de Rancagua, en octubre de 1814, numerosos jefes y tropas emigraron a Mendoza por el paso de Uspallata. San Martín incorporó esas fuerzas, encabezadas por Bernardo O'Higgins, y unificó ambos frentes bajo la causa independentista.

La guerra de zapa: un espía disfrazado de diplomático memorizó los pasos

Para evitar que el grueso realista lo esperara al pie de los desfiladeros, San Martín ejecutó un plan de contrainteligencia conocido como guerra de zapa. El objetivo era sembrar información falsa, fomentar insurrecciones locales y forzar al capitán general de Chile, Francisco Casimiro Marcó del Pont, a dispersar sus tropas.

El núcleo cartográfico de la operación se articuló en torno a la misión secreta del mayor José Antonio Álvarez Condarco. Con formación en ingeniería, artillería y una memoria visual extraordinaria, fue enviado a Santiago con una tarea diplomática de fachada: entregar una copia de la Declaración de la Independencia de las Provincias Unidas al gobernador Marcó del Pont. San Martín ordenó deliberadamente que cruzara por el más largo y complejo Paso de Los Patos. Un Marcó del Pont furioso mandó quemar el acta y despachó de inmediato al mensajero de regreso por el camino más corto conocido, el Paso de Uspallata. Al volver a Mendoza, Álvarez Condarco reconstruyó con precisión los mapas topográficos de ambos pasos: recursos hídricos, angosturas y pendientes críticas quedaron perfectamente documentados.

En paralelo, la red de espionaje sanmartiniana hizo circular rumores de ataques inminentes por pasos del norte y del sur. El mando español terminó fragmentado en agrupaciones inconexas desde Copiapó hasta Talca, incapaz de anticipar por dónde avanzaría la fuerza principal.

El Plumerillo: la industria de guerra que sostuvo la operación

El campamento de El Plumerillo, cerca de Mendoza, funcionó como centro de instrucción e innovación logística. Bajo la supervisión técnica del fraile franciscano y capitán de artillería Luis Beltrán, las maestranzas fundieron cañones, fabricaron armas blancas, produjeron pertrechos de ingenieros y diseñaron aditamentos especiales como puentes de maromas y anclas pequeñas de rescate para operar en abismos cordilleranos.

La sanidad militar quedó a cargo del médico inglés James Paroissien, cirujano mayor del Ejército de los Andes. Instauró protocolos de medicina preventiva y decretó la inoculación obligatoria de la vacuna antivariólica a toda la tropa, para evitar epidemias en los campamentos. Para combatir el soroche —el mal de altura sobre los 4.000 metros—, el frío extremo y la malnutrición, la jefatura diseñó una dieta de alto rendimiento calórico basada en el valdiviano, un guisado de charqui vacuno, grasa y ají, complementado con raciones de ajo, cebolla, vino y aguardiente. La delicada salud personal de San Martín —afectado por úlcera gástrica, secuelas pulmonares de una herida de guerra en España y reumatismo agudo— no impidió su conducción efectiva de la marcha.

Seis columnas simultáneas: la maniobra que fracturó al enemigo

El cruce se estructuró mediante un despliegue sincronizado a través de seis pasos cordilleranos. La fuerza se dividió en dos escalones. Un núcleo principal, con dos columnas destinadas a converger en el valle del Aconcagua y asestar el golpe decisivo. Y un escalón secundario, formado por cuatro columnas menores, con la misión de tomar puntos estratégicos periféricos, alentar el levantamiento local y fijar unidades realistas.

El grueso avanzó por el Paso de Los Patos bajo el mando directo de San Martín, con vanguardia a cargo del brigadier Miguel Estanislao Soler y centro conducido por Bernardo O'Higgins. La columna del teniente coronel Juan Gregorio de Las Heras transportó por Uspallata el parque pesado de artillería. En los extremos, las columnas de Juan Manuel Cabot tomaron La Serena y Coquimbo; la de Francisco Zelada ocupó Copiapó sin resistencia; la de José León Lemos atacó el Cajón del Maipo para simular una entrada masiva por el sur; y la de Ramón Freire tomó Talca y Curicó, impidiendo la convergencia de las reservas realistas hacia el norte.

Chacabuco: 12 muertos patriotas contra 500 realistas

Entre el 8 y el 11 de febrero, las columnas principales completaron su reunión en el campamento de Curimón. La maniobra de decepción había funcionado: Marcó del Pont conservaba sus tropas fragmentadas y desorientadas. El mando realista envió apuradamente unos 2.500 hombres al mando del brigadier Rafael Maroto para interceptar el descenso patriota en la Cuesta de Chacabuco, a 55 kilómetros al norte de Santiago.

En la mañana del 12 de febrero de 1817, la División de la Izquierda, con unos 1.400 hombres al mando de O'Higgins, tomó contacto con la línea realista. Ante el repliegue de Maroto hacia posiciones más altas, O'Higgins emprendió un ataque frontal antes de que la División de la Derecha —2.000 hombres bajo Soler— alcanzara el punto asignado por el flanco occidental. La resistencia del Regimiento Talavera forzó a San Martín a acelerar el avance de la reserva y a impulsar una carga del Regimiento de Granaderos a Caballo. Cuando Soler finalmente desembocó por los cerros sobre el flanco enemigo, la línea española se desarticuló.

El resultado final del enfrentamiento habla por sí solo. El Ejército de los Andes tuvo 12 muertos y 120 heridos. El Ejército Real de Chile sufrió 500 muertos, unos 170 heridos o dispersos y 600 soldados y 32 oficiales capturados como prisioneros de guerra. El 14 de febrero de 1817, el Ejército de los Andes entró triunfal en Santiago. Terminaba el periodo de la Reconquista española e iniciaba la fase de la Patria Nueva, con Bernardo O'Higgins asumiendo como director supremo de la nueva república.

Una gesta continental que no terminó en Chacabuco

La victoria en Chacabuco fue solo el cumplimiento de la primera fase del Plan Continental. La consolidación posterior en los llanos de Maipú, en 1818, aseguró la independencia chilena y aportó la base territorial y económica para la creación de la Escuadra Nacional Chilena y el embarque de la Expedición Libertadora del Perú. La estrategia sanmartiniana probó que la libertad de las naciones sudamericanas dependía de una acción compartida y de la proyección del poder militar a escala continental.

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