Logo Mega

Este aviso se cerrará en segundos

Filas de 30 minutos, el AutoMac y los PlayLands: la llegada de McDonald's a Chile hace 35 años y qué queda del primer local

El lunes 19 de noviembre de 1990, una fila de personas se extendía a lo largo de la vereda de la avenida Presidente Kennedy 5055, en pleno corazón comercial de la comuna santiaguina de Las Condes. Los primeros habían llegado antes de que abrieran las puertas, y no querían quedarse afuera del que iba a ser uno de los estrenos comerciales más comentados de todo el año en Chile: la apertura del primer restaurante de McDonald's en el país.

La escena que se repitió durante días —filas de espera que llegaban a los 30 minutos para hacer un pedido en el mostrador— hoy suena curiosa. En 2026, con más de 100 locales de la cadena distribuidos en 17 ciudades chilenas, con un McDonald's en cada mall importante y con la posibilidad de pedir a domicilio en menos de media hora desde el teléfono, cuesta imaginar que una hamburguesa haya sido en algún momento una novedad para la que la gente hacía cola bajo el sol.

Ir a la siguiente nota

Pero lo fue. Y no solo la hamburguesa. También lo fueron dos conceptos que aquel primer local de la avenida Kennedy introdujo por primera vez en el país y que hoy son parte natural del paisaje urbano chileno: el AutoMac y el PlayLand. Este es el relato de cómo llegó McDonald's a Chile hace 35 años, y qué queda hoy de aquella sucursal que empezó todo.

Un desembarco en pleno inicio de la transición democrática

La llegada de McDonald's a Chile no fue casual ni azarosa. Ocurrió en un momento muy específico de la historia del país: el primer año de la transición democrática, tras el fin del régimen militar en marzo de 1990 y el inicio del gobierno de Patricio Aylwin. Fue un periodo caracterizado por la apertura económica, la atracción activa de inversión extranjera directa y la consolidación de un modelo de mercado volcado al consumo internacional.

Hasta ese momento, el concepto de comida rápida estandarizada a gran escala era prácticamente inexistente en la cultura urbana chilena. Existían las fuentes de soda, los completos, los sandwich clásicos del schop porteño, algunas cadenas locales de pollo asado. Pero la idea de una hamburguesa industrializada, ensamblada bajo protocolos idénticos en cualquier parte del mundo, servida en menos de dos minutos y consumida en un ambiente diseñado corporativamente, era literalmente una novedad. La prensa de la época lo registró con espacio destacado: el diario El Mercurio cubrió la apertura mediante anuncios en sus páginas comerciales, y diarios de alta circulación popular como La Cuarta informaron en detalle sobre la llegada de la mayor cadena global de comida rápida al mercado local.

Por qué el primer local se abrió justo en avenida Kennedy

La ubicación de la primera sucursal no fue producto del azar. La compañía realizó un análisis deliberado del perfil socioeconómico de las distintas zonas de Santiago antes de escoger el emplazamiento. La avenida Presidente Kennedy en el sector oriente concentraba a los segmentos de mayores ingresos de la capital y a los llamados early adopters, consumidores dispuestos a adoptar tempranamente productos nuevos y a incorporar pautas de consumo internacionalizadas.

Además, la ubicación estaba estratégicamente próxima a importantes ejes viales y centros comerciales emergentes, entre ellos el flamante Parque Arauco, que ya funcionaba como uno de los mall más importantes del oriente santiaguino. La combinación de flujo vehicular alto, público de alto poder adquisitivo y cercanía a un mall consolidado convirtió a la esquina de Kennedy 5055 en una plataforma de prueba perfecta para validar el modelo antes de expandir hacia comunas de perfil más masivo y hacia el resto del país.

Las dos novedades que Chile no había visto antes: el AutoMac y el PlayLand

Aquel primer local no llegó solo con hamburguesas y papas fritas. Trajo dos formatos operativos completamente inéditos para el consumidor chileno.

El primero fue el AutoMac, la adaptación local del sistema norteamericano de atención en vehículo (drive-thru). El servicio permitía al cliente realizar su pedido a través de una ventanilla exterior, pagar y retirar los alimentos sin bajarse del auto. El concepto encajaba perfectamente con el crecimiento urbano de Santiago en la década de 1990, que registraba un aumento sostenido en la tasa de motorización privada. Poder comer sin salir del auto, sin buscar estacionamiento y sin dedicar más de cinco minutos al proceso completo era una lógica operativa que los chilenos simplemente no conocían.

El segundo fue el PlayLand, el área infantil equipada con estructuras de juegos tubulares, toboganes y zonas recreativas integradas al local. Antes de McDonald's, ir a comer con niños significaba ir a un restaurante donde los niños tenían que quedarse quietos en la silla. La incorporación del PlayLand cambió por completo esa lógica: la visita al restaurante se transformó en una actividad de entretenimiento, especialmente durante los fines de semana. La combinación del PlayLand con la Cajita Feliz —el menú infantil con juguete de regalo— consolidó desde el primer momento una estrategia comercial que se convertiría en el sello de la marca durante las tres décadas siguientes: fidelizar a los niños para que después, ya adultos, siguieran consumiendo.

El impacto inmediato: filas de 30 minutos durante meses

Los reportes de la época consignaron un fenómeno de expectación sostenida que la cadena no esperaba con esa magnitud. Durante los primeros meses, las filas de espera promedio para acceder al mostrador alcanzaban los 30 minutos. Los sábados y domingos los tiempos podían ser incluso mayores.

Familias completas viajaban desde comunas alejadas específicamente para conocer el local. La escena se volvió parte de la cultura popular santiaguina de comienzos de los noventa: hacer la fila para pedir una Big Mac, sacar una foto frente al arco dorado, dejar a los niños en el PlayLand mientras los padres comían. Para muchos chilenos que hoy tienen entre 40 y 55 años, ese primer McDonald's marcó su infancia o adolescencia como un antes y un después del consumo urbano.

La expansión: de un local a cien en menos de tres décadas

El éxito del primer local en Kennedy convenció a la operación de acelerar la expansión. En 1991, apenas meses después, se inauguraron dos locales adicionales en la Región Metropolitana: uno en La Florida, cubriendo el sector sur de la capital, y otro en el Paseo Ahumada, en el centro histórico de Santiago. La llegada al centro capitalino demostró que el modelo también funcionaba capturando flujos peatonales masivos en zonas comerciales urbanas de alta densidad, no solo consumidores automovilizados del oriente.

En 1992 comenzó la descentralización regional con las aperturas de Viña del Mar y Rancagua. Y en 1997 la marca cruzó definitivamente hacia el sur del país con la inauguración de su primer local en Temuco.

La expansión continuó de forma sostenida durante las décadas siguientes hasta alcanzar un hito importante en marzo de 2024: la apertura del restaurante número 100 en la ciudad de Copiapó, que además marcó la primera presencia de la marca en la Región de Atacama. Y en 2025 la red llegó a las 109 unidades con la apertura del local de Macul en la Región Metropolitana, un establecimiento construido con tecnología modular sustentable de ocho bloques.

En términos laborales, McDonald's se convirtió en uno de los principales empleadores de jóvenes chilenos. La cadena reporta que desde 1990 ha generado oportunidades de primer empleo para más de 80.000 personas en Chile, y mantiene hoy una fuerza laboral activa de más de 10.000 colaboradores a nivel nacional. La operación de la marca en Chile —y en toda la región— está a cargo de Arcos Dorados, la franquicia independiente de McDonald's más grande del mundo.

Qué queda hoy del primer local: la remodelación de 2020

El edificio original de Kennedy 5055 no es hoy el mismo que abrió sus puertas en 1990. Al cumplirse tres décadas de aquella apertura histórica, la operadora ejecutó una transformación completa del local. En octubre de 2020 se pausaron las operaciones del edificio construido en 1990 para iniciar un proceso de reingeniería estructural y tecnológica, y en noviembre del mismo año la sucursal reabrió sus puertas convertida en un establecimiento insignia bajo el estándar internacional conocido como "Experiencia del Futuro".

El local remodelado tiene hoy características muy distintas al original. Cuenta con 820 metros cuadrados de espacio optimizado, capacidad para más de 240 personas simultáneas, diez quioscos digitales de autoatención con pantallas táctiles interactivas para personalizar pedidos y pagar de forma electrónica, un AutoMac de doble carril para agilizar el flujo vehicular, y una estación de carga para vehículos eléctricos. También suma un McCafé, servicio de Pide y Retira, integración con la aplicación móvil corporativa y el sistema de despacho McDelivery.

Del PlayLand original tampoco quedó demasiado. La zona infantil se rediseñó por completo bajo el concepto PlaySpace, que hoy es el más amplio del país y responde a estándares de seguridad e inclusión que en 1990 simplemente no existían.

Los tótems digitales de autoatención reemplazaron a las cajas registradoras tradicionales donde en 1990 los chilenos hacían cola durante media hora. Ya no hay filas. La logística es completamente distinta. Y el edificio, aunque conserva la dirección original —Kennedy 5055—, tiene una apariencia arquitectónica que poco recuerda al local pionero de comienzos de los noventa.

La marca se reinventó, pero la memoria sigue ahí

La sucursal de la avenida Kennedy funciona hoy como el centro de pruebas tecnológicas de la cadena para todo Chile. Las soluciones que se testean allí —autoatención, doble carril de drive-thru, integración con delivery, carga eléctrica, sustentabilidad ambiental— se despliegan después progresivamente en la red nacional. Es, en cierto sentido, el mismo rol que cumplió en 1990: ser el laboratorio donde se prueba qué funciona en Chile antes de escalar a otros locales.

En noviembre de 2025 —al cumplirse 35 años de la apertura original— la operadora Arcos Dorados marcó el aniversario con actividades corporativas, iniciativas de integración comunitaria y hasta una edición limitada de la tarjeta Bip! ilustrada con iconografía urbana de la marca.

Los tiempos han cambiado. La primera Big Mac que se sirvió en Chile aquella mañana del 19 de noviembre de 1990 tenía casi el doble de sodio que la que se sirve hoy. Los envases de plástico de un solo uso se han eliminado en un 99%. Los aceites usados se reciclan para elaborar biodiésel. La Cajita Feliz redujo sustancialmente sus contenidos de sodio, azúcares añadidos y grasas saturadas, e incorporó porciones de fruta fresca y lácteos.

Pero para los chilenos que estuvieron en aquella primera fila de 1990 —o cuyos padres los llevaron por primera vez a jugar en el PlayLand original— la esquina de Avenida Kennedy con Rosario Norte sigue siendo, después de 35 años, el lugar donde algo cambió en la manera de comer en Chile.

Leer más de